DIDÁCTICA COMO ESTRATEGIA PARA EL APRENDIZAJE GRUPAL / Oscar Santiago Brichetto
El presente trabajo es un desarrollo de las ideas pedagógicas del Dr.
Enrique Pichon-Riviére para la formación de operadores en los ámbitos
psico-social, socio-dinámico, institucionales y comunitarios.
El
modelo teórico que desarrolló Pichon Riviére configura un ECRO, Esquema
Conceptual Referencial y Operativo, de máxima generalización y
abstracción de los fenómenos observados (el sujeto y su relación con los
grupos, el sujeto producido en los grupos); de él se derivan y generan
conceptos acerca del aprendizaje y sus condiciones.
Llamamos
ámbito, siguiendo al Dr. José Bleger ("Psicología de la conducta") a
la extensión o amplitud con la cual se estudia un fenómeno o suceso
humano. Un conjunto de elementos puede ser tomado para su estudio con
una amplitud variable, aunque todos ellos estén íntimamente
relacionados.
Ámbito psico-social: Es aquel en el que se estudia
a un solo individuo en sus conductas mentales, corporales y sociales,
su relación con los demás (sus vínculos) y la organización de su mundo
interno.
Ámbito socio-dinámico: La investigación se focaliza en el grupo tomado como unidad de análisis.
Ámbito institucional: La relación de los grupos entre si y las normas
persistentes que regulan la interacción configuran instituciones.
Ámbito comunitario: Se refiere a las relaciones de las instituciones, los grupos cercanos y lejanos, la comunidad toda.
Llamo operador de un ámbito a aquel investigador y profesional de la
conducta que realiza las operaciones adecuadas para concretar en el
campo específico para el que fue contratado, los objetivos buscados.
Esta tarea se realiza como un proceso de intervenciones, que
Pichón-Riviére denomina Proceso Corrector.
La formación de operadores resulta de una estrategia que responde a una concepción:
a) del aprendizaje.
b) de la didáctica.
c) del conocimiento.
d) del sujeto producido.
e) de la tarea.
La didáctica es una estrategia centrada en la resolución y remoción del
obstáculo para el aprendizaje, destinada no solo a comunicar
conocimientos (información), sino básicamente a desarrollar aptitudes
(habilidades) y modificar actitudes ante el cambio (formación) que
permitan adaptarse activamente a situaciones nuevas y elaborar la
resistencia al cambio en los ámbitos en que desarrolla su tarea. La
tarea a realizar implica la adquisición y el desarrollo de la capacidad
de resolver problemas.
La reflexión sobre la formación de
operadores implica una crítica (análisis-síntesis) de las
contradicciones que se presentan en las condiciones de la tarea, en la
forma con la que el proceso se da.
Entendemos a la estrategia como la concepción global del fenómeno o problema, concepción que determina una forma de acción.
Dice el diccionario: (Estrategia) "Arte de dirigir las operaciones
militares"; figurativamente: "habilidad, destreza, pericia para dirigir
un asunto".
En el ECRO llamamos táctica a las operaciones que se
realizan de acuerdo con los principios estratégicos. Al proceso, lo
vamos a instrumentar de acuerdo a cómo lo entendamos y de dónde hayamos
partido.
Estos principios se orientan a la consecución de los
objetivos contractuales, el contrato entre la institución y los que se
acercan a ella, con procedimientos y metas concretos, especificados
previamente desde la institución y sus alumnos.
Desde la
institución formadora se ofrece una teoría y una práctica sobre
conocimiento, actitudes y aptitudes a desarrollar en el Enseñaje. Desde
los participantes una experiencia vital, la aceptación (formal por lo
menos) del encuadre v de los objetivos y conocimientos, actitudes y
aptitudes para realizar el proceso de enseñaje y afiliarse a la
experiencia.
Las dos partes, operadores y participantes, teoría y
conocimientos aportados por los operadores y teoría y conocimientos
aportados por los participantes, se encuentran en un punto (cambiante
permanentemente) que podemos llamar "click" del mutuo enseñaje (que para
nosotros significa punto de acuerdo, de resolución) y se encuentran
configurando progresivamente un sistema donde se da el enseñar y el
aprender, o sea, el enseñaje, neologismo que Pichón-Riviere acuña
tomando el comienzo de la palabra castellana:
Enseña / nza
Y la ultima silaba de
Aprendiza / je
Se construye así un sistema de manera progresiva, con la información y
presencia del docente, las reuniones grupales, la lectura de lo
emergente por parte de los coordinadores y observadores y el control con
el co-pensor, desde donde se van elaborando un conjunto de normas y
pautas sobre las instituidas en el contrato que regula la interacción
para producir aprendizaje, creatividad, adaptación activa.
UNIDAD DEL ENSEÑAR-APRENDER.
Enseñar y aprender se dan dentro de un mismo marco de trabajo,
configurando una situación en la que para entender las condiciones de
operatividad de uno hay que hacer referencia al otro. Para entender lo
que es enseñar, hay que hacer referencia al aprender y viceversa. El
docente tradicional, al transmitir información lo hace de manera
unidireccional: en la didáctica operativa la posibilidad de efectivizar
el acto de enseñar sólo se da cuando se conocen las condiciones del
aprender. Es una relación funcional, la relación se va organizando y
modificando en el trabajo concreto, con los ajustes mutuos, por la
complementariedad de roles (que es la antinomia de la suplementariedad).
Complementariedad, realizar junto con.
Suplementariedad: realizar en lugar del otro.
El aprendizaje es un proceso de apropiación realizado por los dos protagonistas.
Un sistema, siguiendo a E. Enriquez, "Próblematique du Changement", Conexión 1972, sería:
"Llamaremos sistema a todo conjunto de órganos diferenciados o
compuestos por una variedad de componentes conectados entre sí que
poseen fronteras reconocibles que pueden mantener identidad y coherencia
a través de las modificaciones que sufre y que es en consecuencia capaz
de homeostasis". Es decir de regulación mutua de las partes que lo
componen.
Se configura un sistema dentro del cual diferenciamos un encuadre y un proceso.
Encuadre, como los factores que se mantienen fijos, constantes, para
que se puedan dar los cambios y movimientos que significa el proceso de
los factores variables.
Los factores que se mantienen constantes son:
— una clase teórica.
— reunión del grupo operativo con un observador y un coordinador.
—reunión del observador con el coordinador.
— reunión de los coordinadores con un control que llamamos co-pensor.
— nueva clase con lectura de los emergentes con información.
— el equipo observador-coordinador en todo un curso o periodo de trabajo (año, cuatrimestre, fin de semana o semana).
— el co-pensor y el responsable del curso.
— el lugar de trabajo para las clases y grupos.
Estos factores se reiteran como marco o encuadre para poder realizar lo
que no es repetible, el proceso de producción, de creación.
En
este contexto teórico aparece la didáctica como la instrumentación real
de las condiciones concretas para realizar la tarea de aprender, el
aparato espacializado dentro del cual se va a dar el enseñaje.
Cada jornada de trabajo comienza con la clase teórica, porque ésta
cumple, además de los objetivos informativos y potencializadores, la
función de relacionante y asociativa, conectando la producción realizada
en las reuniones anteriores con el nuevo tema y lo producido en los
grupos y equipos.
DIDÁCTICA DE EMERGENTES.
Esta función
relacionante caracteriza a la didáctica operativa como de emergentes. Un
emergente es una estructura compleja, particular del sistema, que surge
en el trabajo de una unidad conceptual, una habilidad o una actitud que
provoca respuestas emocionales que se instrumentan en formas
específicas de acción para ese momento de la tarea. Un emergente incluye
lo pensado, lo sentido y lo hecho y es un punto de convergencia de
estos tres elementos. Cuando un hecho relacionado con el grupo, la clase
o los equipos se concreta, se recorta y se lo puede nombrar, estamos en
presencia de lo emergente. Pero el emergente no puede ser leído solo
desde lo manifiesto (en su calidad de signo), sino que nos remite a los
niveles latentes.
La lectura de los emergentes se integra en un
sistema de retroalimentación. En la clase, en las interpretaciones que
realizan los coordinadores, en las observaciones y en los controles.
Significa retomar las dificultades y los logros, recuperar lo que se
produce interconectándolo. Lo emergente es lo que va surgiendo en
cualquiera de los elementos del sistema, que es signo de la situación y
estado del proceso de enseñanza-aprendizaje.
La didáctica es,
desde esta perspectiva, una estructuración previa, pero además, es un
estructurando, una Gestaltung más que una Gestalt, paralela al proceso
que se desarrolla. En la experiencia se reactualizan las condiciones de
creación del encuadre, se reinventa la estrategia para llegar al
objetivo. Este es el único criterio de verdad desde el ECRO: el de
operatividad.
También este criterio interviene en la evaluación
del proceso, del encuadre como sistema y del desempeño de los docentes,
equipos de observación, coordinación y participantes, así como en la
evaluación del desarrollo y creación de conceptos, modelos o teorías.
No se evalúa en términos éticos, axiológicos, metafísicos y artísticos,
en si es "buena" o "mala", aunque es lo que sucede muy frecuentemente.
La emergencia de pautas de conducta valorativas en la relación con el
mundo, previas a la experiencia, la personificación de la relación con
la información o con el docente que la da, facilita la proyección de
fantasías cargadas de valores; criterios cuantitativos, "cuánto dio" o
"dio con todo" haciendo referencia a conceptos, contenidos o
esclarecimientos vividos como sádicos o realmente violentos y fuera de
tiempo; o cualquier actitud tendiente a la admiración o la denigración
de la clase como reflejo de la resonancia interna de la información, que
debe ser analizada y esclarecida pues refleja una actitud divalente,
donde lo bueno y lo malo se dan disociados.
La reflexión crítica
del material, acercará los términos de dicha disociación pasando a una
posición ambivalente simultánea y coexistente. Dicha reflexión se
realiza en la clase, en los grupos, en los equipos de
observación-coordinación, en los controles y en la devolución al docente
para la preparación de la próxima clase.
La información opera,
dentro de la estrategia, aumentando la conciencia sobre los fenómenos
comprometidos y significativos. Además, focaliza la atención sobre
sectores de conocimiento que se privilegian de acuerdo a los objetivos.
Esta focalización es el resultado de la interacción de docentes y
participantes, porque los docentes trasmiten unidades conceptuales
teóricas del esquema básico y responden desde la teoría a inquietudes
surgidas en los grupos.
La información es así la resultante de la interacción que se realiza en todo el sistema.
Pero además, la información permite comprender a los participantes la
naturaleza del proceso que vienen desarrollando. Adema de ingresar "de
afuera" información al sistema, en la clase se leen desde el modelo
teórico las situaciones que se producen al vivir la experiencia grupal y
que permiten a los participantes y docentes comprenderse como hombres
en situación y esclarecer sus necesidades. Es decir, las propias
condiciones del modelo utilizado. Importa lo que se aprende y cómo se
aprende. Es la relación permanente que se da entre la forma y el
contenido.
La clase da cuenta de los fenómenos que se están
configurando, en factores constantes y variables; ejemplo: situaciones
grupales de los coordinadores, de la clase, etc. Pero la selección de
los contenidos se realiza de acuerdo con los objetivos generales y
situacionales. La clase es la resultante, decía, de la teoría general
sobre el enseñaje, la información pertinente del día y la lectura de la
producción realizada en los grupos. El esquema de información a
transmitir es coherente con la estrategia, con el encuadre y con el
estado emocional de los participantes y equipos.
EL DOCENTE.
Es un operador que actúa como integrante del sistema y formula
señalamientos, interpretaciones sobre los obstáculos que emergen en el
sistema, enriqueciéndolo con la trasmisión de información teórica. Hay
asimetría en el rol, pero no jerarquía. Indica tareas pero no las
distribuye, las ayuda a realizar con la información que da en la clase.
Recibe las sugerencias de los participantes y ayuda a realizar las que
ellos mismos se fijan. Cuida que no se refuercen los mecanismos de
dependencia hacia la clase, no sustituyendo la experiencia que pudieran
tener los participantes por sí mismos. Realiza una tarea complementaria
pero no suplementaria, al indicar fuentes de información y bibliografías
tentativas. El docente con los coordinadores regula y potencializa el
proceso de enseñaje, ajustando con sus mensajes y meta-mensajes, la
productividad del sistema, en relación con los montos operativos de
ansiedad, para que ella sea un incentivo en la tarea y no un factor de
paralización.
Por sobre todo debe haber vivido, él mismo, la
experiencia del proceso y la instalación del encuadre grupal, para
comprender lo que significa el descentramiento de sí y el aprendizaje
con el otro. Haber pasado de mirarse "el ombligo" a mirar el del otro y
juntos entender el sentido de la situación que los engloba al
encontrarlo y poder conceptualizar a nivel teórico sobre lo que
significa el descubrimiento y la creación.
CONDICIONES ESPACIALES Y TEMPORALES.
El espacio se organiza en un aula grande, de capacidad para todos los
participantes, y aulas pequeñas, aparte, para los grupos. La
distribución de las sillas en el aula grande es la tradicional en el
aprendizaje académico. Un escritorio, pizarra y micrófono. En las aulas
pequeñas las sillas ubicadas, en círculo, una junto a la otra para los
integrantes, el observador y el coordinador.
El tiempo de
trabajo es de una hora de clase teórica y a continuación una hora y
media para el grupo, una vez por semana o más según los objetivos. Las
reuniones se extienden a casi el doble de las clases comunes en nuestro
país. Pensaba el Dr. Pichón-Riviére que el tiempo de trabajo grupal
debía permitir que emergieran las defensas para operar sobre ellas y
permitir correlativamente organizar y reforzar las técnicas de
adaptación activa o técnicas del yo. Las clases de 40-50 ó 60 minutos
concluyen justamente cuando los obstáculos empiezan a evidenciarse,
constituyéndose, como encuadre, en aliadas de la resistencia.
El
modelo también puede aplicarse en la realización de experiencias de
aprendizaje de fines de semana, semana o días completos.
Aunque
el modelo se puede aplicar en experiencias matinales, vespertinas o
nocturnas, se prefiere el trabajo nocturno porque facilita el
acercamiento de la realidad a la fantasía. Enrique Pichon-Riviére
desarrolla como factor de enfermedad la distorsión y distancia entre la
fantasía y la realidad. Es en horarios vespertinos o nocturnos cuando
los personajes imaginarios, fantasmáticos, pueden enriquecer, con una
correcta lectura, la creatividad grupal e individual, así como permite
operar mejor con las resistencias al cambio y las defensas para una
lectura de la realidad.
No es contradictorio postular la
emergencia de los personajes internos proyectados (reencuentros) con una
lectura correcta de la realidad (encuentro). Todo encuentro es un
reencuentro que debe ser decodificado.
LA CLASE.
La
clase teórica trasmite información a los participantes y a los equipos
de observación-coordinación que también la escuchan. Como en el modelo
tradicional se trasmite información que responde a un programa básico
confeccionado de acuerdo con los principios de la didáctica de Núcleo
Básico. Hay un esquema a trasmitir de conocimiento, que variará de
acuerdo con la aplicación que se realice del modelo, sobre el sujeto,
los grupos, las instituciones o la comunidad; además de conocimientos
sobre habilidades o actitudes. En este sentido es la información
necesaria para desarrollar aptitudes, actitudes o estructuras
cognitivas. También para rectificar o ratificar el conocimiento sobre la
realidad o el sector de ella que originó el contrato.
El
criterio de operatividad es el que se aplica para evaluar la marcha del
proceso, teniendo en cuenta los objetivos contractuales, el nivel de
maduración y desarrollo del sistema (de los participantes y de los
docentes) y los recursos logísticos con los que se cuenta. Desde esta
perspectiva la clase puede ser facilitadora u obstaculizadora. De
cualquier manera, los grupos luego realizarán la tarea abordándola
conceptualmente, dramatizándola, o negándola, pero la evaluación se
realizará por la capacidad de movilizar al sistema, de ponerlo en
movimiento.
No podemos concebir la didáctica como una serie de
enunciados previos a la experiencia, porque pueden llevar al ritualismo
de la repetición. La crítica de la propia producción se desarrolla junto
con los contenidos a trasmitir. La información se organiza desde los
conceptos más generales y abstractos a los más concretos e inmediatos
respondiendo al Plan de Núcleo Básico.
NÚCLEO BÁSICO.
La
técnica moderna está modificando las condiciones de producción. La
cultura sufre sus efectos, provocando cambios rápidos y profundos.
Cambios que se observan en la población, en la economía, en las
costumbres, en el uso de los recursos naturales, en los medios de
comunicación e información. Estas transformaciones plantean un desafío a
la educación que desconoce la naturaleza de la sociedad y el mundo del
futuro de los alumnos a los que forma. La escuela tradicional responde
al modelo autoritario descripto por el Dr. Enrique Pichon-Riviere como
"la letra con sangre entra", que consistía en la recitación de textos
memorizados. De esta manera lo que en realidad se enseña y se aprende es
el estereotipo, lo dilemático.
La didáctica operativa toma del
Núcleo Básico los postulados referentes a la capacitación para resolver
situaciones nuevas del presente y del futuro. A esta capacitación no la
considera innata, sino adquirible. También considera, como la didáctica
del Núcleo Básico, la supresión de los departamentos o materias
organizadas según un criterio lógico.
Adopta la modalidad de curso
único, ubicando la selección de contenidos de acuerdo a lo emergente en
el sistema. También comparte la propuesta de confeccionar el plan de
estudio basándose en la resolución de situaciones problemáticas. Dentro
del trabajo se consideran:
a) Ia necesidad y el desarrollo de la capacidad para abordar lo nuevo en general.
b) el desarrollo especial y heterogéneo que requiere una comunidad, aprendizajes que respondan a los intereses personales.
a) Lo instrumenta aportando un esquema conceptual amplio, generalizador
de la realidad, que resulta él mismo una generalización, una visión de
la realidad, pero que permite como instrumento realizar las operaciones
de comprensión y acción en nuevas situaciones. Permite la transferencia
de aprendizajes a nuevas situaciones.
b) Creando el ámbito
para que se desarrollen las iniciativas, las propuestas, los enfoques y
las actividades que concretan aptitudes especiales diferentes (que
respondan a intereses individuales) y actitudes heterogéneas.
Este aporte de la didáctica de núcleo básico es convergente con aportes
de Gastón Bachelard en relación al concepto científico, en lo referente a
los requisitos que éste debe llenar:
a) suficiente generalización, como abstracción que permita la comprensión de un sector de la realidad
b) especificidad para que dé cuenta de aquello que requiere explicar, describir o señalar.
Anteriormente me referí a situaciones dilemáticas y problemáticas. La
didáctica operativa intenta transformar las primeras en las segundas.
DILEMAS Y PROBLEMAS.
La lógica tradicional presenta al dilema como una proposición, una
afirmación que es comparada con una segunda, de tal manera que si una es
verdadera la otra es falsa. También se afirma que es la oposición de
dos tesis, donde necesariamente una es falsa. Si estudiamos la
estructura de los dilemas vemos que son una disyunción. Una disyunción
exclusiva tiene una conectiva que relaciona y conecta la primera idea
con la segunda. En castellano es la partícula O, el esquema es "p ó q",
pudiendo dar a las variables cualquier valor. Los dilemas incluirían
disyunciones exclusivas, de integración irreconciliable, como aparece en
el clásico ejemplo de Protágoras.
Evatlo era un discípulo de Protágoras que dijo a su maestro que le enseñara a ganar pleitos.
Protágoras acepta, pero fijan un contrato en el cual se especifica que
el pago se va a efectuar en un 50% al terminar el proceso y el 50%
restante cuando Evatlo ganara el primer pleito. Si perdía el primer
pleito la deuda quedaría saldada. Pasa el tiempo y como Protágoras no
recibe su segundo 50% se comunica con su ex discípulo.
Le dice
"puedo ganar o perder el pleito (en el caso de que para cobrar tuviera
que hacerle un pleito), si lo gano tienes que pagarme porque así lo
dispondría el Juez. Si lo pierdo tienes que pagarme, porque así lo
habíamos estipulado, cuando ganaras el primer pleito.
El
ex-discípulo le contesta "puedo ganar el pleito ó perderlo. Si lo gano
no tengo que pagarte porque así lo dispuso el Juez. Si lo pierdo no
tengo que pagarte porque así lo hemos estipulado".
Un dilema es
para nosotros una situación grupal donde se afirma y se niega aquello
que se ha afirmado, de tal manera que el sistema repite respuestas,
intentando encontrar salidas, pero los argumentos se reiteran de un
sector a otro de manera que las posibilidades de resolución se van
limitando.
Las situaciones dilemáticas llevan a una paralización
y al empobrecimiento de la producción del sistema. Lo dilemático
aparece como resistencia al cambio configurando una situación circular.
Cada parte siente que posee la verdad, no pudiendo resolver el
estereotipo.
El sistema resuelve el pasaje del dilema a un problema, con la intervención del operador (coordinador o docente).
Llamamos problema a la proposición encaminada a averiguar el modo de
obtener el resultado cuando se conocen los factores que están en juego,
pueden ser:
a) determinados: puede haber una solución o un número especifico de soluciones.
b) indeterminados: un número indefinido de soluciones.
En el trabajo grupal las situaciones dilemáticas son signo de la
emergencia de una disociación en los términos del conflicto y una
dificultad para la integración del objeto de conocimiento. La
transformación en situación problemática se produce por la intervención
del operador, quien tiene la tarea de explicitar a aquellos elementos
que contemplan los dos polos de la contradicción pero que se incluyen en
una nueva proposición. Esto es una interpretación de los hechos, que es
una posibilidad que contempla a las que se estaban dando, las integra,
las supera y las resuelve.
Las transformaciones deseadas se
realizan en la unidad de tarea (enseñar-aprender) por los protagonistas
del proceso (los operadores y el sujeto participante).
DIDÁCTICA PROCESAL.
Un proceso es una secuencia de hechos, de acontecimientos, donde hay:
a) una sucesión de contenidos, de experiencias, de situaciones;
b) una relación causal múltiple entre cada una de éstas, a veces
observable como encadenamiento reconstruible secuencial, con relaciones
de antecedentes-consecuente. De causalidad no lineal, sino pluricausal.
En el proceso se va dando una progresiva inclusión de lo que va
sucediendo, se va integrando multidimensionalmente (en lo
interno-externo-individuo-grupo-institución, etc.), pero esos múltiples
espacios que se interconectan lo hacen en un tiempo que permite realizar
los logros o no. Es el capítulo de las investigaciones del aprendizaje
ligadas al tiempo necesario para la resolución del conflicto que plantea
el aprender.
PROCESO HETEROGÉNEO.
Los grupos de
participantes, los equipos de coordinación-observación y los docentes
provienen de carreras y profesiones diferentes, con formación previa
heterogénea; ésta permite que cada integrante del sistema aborde la
información, recibida en común (clase o consignas), aportando un
conocimiento y un enfoque vinculado a sus experiencias.
Dice
Pichon-Riviere que el objetivo estratégico de la heterogeneidad es el de
romper estereotipos "que por, carencia de confrontación suelen
aumentarse en los grupo homogéneos".
La heterogeneidad en los
aportes convierte a la estrategia en interdisciplinaria: la búsqueda de
mayor heterogeneidad no se reduce a la composición (edad, sexo,
actividad) de los participantes y operadores; los aportes de las
distintas disciplinas científicas se integran al proceso en la medida
que son pertinentes para el esclarecimiento del objeto de conocimiento.
Después de la clase por las diferencias individuales se produce su fragmentación.
En los grupos, la convergencia de aportes para su esclarecimiento y la
acumulación dialéctica de información permiten una conjunción e
integración, construcción progresiva y enriquecida del objeto.
En los grupos homogéneos esta confrontación responde a modelos
anteriores, puntos de vista "y acuerdos" que dificultan su explicitación
y operan como axiomas latentes; divergencias rechazadas porque hacen a
la identidad profesional o personal. Como proceso es una secuencia de
hechos que se produce en dos direcciones, una progresiva y otra
regresiva.
Cualquiera de los elementos constantes del sistema,
hace una regresión para buscar información, actitudes o aptitudes que
puedan haber sido en algún momento significativas (por traumáticas o
logradas) (frustrantes o gratificantes) pero que en general significarán
puntos de elaboración de ansiedades persecutorias y depresivas.
También se realizan progresiones, consisten en la elaboración de
proyectos o programas para el futuro (fantaseo de ese momento y de los
procedimientos o instrumentos que se aplicarán). Los movimientos
progresivos son formas de adelantarse a los hechos preparándose para
ello y así, producirlos. Significan un intento de superación del momento
de la separación, del descanso, de la graduación o finalización de las
actividades del sistema didáctico. Hacer proyecto es realizar un
programa para dar un sentido a la vida, incluyendo como parte de ella lo
que no se puede, lo que se va, lo que se desprende, lo que muere.
ESTRATEGIA GRUPAL.
Los participantes integran en el segundo momento del sistema, un grupo
heterogéneo de hasta 16 personas, que se mantiene fijo en toda la
experiencia.
De integrantes anónimos del proceso pasan a ser protagonistas de su propio aprendizaje.
Un grupo es un conjunto restringido de personas, ligadas entre sí por
constantes de tiempo y espacio y articuladas por su mutua representación
interna, que se proponen en forma explícita o implícita una TAREA que
constituye su finalidad.
Como el grupo se centra en la tarea y
los dinamismos se comprenden desde ella, son acciones que marcan la
pertinencia de cada rol (participante-coordinador-observador-co-pensor).
Pichon-Riviere lo llamó Grupo Operativo: grupo que opera realizando un
trabajo: de aprendizaje, de curación, de defensa civil o militar, de
proyecto político, religioso o social. Trabajo que puede ser de
diagnóstico de la situación, de resolución de obstáculos, de síntesis,
de proyectos, etc.
Se privilegia la relación sujeto-grupo porque
permite la indagación del inter-juego entre lo psico-social (grupo
interno) y lo socio-dinámico (grupo externo) a través de la observación
de las formas de interacción, los mecanismos de adjudicación-asunción de
roles, los procesos de comunicación, etc. En el sistema se efectiviza
la práctica (a través de una crítica de las condiciones de trabajo) que
realimenta y corrige la teoría.
Pero es una práctica de
abordaje, en nuestro caso, de recomposición, conjunción e integración
del objeto de conocimiento. Es una práctica de la estrategia que
presentamos hoy.
El análisis se realiza a partir de los hechos
fundamentales que develan tendencias grupales contradictorias en el
abordaje de la temática, principios y puntos de partida opuestos en los
integrantes. Estas contradicciones son la fuente de la dinámica grupal.
La finalidad de los grupos operativos es:
— La movilización de estructuras estereotipadas (de esas tendencias contradictorias).
— La resolución de dificultades de aprendizaje.
— El restablecimiento y aprendizaje de la comunicación.
— La disminución de la ansiedad ante el cambio.
— El favorecimiento del juego de roles funcionales con liderazgos funcionales.
— Resolución de las ansiedades (persecutoria y depresiva) que despierta el aprendizaje.
— Esclarecimiento de las unidades conceptuales.
— Formación de estructuras de acción grupales (saber estar en grupo, saber hacer en grupo).
Los integrantes se reúnen con un coordinador y un observador que forman
parte del grupo profesional y estable. El equipo de
coordinación-observación es el mismo para cada grupo durante todas las
reuniones.
EL OBSERVADOR.
Registra en un protocolo las
observaciones en forma de Crónica. Puede agregar sus impresiones y
vivencias personales. Toma nota escrita de las intervenciones verbales,
gestuales y corporales, de los silencios, de la distribución del
espacio, etc. Suele no intervenir verbalmente, pero puede hacerlo
realizando una devolución al grupo antes de que termine la reunión, en
este caso lo llamamos Observador Participante. Es el reservorio de la
historia del grupo. Se reúne después con el coordinador y trabaja la
Crónica, realimentándolo en el ajuste de la conducción grupal.
EL COORDINADOR.
Es el prototipo de operador-docente de esta estrategia. No da
Información, pero
señala-interpreta-construye-interroga-esclarece-sintetiza-sugiere-propone
ejercicios de movilización. Es un rol prescripto y formado previamente
en la técnica.
Su tarea consiste en colaborar con el grupo,
ayudar a los miembros a pensar en los momentos dilemáticos, de detención
del proceso y de la producción.
Interviene para señalar la
dificultad en el abordaje al objeto de conocimiento (la clase y sus
unidades conceptuales de información) construyendo una hipótesis que
opera en la situación existente como interpretación.
La dinámica
grupal, la emergencia de lo individual como resistencia o facilitación,
el enriquecimiento de la temática y la operación de re-trabajo de la
información son aspectos de su campo perceptivo. Muestra al grupo lo
producido y las formas, instrumentos, caminos utilizados, así como lo no
abordado, evitado, simplificado o tomado superficialmente.
Sabe
que el aprendizaje es "una apropiación instrumental de la realidad para
modificarla y adaptarse activamente a ella" por lo que facilita la
asunción de roles, el juego de ensayo de tareas, personajes y funciones.
Interviene mostrando vínculos estereotipados y procedimientos
reiterados. Refiere los existentes a las situaciones de la latencia,
cuando ésta se convierte en un obstáculo o fuente de información.
También señala logros y refuerza éxitos.
El coordinador es un
operador al nivel socio-dinámico cuando está con su grupo y al nivel
institucional en las reuniones: a) con el observador, b) de emergentes,
c) de control, d) cuando participa en las actividades de la institución.
Opera en la relación objeto de conocimiento, el grupo que lo aborda y los obstáculos, participando así en su recreación
- OBJETO.
- Coordinador-obstáculo.
- CREACION-GRUPO.
ESTRATEGIA OPERATIVA.
Inicialmente, había definido la didáctica como una estrategia centrada
en la resolución y remoción del obstáculo. La palabra obstáculo viene
del latín (obstaculum) y significa impedimento, estorbo, inconveniente,
obstrucción. Estas acepciones se refieren a la dificultad para realizar
un pasaje de un estado a otro o de un lado a otro.
Obviar es
evitar, apartar, quitar obstáculos, obviar significaría justamente no
enfrentar el obstáculo, que es lo opuesto a nuestro objetivo
estratégico: enfrentarse con él y aprender de la experiencia
incorporándolo.
Gastón Bachelard investiga en "La formación del
espíritu científico" las dificultades que se presentan en la producción
de conceptos científicos. Las llama obstáculo epistemológico. Se origina
por la naturaleza contradictoria, resistencia del objeto de
conocimiento.
Algunos obstáculos según Bachelard:
1°) La
experiencia cotidiana: a la naturaleza se la comprende resistiendo la
seducción que ella ejerce sobre el hombre, se la comprende ordenando los
fenómenos y no ajustándonos a ellos.
2°) Ajustarse a los hechos no construyendo leyes sobre ellos, es el obstáculo empirista.
3°) La participación emocional (asombro) ante el contenido de la
naturaleza y no la crítica racional del proceso en el que se observó el
fenómeno.
4°) Realizar convergencias inconsistentes y rápidas (cuando pesan rasgos secundarios no bien discriminados).
5°) Carecer de un "juego de razones múltiples" (esquema conceptual para nosotros).
6°) La búsqueda prematura de lo general que conduce a generalizaciones inadecuadas.
7°) La aplicación de leyes generales que fueron eficaces, sin realizar una crítica de su aplicación actual.
8°) Atenerse a los casos particulares, singulares, tomándolos por generales.
9º) La aplicación de concepciones globales del mundo o visiones literarias.
10°) Valoración de los hechos.
11°) Aplicación de analogías y metáforas previas a la experiencia.
Pichon-Riviére agrega el obstáculo epistemofilico: son las dificultades
internas, personales, por la conformación histórica del mundo interno,
por su ecología interna. Son las fantasías persecutorias y depresivas
que acompañan el proceso.
Algunos obstáculos según Pichon-Riviere:
— Temor a destruir el objeto de conocimiento.
— Fantasías de destrucción del sujeto.
— Temor a quedar prisionero en el objeto.
Estas fantasías producen fenómenos de distanciamiento, acercamiento
excesivo, superficialidad, identificación, evitación, encapsulamiento
del objeto de conocimiento.
CONSIDERACIONES FINALES.
En
el presente trabajo me he referido a los principales rasgos de una
metodología especialmente diseñada por el Dr. Enrique Pichon-Riviere de
la Argentina, para la formación de operadores grupales.
Puede
ser aplicada a otras situaciones de aprendizaje porque se centra en la
investigación de las condiciones de producción de conocimiento.
Realizar la operación, entendiendo como tal la tarea, contractualmente
definida, será el eje conductor de todo el proceso, organizado y
analizado desde esta didáctica considerada como una estrategia.
El objetivo final a conseguir no se reduce a suprimir o resolver el
obstáculo, sino que se constituye en la creación. Como recreación de la
realidad, con la satisfacción que acompaña los momentos de insight de
nuestra inserción en ella. Placer ligado a la realización del proceso y
no sólo al objetivo final a conseguir
sábado, 3 de octubre de 2015
ACERCA DE LAS FAMILIAS ENSAMBLADAS - Gloria Abadi
ACERCA DE LAS FAMILIAS ENSAMBLADAS
Por Gloria Abadi
"¿Quién es ese hombre leyendo el diario en mi casa?"
Pese a los años transcurridos desde la ley de divorcio, pese a la multiplicación de nuevas familias que incluyen hijos de matrimonios anteriores, ?la representación de la familia nu-clear, como organización legitimada socialmente, opera como generadora de sufrimiento, ya que la imposibilidad de ceñirse a esa matriz ideal arroja a las nuevas familias a un vacío de simbolización?.
¿No hay normas. Todos los hombres son excepciones a una regla que no existe.?
Fernando Pessoa
¿Estamos teniendo algunos problemas... Alejandro es separado y tiene tres hijos. Vivimos juntos hace poco tiempo. Se nos complica armar esta nueva familia. No nos entendemos bien. Yo es la primera vez que salgo con alguien con vínculos tan importantes. Para mí son nuestros únicos problemas.? ?Compramos una casa grande para ir a vivir juntos, con lugar para sus chicos. En el departamento anterior, cuando venían los chicos yo tenía que dormir en el living. Yo busco mi lugar en esta familia; si yo estoy enferma pero el hijo de él tiene mo-cos, me deja a mí para atenderlo a él.?
Desde hace un tiempo se presenta con frecuencia la consulta espontánea de parejas o fami-lias que focalizan su sufrimiento en el hecho de estar integrando nuevas uniones, nuevas familias con hijos de matrimonios anteriores. Cuando es la pareja quien consulta, es frecuen-te escucharlos decir que, a pesar del amor que los une, no logran organizar la familia; el con-flicto surge particularmente en situaciones relacionadas con los hijos de uno u otro. Este su-frimiento, este malestar parece abarcar a todos los miembros de la nueva familia, aunque en cada uno de ellos resuene de modo diferente.
En el nivel del discurso, se repiten e insisten expresiones como: ¿ Necesitamos organizar la familia...?; ¿Somos una familia atípica...?; ¿Todos estamos haciendo un esfuerzo...?; ?Los límites los tiene que poner él porque es el padre...?; ¿No los entiende porque no son sus hijos...?; ?Necesito que me legitimen...?; ¿No me gusta que crea que no quiero a sus hijos...?; ¿No sé cuál es mi lugar...?; ¿Tratamos de
evitar las tensiones...?.
Algunas de estas situaciones se hacen presentes en preguntas que de algún modo conden-san la dificultad para metabolizar las transformaciones en la familia: ¿Está bien que los chi-cos de él puedan venir cuando quieran y que no pongamos un límite?; ¿Por qué tenemos que tomarnos las vacaciones cuando el papá de sus chicos arregle en su trabajo?; ?¿Por qué yo tengo que hacer de mamá para algunas cosas y para otras no existo porque no soy la madre?.
Lo que así se despliega excede lo que clásicamente analizamos bajo la perspectiva del due-lo: la tristeza por la pérdida del marco familiar anterior, la presencia de otra mujer/hombre en el lugar de la madre/ padre, la alternancia en la cotidianidad, la hostilidad frente a lo perdido irrecuperable. Si bien todos estos aspectos están presentes, conviene ampliar la mirada para privilegiar la marca de lo instituido socialmente en referencia a qué es ser una familia. Lo cual conduce a un interrogante fecundo: ¿qué representación de familia está vigente como telón de fondo no consciente, invisibilizado, en estas consultas? Intentemos, a partir de esta formu-lación, entender cómo lo que se vivencia como desorden familiar se transforma en sufrimien-to.
Algunos autores hablan de familia instantánea para referirse a este modo de conformar una familia, con hijos de anteriores uniones matrimoniales. Lo instantáneo, en este contexto, re-mite a una categoría de tiempo que cuestiona la idea, tradicional y moderna, de una pareja que proyecta sus hijos como tránsito para devenir familia.
En ese escenario, enmarcado en un tiempo lineal, los hijos son anticipados en el imaginario de la pareja; esta anticipación marca un antes, que inaugura un lugar y que fundamentalmen-te prefigura un
vínculo. En ese antes, ya se imaginarías una relación con el hijo, es decir, se anticipa tam-bién cómo se desearía ser madre/padre. Esta representación presenta los rudimentos fun-dantes del futuro lazo
afectivo.
En cambio, de la noción de instantaneidad no se deriva un momento anterior que prepare al que lo sucederá. Señala Zygmunt Bauman (Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económi-ca, 2003) que el término instantaneidad parece referirse a un movimiento muy rápido y a un lapso muy breve pero, en realidad, denota la ausencia de tiempo como factor del aconteci-miento y, por consiguiente, su ausencia como elemento en el cálculo del valor; este movi-miento rápido excluye la posibilidad de anticipación. Señalo, sin embargo, que, cuando ese autor sugiere la ausencia de tiempo toma como parámetro la categoría del tiempo como li-neal: tal representación del tiempo como instantáneo resta posibilidad a la espera, la demora, el proceso. Pero, respecto de estas familias, pienso lo instantáneo como modo de nombrar una vivencia que expresa el esfuerzo por procesar un conjunto de situaciones novedosas que se experimentan como excesivas. Entiendo aquí lo instantáneo como expresión de un exceso.
Si bien estas familias son producto de un proceso que alojó la posibilidad de unirse en convi-vencia, anticipando así un nuevo modo de cotidianidad, en muchos casos, incluso, con abundante información
sobre los problemas que suelen suscitarse, el motivo de la consulta deja entrever la opera-ción de desmentida de la que fue objeto ese conocimiento.
En este sentido aparece una vivencia de instantaneidad. Lo instantáneo es aquí del orden de lo imaginario. Si bien hay un conocimiento respecto de una transformación en el orden fami-liar, el modo de presentación del malestar refleja intentos fallidos por ajustarse al modelo de familia anterior.
La experiencia, en tanto afectación directa, pone en tensión lo esperado y lo encontrado. Re-cordemos una fórmula de Michel Foucault:
El conocimiento se hace saber cuando transforma las condiciones del sujeto. Se transforma por aquello que conoce o, mejor, por el trabajo que hace por conocer. Aquí, en cambio, lo que se presenta adquiere existencia por su cualidad presencial, ya que queda anulado ese antes que lo habría alojado representacionalmente como conocimiento. Los hijos de una unión anterior desafían, para la nueva pareja, la
secuencia lógica de la que hablábamos: por un lado, son portadores o representantes de un antes, pero, y en especial para el nuevo cónyuge, se constituyen en una familia que lo espe-ra, que lo antecede y que,
por lo tanto, le reserva un lugar ya imaginarizado al calor de la trama histórica que los entre-laza.
La inclusión de la nueva pareja en forma estable (con o sin convivencia) configura un nuevo armado en la interacción familiar que evidencia la ausencia de la configuración anterior, a la vez que impone una presencia que exige la fundación de nuevos modos de estar en familia. Una paciente adolescente me decía que no le gustaba levantarse a la mañana y encontrarse con la pareja de la madre en su casa: Siento que pierdo intimidad, ya que no puedo pasear-me en pijama, me tengo que vestir... A veces me pregunto: ¿quién es ese hombre sentado en mi casa, leyendo el diario?.
En la práctica clínica, encontramos diversos modos de respuesta ante estos cambios; cada uno de ellos señala cuál es el lugar que, en cada caso, se les pudo otorgar a los nuevos inte-grantes. Algunas familias
necesitan constituir un pacto de alianza con frecuencia inconsciente por el cual se abroque-lan para sostener una lealtad infranqueable al miembro de la pareja ausente; en ellas, los nuevos integrantes reciben un rechazo y una hostilidad que están al servicio de perpetuar, ilusoriamente, una organización con lugares cristalizados. Otras familias comparten un pacto de silencio en relación a la disolución de
la pareja: en éstas, el recién llegado permite suturar un vacío que amenazaba sumergirlos en aguas inciertas; su presencia permite recomponer una configuración familiar donde no haya lugares deshabitados; se reconstituye un orden apaciguador, ilusorio, que evita la tensión entre lo perdido y la nueva situación. Son dos modos posibles de suspender el camino del duelo.
Si bien la ley de divorcio otorgó representación social a la posibilidad de disolución de una pareja y, por consiguiente, a la oportunidad de constituir nuevas uniones, la pregnancia de una
significación, ligada al poder de la tradición, generalmente resiste al cambio, aun cuando nuevos datos disponibles puedan brindar nuevos sentidos. Desde esta perspectiva, la repre-sentación de familia nuclear como la organización familiar legitimada y valorada socialmente opera como generadora de sufrimiento, ya que las prácticas efectivas de las familias ensam-bladas descubren la imposibilidad de ceñirse a esa matriz ideal, lo cual las arroja a un vacío de simbolización. No considero, entonces, que las transformaciones de las familias traigan en sí mismas sufrimiento, sino la fijeza de una representación que semantiza las transformacio-nes sólo en términos de déficit o de falta.
Es muy frecuente que la consulta se produzca luego de que la pareja comienza la conviven-cia con alguno de los hijos de la unión anterior.
El proyecto de la unión familiar los confronta con una realidad que, por su desajuste con las experiencias anteriores, no encuentra representaciones disponibles para ser pensada: hijos con los cuales
conviven algunos días a la semana, medios hermanos que se instalan como nuevos rivales, una legalidad familiar compartida con quien no se conoce, una dependencia involuntaria de la organización de vida del ex cónyuge, una rivalidad siempre en precario equilibrio entre madre/padre y quienes ocupan esos lugares en la nueva organización familiar, en fin: una constelación familiar que excede en mucho a la familia nuclear.
Quizás, en este tema, pacientes y analistas vivimos situaciones de desajuste equivalentes: los pacientes, orientados por un ideal de familia que funciona como matriz a la espera de que las prácticas efectivas se disciplinen; los analistas de familia, por nuestra parte, encontramos agrupaciones familiares que desafían los parámetros de la consanguinidad, de la conviven-cia, etcétera. También nuestras teorías pueden ser ineficaces para acompañar estos nuevos modos de estar en familia sin alistarlos en la categoría de las desviaciones.
El concepto de ética en psicoanálisis podría replantearse como la tarea, nunca acabada, de evitar convertir en un hecho natural aquello que merece ser analizado a la luz de las múlti-ples determinaciones que lo construyen. La representación social de familia nuclear es una construcción tributaria de determinadas condiciones sociales y económicas que hoy han cambiado. Sin embargo, hay una aspiración no consciente a depositar en la institución fami-liar un ideal de permanencia, deslizando así su conformación hacia el orden de lo natural. En este punto, tanto los terapeutas como los pacientes deberían poder alojar aquello del orden de lo inédito, sustrayéndose a la tentación de reducirlo a un significado/representación ante-rior.
Desde cierta perspectiva teórica, el paradigma estructuralista para pensar las familias orientó la mirada hacia los lugares y funciones que preceden y constituyen a los sujetos. Considero que este enfoque se constituye aquí en un obstáculo que contribuye a reforzar la resistencia ante situaciones clínicas nuevas. Quizás, en estas agrupaciones familiares, debamos pensar más bien en términos de vínculos o lazos entre personas, que en esa interacción irán cons-truyendo relaciones que no podrán reducirse a funciones preexistentes.
No se trataría de un lugar preformado, sino de la invención de un lugar. Alojar al otro, alojar la alteridad, significa dejar que advenga un vínculo sin reconducirlo a la fijeza de lo ya cono-cido; dejar advenir eso nuevo produce, a la vez, lo otro desconocido en cada uno. Esta des-articulación de la fijeza de una representación genera una situación inédita, que no se puede remitir a una anterior; así planteada, no está en falta en relación a algo completo, ya que es pensada como diferente.
La nueva mujer del padre ¿tendrá que hacer las veces de madre de los hijos del marido? De lo contrario, ¿estará en falta? Esta sola pregunta desafía la rigidez de un único modelo de familia, a la vez
que deja a la intemperie, sin modelos identificatorios reasegurantes, a cada uno de sus miembros. Podemos incluir esta vacilación en las certezas identificatorias como otra fuente posible de malestar, ya
que, si una organización familiar diferente es leída en clave binaria, no podrá ser pensada como familia.
Insisto en que las representaciones de madre/padre/hijo, fraguadas al calor de la representa-ción social de familia nuclear, son puestas en crisis, en desorden, por estas configuraciones familiares, en las que
la familia no se define por la convivencia ni tampoco por los vínculos de sangre; se cuestiona un orden consensuado, referido a la formación de una pareja, en tanto los hijos preceden a la pareja misma. La
matriz ordenadora se muestra ineficaz para significar nuevos modos de vida familiar, nuevas prácticas que, al carecer de parámetros legitimados para ser pensadas, son generadoras de malestar.
Licenciada, nosotros formamos una familia ¿Cómo nominar a ese nuevo integrante que está ligado afectivamente a la familia pero no fue protagonista de su fundación? Podemos pensar que el contacto de uno con otros irá dibujando un vínculo que se producirá ahí, en las prácti-cas efectivas entre una mujer o un hombre y los hijos de su pareja; reducir tales lugares a los de madre/padre es restarles la complejidad propia de estas constelaciones familiares. Ver en esa mujer a una madre sería imponer sentido ya conocido, una representación que, a modo de matriz preexistente, tornara homogénea una presencia que aún carece de nominación. Este camino sutura una carencia simbólica a la vez que cristaliza sus significaciones; en la opinión que bellamente formuló Serge Moscovici, la representación juega un rol reductor de la incertidumbre: La representación ejerce una domesticación de lo extraño?. Esta imposición de sentido no es consciente, sino que es el modo en que toman forma los ideales culturales en el psiquismo. Los discursos que hablan de la familia, afectan las interacciones, ya que vehiculizan el orden de lo instituido produciendo modelizaciones en el hacer y el sentir.
Desde otra posible lectura, estas consultas parecen plasmar la creencia de que en las prime-ras uniones todo resulta más sencillo. En éstas, el amor hace que todo fluya naturalmente: el amor por los hijos, el amor hacia la pareja más allá de los desacuerdos, el deseo de formar una familia. En las familias ensambladas, en cambio, queda a
la vista que el lazo afectivo es un proceso que se construye a través de las prácticas, de la experiencia de sentirse afectado por el otro.
Desde esta perspectiva, visibiliza la precariedad de los vínculos. El sentimiento amoroso pa-rece redefinirse, ya que la cuota de esfuerzo para aceptar los nuevos vínculos pone en crisis la idea romántica del
amor espontáneo y natural. Como consecuencia, queda más al descubierto la ambivalencia, en tanto componente inherente a toda relación afectiva; los sentimientos negativos hostiles, presentes en toda
relación afectiva, son censurados o reprimidos en los vínculos parento-filiales, ya que, en nuestra cultura, se espera que los padres quieran a sus hijos y les deseen el bien. El amor hacia los hijos queda entonces naturalizado.
Lo que pasa es que no me gusta que él piense que no quiero a sus hijos, decía una paciente. Pienso que es la imagen de sí misma la que se le torna intolerable, imagen modelada por la mirada social que
censura duramente a una mujer/hombre que se permiten interrogarse acerca de aquello con-cebido como del orden de lo natural. Los sentimientos que se oponen a este mandato son experimentados como
anormales, en términos de su no correspondencia a un ideal, tributario de un discurso social determinado que ofrece determinadas representaciones productoras de determinadas subje-tividades: las subjetividades de una época. Las relaciones que se tejen en estas nuevas uniones familiares carecen del soporte que brinda el lazo de sangre: por lo tanto, la creencia en un orden natural de los afectos parento-filiales no puede sostenerse. En el lazo entre el nuevo compañero/a y los hijos de su pareja queda visibilizado el aspecto de construcción deseante que tiene todo vínculo. Si, como sostiene Ignacio Lewkowicz (Pensar sin Estado, Paidós, 2004), el concepto de sangre es un concepto simbólico, los vínculos de sangre lo son según el concepto de sangre, no según la sangre; lo que importa no es por dónde derivan los genes, sino por dónde deriva la subjetividad.
El esfuerzo tan mencionado por los pacientes que habitan estos vínculos quizá debamos en-tenderlo como la inquietud de saberse en vínculos precarios, en tanto no responden a la soli-dez imaginaria instituida con los lazos de sangre, sino que será la intensidad de su afectación lo que ha de ir demarcando qué serán el uno para el otro.
El término familia ensamblada parece una solución de compromiso para no perder el anclaje que brindan las significaciones sociales imaginarias. Este término compuesto se vuelve a centralizar en el significante familia. Y la palabra ensamble vuelve a mostrar la necesidad de responder a un ideal de completud, el ideal de lo uno, indiviso, que deje por fuera todo testi-monio de lo que escapa a la
unión; vuelve a desconocer que lo familiar siempre incluye lo extraño.
* Publicado en Nuevas variaciones sobre clínica psicoanalítica, por Ana N. Berezin, ed. Letra Viva.
Por Gloria Abadi
"¿Quién es ese hombre leyendo el diario en mi casa?"
Pese a los años transcurridos desde la ley de divorcio, pese a la multiplicación de nuevas familias que incluyen hijos de matrimonios anteriores, ?la representación de la familia nu-clear, como organización legitimada socialmente, opera como generadora de sufrimiento, ya que la imposibilidad de ceñirse a esa matriz ideal arroja a las nuevas familias a un vacío de simbolización?.
¿No hay normas. Todos los hombres son excepciones a una regla que no existe.?
Fernando Pessoa
¿Estamos teniendo algunos problemas... Alejandro es separado y tiene tres hijos. Vivimos juntos hace poco tiempo. Se nos complica armar esta nueva familia. No nos entendemos bien. Yo es la primera vez que salgo con alguien con vínculos tan importantes. Para mí son nuestros únicos problemas.? ?Compramos una casa grande para ir a vivir juntos, con lugar para sus chicos. En el departamento anterior, cuando venían los chicos yo tenía que dormir en el living. Yo busco mi lugar en esta familia; si yo estoy enferma pero el hijo de él tiene mo-cos, me deja a mí para atenderlo a él.?
Desde hace un tiempo se presenta con frecuencia la consulta espontánea de parejas o fami-lias que focalizan su sufrimiento en el hecho de estar integrando nuevas uniones, nuevas familias con hijos de matrimonios anteriores. Cuando es la pareja quien consulta, es frecuen-te escucharlos decir que, a pesar del amor que los une, no logran organizar la familia; el con-flicto surge particularmente en situaciones relacionadas con los hijos de uno u otro. Este su-frimiento, este malestar parece abarcar a todos los miembros de la nueva familia, aunque en cada uno de ellos resuene de modo diferente.
En el nivel del discurso, se repiten e insisten expresiones como: ¿ Necesitamos organizar la familia...?; ¿Somos una familia atípica...?; ¿Todos estamos haciendo un esfuerzo...?; ?Los límites los tiene que poner él porque es el padre...?; ¿No los entiende porque no son sus hijos...?; ?Necesito que me legitimen...?; ¿No me gusta que crea que no quiero a sus hijos...?; ¿No sé cuál es mi lugar...?; ¿Tratamos de
evitar las tensiones...?.
Algunas de estas situaciones se hacen presentes en preguntas que de algún modo conden-san la dificultad para metabolizar las transformaciones en la familia: ¿Está bien que los chi-cos de él puedan venir cuando quieran y que no pongamos un límite?; ¿Por qué tenemos que tomarnos las vacaciones cuando el papá de sus chicos arregle en su trabajo?; ?¿Por qué yo tengo que hacer de mamá para algunas cosas y para otras no existo porque no soy la madre?.
Lo que así se despliega excede lo que clásicamente analizamos bajo la perspectiva del due-lo: la tristeza por la pérdida del marco familiar anterior, la presencia de otra mujer/hombre en el lugar de la madre/ padre, la alternancia en la cotidianidad, la hostilidad frente a lo perdido irrecuperable. Si bien todos estos aspectos están presentes, conviene ampliar la mirada para privilegiar la marca de lo instituido socialmente en referencia a qué es ser una familia. Lo cual conduce a un interrogante fecundo: ¿qué representación de familia está vigente como telón de fondo no consciente, invisibilizado, en estas consultas? Intentemos, a partir de esta formu-lación, entender cómo lo que se vivencia como desorden familiar se transforma en sufrimien-to.
Algunos autores hablan de familia instantánea para referirse a este modo de conformar una familia, con hijos de anteriores uniones matrimoniales. Lo instantáneo, en este contexto, re-mite a una categoría de tiempo que cuestiona la idea, tradicional y moderna, de una pareja que proyecta sus hijos como tránsito para devenir familia.
En ese escenario, enmarcado en un tiempo lineal, los hijos son anticipados en el imaginario de la pareja; esta anticipación marca un antes, que inaugura un lugar y que fundamentalmen-te prefigura un
vínculo. En ese antes, ya se imaginarías una relación con el hijo, es decir, se anticipa tam-bién cómo se desearía ser madre/padre. Esta representación presenta los rudimentos fun-dantes del futuro lazo
afectivo.
En cambio, de la noción de instantaneidad no se deriva un momento anterior que prepare al que lo sucederá. Señala Zygmunt Bauman (Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económi-ca, 2003) que el término instantaneidad parece referirse a un movimiento muy rápido y a un lapso muy breve pero, en realidad, denota la ausencia de tiempo como factor del aconteci-miento y, por consiguiente, su ausencia como elemento en el cálculo del valor; este movi-miento rápido excluye la posibilidad de anticipación. Señalo, sin embargo, que, cuando ese autor sugiere la ausencia de tiempo toma como parámetro la categoría del tiempo como li-neal: tal representación del tiempo como instantáneo resta posibilidad a la espera, la demora, el proceso. Pero, respecto de estas familias, pienso lo instantáneo como modo de nombrar una vivencia que expresa el esfuerzo por procesar un conjunto de situaciones novedosas que se experimentan como excesivas. Entiendo aquí lo instantáneo como expresión de un exceso.
Si bien estas familias son producto de un proceso que alojó la posibilidad de unirse en convi-vencia, anticipando así un nuevo modo de cotidianidad, en muchos casos, incluso, con abundante información
sobre los problemas que suelen suscitarse, el motivo de la consulta deja entrever la opera-ción de desmentida de la que fue objeto ese conocimiento.
En este sentido aparece una vivencia de instantaneidad. Lo instantáneo es aquí del orden de lo imaginario. Si bien hay un conocimiento respecto de una transformación en el orden fami-liar, el modo de presentación del malestar refleja intentos fallidos por ajustarse al modelo de familia anterior.
La experiencia, en tanto afectación directa, pone en tensión lo esperado y lo encontrado. Re-cordemos una fórmula de Michel Foucault:
El conocimiento se hace saber cuando transforma las condiciones del sujeto. Se transforma por aquello que conoce o, mejor, por el trabajo que hace por conocer. Aquí, en cambio, lo que se presenta adquiere existencia por su cualidad presencial, ya que queda anulado ese antes que lo habría alojado representacionalmente como conocimiento. Los hijos de una unión anterior desafían, para la nueva pareja, la
secuencia lógica de la que hablábamos: por un lado, son portadores o representantes de un antes, pero, y en especial para el nuevo cónyuge, se constituyen en una familia que lo espe-ra, que lo antecede y que,
por lo tanto, le reserva un lugar ya imaginarizado al calor de la trama histórica que los entre-laza.
La inclusión de la nueva pareja en forma estable (con o sin convivencia) configura un nuevo armado en la interacción familiar que evidencia la ausencia de la configuración anterior, a la vez que impone una presencia que exige la fundación de nuevos modos de estar en familia. Una paciente adolescente me decía que no le gustaba levantarse a la mañana y encontrarse con la pareja de la madre en su casa: Siento que pierdo intimidad, ya que no puedo pasear-me en pijama, me tengo que vestir... A veces me pregunto: ¿quién es ese hombre sentado en mi casa, leyendo el diario?.
En la práctica clínica, encontramos diversos modos de respuesta ante estos cambios; cada uno de ellos señala cuál es el lugar que, en cada caso, se les pudo otorgar a los nuevos inte-grantes. Algunas familias
necesitan constituir un pacto de alianza con frecuencia inconsciente por el cual se abroque-lan para sostener una lealtad infranqueable al miembro de la pareja ausente; en ellas, los nuevos integrantes reciben un rechazo y una hostilidad que están al servicio de perpetuar, ilusoriamente, una organización con lugares cristalizados. Otras familias comparten un pacto de silencio en relación a la disolución de
la pareja: en éstas, el recién llegado permite suturar un vacío que amenazaba sumergirlos en aguas inciertas; su presencia permite recomponer una configuración familiar donde no haya lugares deshabitados; se reconstituye un orden apaciguador, ilusorio, que evita la tensión entre lo perdido y la nueva situación. Son dos modos posibles de suspender el camino del duelo.
Si bien la ley de divorcio otorgó representación social a la posibilidad de disolución de una pareja y, por consiguiente, a la oportunidad de constituir nuevas uniones, la pregnancia de una
significación, ligada al poder de la tradición, generalmente resiste al cambio, aun cuando nuevos datos disponibles puedan brindar nuevos sentidos. Desde esta perspectiva, la repre-sentación de familia nuclear como la organización familiar legitimada y valorada socialmente opera como generadora de sufrimiento, ya que las prácticas efectivas de las familias ensam-bladas descubren la imposibilidad de ceñirse a esa matriz ideal, lo cual las arroja a un vacío de simbolización. No considero, entonces, que las transformaciones de las familias traigan en sí mismas sufrimiento, sino la fijeza de una representación que semantiza las transformacio-nes sólo en términos de déficit o de falta.
Es muy frecuente que la consulta se produzca luego de que la pareja comienza la conviven-cia con alguno de los hijos de la unión anterior.
El proyecto de la unión familiar los confronta con una realidad que, por su desajuste con las experiencias anteriores, no encuentra representaciones disponibles para ser pensada: hijos con los cuales
conviven algunos días a la semana, medios hermanos que se instalan como nuevos rivales, una legalidad familiar compartida con quien no se conoce, una dependencia involuntaria de la organización de vida del ex cónyuge, una rivalidad siempre en precario equilibrio entre madre/padre y quienes ocupan esos lugares en la nueva organización familiar, en fin: una constelación familiar que excede en mucho a la familia nuclear.
Quizás, en este tema, pacientes y analistas vivimos situaciones de desajuste equivalentes: los pacientes, orientados por un ideal de familia que funciona como matriz a la espera de que las prácticas efectivas se disciplinen; los analistas de familia, por nuestra parte, encontramos agrupaciones familiares que desafían los parámetros de la consanguinidad, de la conviven-cia, etcétera. También nuestras teorías pueden ser ineficaces para acompañar estos nuevos modos de estar en familia sin alistarlos en la categoría de las desviaciones.
El concepto de ética en psicoanálisis podría replantearse como la tarea, nunca acabada, de evitar convertir en un hecho natural aquello que merece ser analizado a la luz de las múlti-ples determinaciones que lo construyen. La representación social de familia nuclear es una construcción tributaria de determinadas condiciones sociales y económicas que hoy han cambiado. Sin embargo, hay una aspiración no consciente a depositar en la institución fami-liar un ideal de permanencia, deslizando así su conformación hacia el orden de lo natural. En este punto, tanto los terapeutas como los pacientes deberían poder alojar aquello del orden de lo inédito, sustrayéndose a la tentación de reducirlo a un significado/representación ante-rior.
Desde cierta perspectiva teórica, el paradigma estructuralista para pensar las familias orientó la mirada hacia los lugares y funciones que preceden y constituyen a los sujetos. Considero que este enfoque se constituye aquí en un obstáculo que contribuye a reforzar la resistencia ante situaciones clínicas nuevas. Quizás, en estas agrupaciones familiares, debamos pensar más bien en términos de vínculos o lazos entre personas, que en esa interacción irán cons-truyendo relaciones que no podrán reducirse a funciones preexistentes.
No se trataría de un lugar preformado, sino de la invención de un lugar. Alojar al otro, alojar la alteridad, significa dejar que advenga un vínculo sin reconducirlo a la fijeza de lo ya cono-cido; dejar advenir eso nuevo produce, a la vez, lo otro desconocido en cada uno. Esta des-articulación de la fijeza de una representación genera una situación inédita, que no se puede remitir a una anterior; así planteada, no está en falta en relación a algo completo, ya que es pensada como diferente.
La nueva mujer del padre ¿tendrá que hacer las veces de madre de los hijos del marido? De lo contrario, ¿estará en falta? Esta sola pregunta desafía la rigidez de un único modelo de familia, a la vez
que deja a la intemperie, sin modelos identificatorios reasegurantes, a cada uno de sus miembros. Podemos incluir esta vacilación en las certezas identificatorias como otra fuente posible de malestar, ya
que, si una organización familiar diferente es leída en clave binaria, no podrá ser pensada como familia.
Insisto en que las representaciones de madre/padre/hijo, fraguadas al calor de la representa-ción social de familia nuclear, son puestas en crisis, en desorden, por estas configuraciones familiares, en las que
la familia no se define por la convivencia ni tampoco por los vínculos de sangre; se cuestiona un orden consensuado, referido a la formación de una pareja, en tanto los hijos preceden a la pareja misma. La
matriz ordenadora se muestra ineficaz para significar nuevos modos de vida familiar, nuevas prácticas que, al carecer de parámetros legitimados para ser pensadas, son generadoras de malestar.
Licenciada, nosotros formamos una familia ¿Cómo nominar a ese nuevo integrante que está ligado afectivamente a la familia pero no fue protagonista de su fundación? Podemos pensar que el contacto de uno con otros irá dibujando un vínculo que se producirá ahí, en las prácti-cas efectivas entre una mujer o un hombre y los hijos de su pareja; reducir tales lugares a los de madre/padre es restarles la complejidad propia de estas constelaciones familiares. Ver en esa mujer a una madre sería imponer sentido ya conocido, una representación que, a modo de matriz preexistente, tornara homogénea una presencia que aún carece de nominación. Este camino sutura una carencia simbólica a la vez que cristaliza sus significaciones; en la opinión que bellamente formuló Serge Moscovici, la representación juega un rol reductor de la incertidumbre: La representación ejerce una domesticación de lo extraño?. Esta imposición de sentido no es consciente, sino que es el modo en que toman forma los ideales culturales en el psiquismo. Los discursos que hablan de la familia, afectan las interacciones, ya que vehiculizan el orden de lo instituido produciendo modelizaciones en el hacer y el sentir.
Desde otra posible lectura, estas consultas parecen plasmar la creencia de que en las prime-ras uniones todo resulta más sencillo. En éstas, el amor hace que todo fluya naturalmente: el amor por los hijos, el amor hacia la pareja más allá de los desacuerdos, el deseo de formar una familia. En las familias ensambladas, en cambio, queda a
la vista que el lazo afectivo es un proceso que se construye a través de las prácticas, de la experiencia de sentirse afectado por el otro.
Desde esta perspectiva, visibiliza la precariedad de los vínculos. El sentimiento amoroso pa-rece redefinirse, ya que la cuota de esfuerzo para aceptar los nuevos vínculos pone en crisis la idea romántica del
amor espontáneo y natural. Como consecuencia, queda más al descubierto la ambivalencia, en tanto componente inherente a toda relación afectiva; los sentimientos negativos hostiles, presentes en toda
relación afectiva, son censurados o reprimidos en los vínculos parento-filiales, ya que, en nuestra cultura, se espera que los padres quieran a sus hijos y les deseen el bien. El amor hacia los hijos queda entonces naturalizado.
Lo que pasa es que no me gusta que él piense que no quiero a sus hijos, decía una paciente. Pienso que es la imagen de sí misma la que se le torna intolerable, imagen modelada por la mirada social que
censura duramente a una mujer/hombre que se permiten interrogarse acerca de aquello con-cebido como del orden de lo natural. Los sentimientos que se oponen a este mandato son experimentados como
anormales, en términos de su no correspondencia a un ideal, tributario de un discurso social determinado que ofrece determinadas representaciones productoras de determinadas subje-tividades: las subjetividades de una época. Las relaciones que se tejen en estas nuevas uniones familiares carecen del soporte que brinda el lazo de sangre: por lo tanto, la creencia en un orden natural de los afectos parento-filiales no puede sostenerse. En el lazo entre el nuevo compañero/a y los hijos de su pareja queda visibilizado el aspecto de construcción deseante que tiene todo vínculo. Si, como sostiene Ignacio Lewkowicz (Pensar sin Estado, Paidós, 2004), el concepto de sangre es un concepto simbólico, los vínculos de sangre lo son según el concepto de sangre, no según la sangre; lo que importa no es por dónde derivan los genes, sino por dónde deriva la subjetividad.
El esfuerzo tan mencionado por los pacientes que habitan estos vínculos quizá debamos en-tenderlo como la inquietud de saberse en vínculos precarios, en tanto no responden a la soli-dez imaginaria instituida con los lazos de sangre, sino que será la intensidad de su afectación lo que ha de ir demarcando qué serán el uno para el otro.
El término familia ensamblada parece una solución de compromiso para no perder el anclaje que brindan las significaciones sociales imaginarias. Este término compuesto se vuelve a centralizar en el significante familia. Y la palabra ensamble vuelve a mostrar la necesidad de responder a un ideal de completud, el ideal de lo uno, indiviso, que deje por fuera todo testi-monio de lo que escapa a la
unión; vuelve a desconocer que lo familiar siempre incluye lo extraño.
* Publicado en Nuevas variaciones sobre clínica psicoanalítica, por Ana N. Berezin, ed. Letra Viva.
viernes, 28 de agosto de 2015
EN DEFENSA DE LOS DERECHOS AL TRABAJO DE LOS PSICÓLOGOS SOCIALES
EN DEFENSA DE LOS DERECHOS AL TRABAJO
DE LOS PSICÓLOGOS SOCIALES
DE LOS PSICÓLOGOS SOCIALES
Los Psicólogos Sociales, Operadores en Psicología social, Licenciados en Psicología Social están amparados y protegidos por el artículo 14 de la Constitución Nacional, según el cual todos los habitantes tienen derecho de trabajar y ejercer su industria lícita, de a asociarse con fines útiles, de enseñar y aprender… .Por tanto las más de tres generaciones de Psicólogos Sociales gozan de los derechos y la protección de las leyes Constitucionales de la Nación Argentina.
Toda conducta que viole este artículo está tipificado por la Ley Antidiscriminación Nº 23.592 que en su Artículo 1° dice: “Quien arbitrariamente impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material ocasionados”
Toda conducta que viole este artículo está tipificado por la Ley Antidiscriminación Nº 23.592 que en su Artículo 1° dice: “Quien arbitrariamente impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material ocasionados”
1) Legitimidad del Estado a la Psicología Social
1993 Se aprueba el Título Oficial de Operador en Psicología Social a Nivel Nacional por el SNEP (Sistema Nacional de Enseñanza Privada) dependiente del Ministerio de Educación de la Nación.
1994/95 Se provincializa el sistema educativo. La aprobación del Título es transferida a la Pcia de Buenos Aires debido a que la Institución que logró la aprobación (Escuela de Psicología Social del Sur) estaba localizada en la Ciudad de Quilmes. En la Provincia de Buenos Aires la carrera de Operador en Psicología Social se halla aprobada por las Resoluciones Nº 679/94 y 524/95, dictadas por la Dirección General de Cultura y Educación de esa Provincia.
1996 se logra la Homologación al Título Oficial de los Psicólogos Sociales egresados en años previos a 1993.
La Tecnicatura, el Ministerio de Educación de la Nación aprobó la carrera de Psicología Social mediante Resolución Nº 992/93 (modificada por resolución Nº 401-SED/99) otorgando el título de Operador en Psicología Social, que la Dirección Nacional de Enseñanza Privada, incorpora a la enseñanza oficial -mediante Disposición Nº 1.698/93.
La Licenciatura aprobada mediante resolución del Ministerio de Educación Nº 1214/99 está en posesión de un título académico de grado con validez nacional.
1999 se aprueba la Licenciatura en Psicología Social que comienza a dictarse en el año 2000 en la Universidad CAECE. El reconocimiento del rol profesional hace que se lo incluya en múltiples nomencladores y se efectiviza en numerosas contrataciones profesionales de hecho por parte del Estado.
2002 la Resolución 606/02 de la DGEGP de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires habilita la carrera que otorga el título de Operador en Psicología Social.
2005, 16 de agosto: se incorpora al nomenclador de CABA decreto nº1172/05 la función de operador en psicología social.
2005 se aprobó la Carrera de Operador en Psicología Social en su modalidad a Distancia por el Consejo Federal de Educación y por de la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires por medio de la Resolución 3128/05.
2008 fue nuevamente aprobada tanto por el Consejo Federal de Educación como por el Ministerio de Educación del GCABA por medio de la Resolución 5206/08
2008 1 de enero de 2008 fue incorporado al Nomenclador de Cargos de la Administración Pública Provincial el cargo de "Operador en Psicología Social" en los grados A, B, C, D dentro del agrupamiento Personal Técnico del régimen de la ley 10.430 y modif., actualmente vigente (conf. res. 2597/08 dictada por el Director Provincial de Personal).
2009 Chaco Se aprueba la Ley Nº 6.353 del Ejercicio profesional del Operador en Psicología Social
2009/10 Mendoza Se aprueba la Ley Nº 8.077 sobre el ejercicio profesional de los Técnicos Superiores en Operaciones Psicosociales (reglamentada a mediados de 2010 por el decreto Nº 1.191)
2012 Corrientes Se aprueba la Ley Nº 6141 que regula el ejercicio profesional para los Operadores en Psicología Social.
2012 Entre Ríos 07-12 En la última sesión del Senado. El Senado, después de intensos debates en los que participaron los interesados en lograr la regulación del ejercicio de su profesión, dio media sanción al proyecto de ley que enmarca la actividad del Técnico u Operador Psicosocial.
2012 Se otorga el fallo de la Suprema Corte de la Pcia. de Buenos Aires que rechaza la demanda iniciada por el Colegio de Psicólogos de la Pcia. de Bs. As. mediante la cual impugnaba la aprobación de la carrera, las incumbencias y el campo profesional de los Operadores en Psicología Social.
1993 Se aprueba el Título Oficial de Operador en Psicología Social a Nivel Nacional por el SNEP (Sistema Nacional de Enseñanza Privada) dependiente del Ministerio de Educación de la Nación.
1994/95 Se provincializa el sistema educativo. La aprobación del Título es transferida a la Pcia de Buenos Aires debido a que la Institución que logró la aprobación (Escuela de Psicología Social del Sur) estaba localizada en la Ciudad de Quilmes. En la Provincia de Buenos Aires la carrera de Operador en Psicología Social se halla aprobada por las Resoluciones Nº 679/94 y 524/95, dictadas por la Dirección General de Cultura y Educación de esa Provincia.
1996 se logra la Homologación al Título Oficial de los Psicólogos Sociales egresados en años previos a 1993.
La Tecnicatura, el Ministerio de Educación de la Nación aprobó la carrera de Psicología Social mediante Resolución Nº 992/93 (modificada por resolución Nº 401-SED/99) otorgando el título de Operador en Psicología Social, que la Dirección Nacional de Enseñanza Privada, incorpora a la enseñanza oficial -mediante Disposición Nº 1.698/93.
La Licenciatura aprobada mediante resolución del Ministerio de Educación Nº 1214/99 está en posesión de un título académico de grado con validez nacional.
1999 se aprueba la Licenciatura en Psicología Social que comienza a dictarse en el año 2000 en la Universidad CAECE. El reconocimiento del rol profesional hace que se lo incluya en múltiples nomencladores y se efectiviza en numerosas contrataciones profesionales de hecho por parte del Estado.
2002 la Resolución 606/02 de la DGEGP de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires habilita la carrera que otorga el título de Operador en Psicología Social.
2005, 16 de agosto: se incorpora al nomenclador de CABA decreto nº1172/05 la función de operador en psicología social.
2005 se aprobó la Carrera de Operador en Psicología Social en su modalidad a Distancia por el Consejo Federal de Educación y por de la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires por medio de la Resolución 3128/05.
2008 fue nuevamente aprobada tanto por el Consejo Federal de Educación como por el Ministerio de Educación del GCABA por medio de la Resolución 5206/08
2008 1 de enero de 2008 fue incorporado al Nomenclador de Cargos de la Administración Pública Provincial el cargo de "Operador en Psicología Social" en los grados A, B, C, D dentro del agrupamiento Personal Técnico del régimen de la ley 10.430 y modif., actualmente vigente (conf. res. 2597/08 dictada por el Director Provincial de Personal).
2009 Chaco Se aprueba la Ley Nº 6.353 del Ejercicio profesional del Operador en Psicología Social
2009/10 Mendoza Se aprueba la Ley Nº 8.077 sobre el ejercicio profesional de los Técnicos Superiores en Operaciones Psicosociales (reglamentada a mediados de 2010 por el decreto Nº 1.191)
2012 Corrientes Se aprueba la Ley Nº 6141 que regula el ejercicio profesional para los Operadores en Psicología Social.
2012 Entre Ríos 07-12 En la última sesión del Senado. El Senado, después de intensos debates en los que participaron los interesados en lograr la regulación del ejercicio de su profesión, dio media sanción al proyecto de ley que enmarca la actividad del Técnico u Operador Psicosocial.
2012 Se otorga el fallo de la Suprema Corte de la Pcia. de Buenos Aires que rechaza la demanda iniciada por el Colegio de Psicólogos de la Pcia. de Bs. As. mediante la cual impugnaba la aprobación de la carrera, las incumbencias y el campo profesional de los Operadores en Psicología Social.
2) Aspectos de La Psicología Social
La Psicología Social es independiente como disciplina científica ; por lo tanto, no es una especialidad de la Psicología. Su posicionamiento es psicosocial, no psicológico.
La Psicología Social no es una Sub-Disciplina de la Psicología, Pichon Riviere postula algo diferente, en donde hay encuentros, que fueron asimilados instrumentalmente en su propio Esquema Conceptual Referencial y Operativo, que lo llama ECRO convergente, pero también desencuentros, los cuales por necesidad se independizaron, de toda una línea de pensamiento ortodoxo casi religioso, como fue y es el movimiento Freudiano en la Argentina, con el que convivimos. Diferencias que parten de la propia concepción de Sujeto, para unos de DESEO para Pichon Riviere de NECESIDAD. Recién en la democracia del 1983 la Escuela de Psicología Social, tiene su auge y se nutrió de muchos docentes que se formaron en la clandestinidad, como Gladys Adamson, Ana Quiroga, Vicente Zito Lema, José Bleger, Tato Pavlowsky, Armando Bauleo, Fernando Ulloa, Alfredo Moffatt, entre otros.
Licenciados y Operadores en Psicología Social trabajan en el campo de las interacciones humanas, en sus redes vinculares, sujeto a condiciones históricas, sociales, económicas y políticas dando cuenta de las marcas que lo colectivo deja en la vida cotidiana con un enfoque que le es propio, particular al momento de observar los fenómenos y relaciones que nos permite desplegar esa visión psicosocial y operar en consecuencia.
Pensamos que existen diferencias (invisibilizadas en esta contienda) de posicionamiento metodológico, técnico y teórico en cada uno de los campos, el de la psicología y el de la psicología social. Diferencias que significan la formación y el desempeño de nuestros profesionales
Nuestra tarea es de carácter promocional, preventivo y asistencial; atendemos situaciones ligadas a confrontación de intereses y desencuentros, a modalidades de ejercicio del poder que hacen desaparecer lo diferente y producen sufrimiento humano que se expresan particularmente en los grupos, organizaciones y comunidades, desligados de lo psicopatológico y la clínica. Nuestra actividad profesional, donde sea que se desarrolle, tiende a promover y potenciar la actividad creativa, el protagonismo de los grupos, organizaciones, comunidades e individuos, estimulando la cooperación, solidaridad y compromiso. Tarea orientada a la selección y articulación de acciones necesarias para la búsqueda de respuestas acordes a los objetivos planteados por los grupos que demandan y en el contexto de la realidad social en la que se desenvuelven.
No existe un único saber psicológico que por otra parte es “distribuido” por una única Institución legítima: La Universidad; y que por lo tanto, todas aquellas otras prácticas profesionales derivadas de otras instituciones quedan subsumidas al campo del poder-saber-enjuiciamiento de aquellos que ostentan la legitimidad desde el “hábitus” normativo del deber ser, que responde a sus propios criterios, lógicas de verdad e intereses.
La Psicología Social es independiente como disciplina científica ; por lo tanto, no es una especialidad de la Psicología. Su posicionamiento es psicosocial, no psicológico.
La Psicología Social no es una Sub-Disciplina de la Psicología, Pichon Riviere postula algo diferente, en donde hay encuentros, que fueron asimilados instrumentalmente en su propio Esquema Conceptual Referencial y Operativo, que lo llama ECRO convergente, pero también desencuentros, los cuales por necesidad se independizaron, de toda una línea de pensamiento ortodoxo casi religioso, como fue y es el movimiento Freudiano en la Argentina, con el que convivimos. Diferencias que parten de la propia concepción de Sujeto, para unos de DESEO para Pichon Riviere de NECESIDAD. Recién en la democracia del 1983 la Escuela de Psicología Social, tiene su auge y se nutrió de muchos docentes que se formaron en la clandestinidad, como Gladys Adamson, Ana Quiroga, Vicente Zito Lema, José Bleger, Tato Pavlowsky, Armando Bauleo, Fernando Ulloa, Alfredo Moffatt, entre otros.
Licenciados y Operadores en Psicología Social trabajan en el campo de las interacciones humanas, en sus redes vinculares, sujeto a condiciones históricas, sociales, económicas y políticas dando cuenta de las marcas que lo colectivo deja en la vida cotidiana con un enfoque que le es propio, particular al momento de observar los fenómenos y relaciones que nos permite desplegar esa visión psicosocial y operar en consecuencia.
Pensamos que existen diferencias (invisibilizadas en esta contienda) de posicionamiento metodológico, técnico y teórico en cada uno de los campos, el de la psicología y el de la psicología social. Diferencias que significan la formación y el desempeño de nuestros profesionales
Nuestra tarea es de carácter promocional, preventivo y asistencial; atendemos situaciones ligadas a confrontación de intereses y desencuentros, a modalidades de ejercicio del poder que hacen desaparecer lo diferente y producen sufrimiento humano que se expresan particularmente en los grupos, organizaciones y comunidades, desligados de lo psicopatológico y la clínica. Nuestra actividad profesional, donde sea que se desarrolle, tiende a promover y potenciar la actividad creativa, el protagonismo de los grupos, organizaciones, comunidades e individuos, estimulando la cooperación, solidaridad y compromiso. Tarea orientada a la selección y articulación de acciones necesarias para la búsqueda de respuestas acordes a los objetivos planteados por los grupos que demandan y en el contexto de la realidad social en la que se desenvuelven.
No existe un único saber psicológico que por otra parte es “distribuido” por una única Institución legítima: La Universidad; y que por lo tanto, todas aquellas otras prácticas profesionales derivadas de otras instituciones quedan subsumidas al campo del poder-saber-enjuiciamiento de aquellos que ostentan la legitimidad desde el “hábitus” normativo del deber ser, que responde a sus propios criterios, lógicas de verdad e intereses.
Históricamente en nuestro país los claustros universitarios fueron los formadores de dirigentes y se constituyeron en una herramienta de la política pública del estado que, con su raíz liberal, aglutinó a los hijos de las clases privilegiadas dejando para los sectores medios y bajos las formaciones profesionales no universitarias.
Con el paso del tiempo y gracias a la lucha de estos sectores y el reconocimiento de los derechos humanos a la educación, hoy nuestro país cuenta con una legislación educativa que alberga y reconoce múltiples formaciones y modalidades (Ley Nacional de Educación Nº26206 , Ley de Educación Superior Nº24521 , Ley de Educación Técnico Profesional Nº 26058).
Todas las instituciones que otorgan títulos Terciarios Oficiales de Nivel Superior no universitario están contempladas en dichas leyes e implementan sus formaciones y titulaciones ajustándose a la normativa vigente.
Con el paso del tiempo y gracias a la lucha de estos sectores y el reconocimiento de los derechos humanos a la educación, hoy nuestro país cuenta con una legislación educativa que alberga y reconoce múltiples formaciones y modalidades (Ley Nacional de Educación Nº26206 , Ley de Educación Superior Nº24521 , Ley de Educación Técnico Profesional Nº 26058).
Todas las instituciones que otorgan títulos Terciarios Oficiales de Nivel Superior no universitario están contempladas en dichas leyes e implementan sus formaciones y titulaciones ajustándose a la normativa vigente.
Existen, sin embargo, antiguos poseedores del saber hegemónico que siguen defendiendo viejos paradigmas que cercenan, discriminan y hacen aparecer lo propio como única variable de calidad educativa y como único indicador de profesionalidad.
Por otro lado, el Ministerio de Educación de la Nación aprueba contenidos curriculares básicos, carga horaria, criterios de formación práctica, estándares para la acreditación e incumbencias, sin que esto signifique que las actividades e incumbencias aprobadas para cada carrera sean exclusivas de la misma. Del mismo modo, en el caso de los Títulos universitarios de Psicólogo o Lic. en Psicología la ley del ejercicio profesional del psicólogo establecen incumbencias propias pero no exclusivas de la profesión.
Por otro lado, el Ministerio de Educación de la Nación aprueba contenidos curriculares básicos, carga horaria, criterios de formación práctica, estándares para la acreditación e incumbencias, sin que esto signifique que las actividades e incumbencias aprobadas para cada carrera sean exclusivas de la misma. Del mismo modo, en el caso de los Títulos universitarios de Psicólogo o Lic. en Psicología la ley del ejercicio profesional del psicólogo establecen incumbencias propias pero no exclusivas de la profesión.
La complejidad del mundo actual hace que una misma situación u objeto de estudio pueda ser abordado desde la perspectiva de diversas disciplinas lo que implica actores, metodologías y prácticas diferenciadas pero no necesariamente subordinación de saberes.
Es necesario entonces discriminar campos disciplinarios de prácticas propias de cada formación que pueden tener o no objetos de estudio e intervención compartidos.
En este sentido, calificar de “intervenciones mal realizadas” a las prácticas de egresados no universitarios da cuenta, no solo de un acto de discriminación profesional sino que obliga a interrogar desde qué lugar se realiza este juicio.
El solo hecho de compartir una situación o rasgo de un objeto de estudio, no da herramientas para evaluar las prácticas que desde otras formaciones se puedan realizar.
Más aun, desconocer la legitimidad de otras prácticas propias de otras formaciones hace también al desconocimiento de las instituciones que legítimamente las acreditan y les otorgan validez y reconocimiento.
Es necesario entonces discriminar campos disciplinarios de prácticas propias de cada formación que pueden tener o no objetos de estudio e intervención compartidos.
En este sentido, calificar de “intervenciones mal realizadas” a las prácticas de egresados no universitarios da cuenta, no solo de un acto de discriminación profesional sino que obliga a interrogar desde qué lugar se realiza este juicio.
El solo hecho de compartir una situación o rasgo de un objeto de estudio, no da herramientas para evaluar las prácticas que desde otras formaciones se puedan realizar.
Más aun, desconocer la legitimidad de otras prácticas propias de otras formaciones hace también al desconocimiento de las instituciones que legítimamente las acreditan y les otorgan validez y reconocimiento.
Considerar que desde la realización de prácticas de egresados no universitarios “resulta vulnerado el derecho a la salud”, implica vulnerar el derecho a la libertad individual al estudio y al trabajo de quienes eligen formarse en carreras terciarias no universitarias y el derecho a elegir de quienes demandan los servicios de estos egresados no universitarios. Por otra parte, el derecho a la salud, está íntimamente ligado al concepto de salud, que obviamente es multidimensional y admite acentos propios de cada disciplina o área del saber.
Una vez más la impronta de la hegemonía del saber unívoco y certero capaz de naturalizar los lugares del saber y del no saber, del poder , del decir, del decidir e indicar lo que es bueno y malo para los otros , que no saben, que no pueden, que no pertenecen.
Una vez más la impronta de la hegemonía del saber unívoco y certero capaz de naturalizar los lugares del saber y del no saber, del poder , del decir, del decidir e indicar lo que es bueno y malo para los otros , que no saben, que no pueden, que no pertenecen.
3) Fundamentos académicos
El ejercicio del empleo y facultades que se tienen y ejercen públicamente en el campo de la Psicología Social se encuentra inscripto entre las llamadas profesiones liberales.
La Psicología Social es una profesión de competencia científica cuya jurisdicción tiene origen en la habitualidad de su estudio, pues se ha venido realizando en el campo de las ciencias sociales en los Estados Unidos desde 1945 y en la República Argentina desde el año 1953.
Sustentada en una concepción específica sobre las interrelaciones humanas y sociales, metodológicamente apela a la investigación en general y a la investigación acción en particular.
La Psicología Social es una profesión de competencia científica cuya jurisdicción tiene origen en la habitualidad de su estudio, pues se ha venido realizando en el campo de las ciencias sociales en los Estados Unidos desde 1945 y en la República Argentina desde el año 1953.
Sustentada en una concepción específica sobre las interrelaciones humanas y sociales, metodológicamente apela a la investigación en general y a la investigación acción en particular.
El fundador de esta disciplina en Argentina fue Enrique Pichon Riviere uno de los promotores del psicoanálisis en nuestro país. Que junto a Garma, Carcano y Rascovsky fundan A.P.A. La Asociación Psicoanalítica Argentina. El 15 de Diciembre de 1942 luego más tarde decide abandonar y abocarse a su propia Escuela de Psicología Social. Creador de un marco teórico, metodológico y epistemológico propio.
Desarrolla la teoría del vínculo y comienza a abordar al sujeto en sus condiciones concretas de existencia y cotidianeidad. Comienza a ver al sujeto como protagonista de su propia historia, como agente productor y producido, de una trama vincular.
La Psicología Social es una disciplina que nace en la modernidad, cuando el desarrollo socio-histórico pone en primer plano en el análisis filosófico (Hegel, Marx, Comte, etc.) y científico (Durkheim, entre otros), las problemáticas de la historia, el hombre y la sociedad.
Los fundamentos académicos del Psicólogo Social, Operador en Psicología Social y otras modalidades, están dados por los aportes de Kurt Lewin, Wilhelm Wundt, Floyd Allport, Margaret Mead, Gustave Le Bon, Sigmund Freud, Melanie Klein, Robert Baron, Cornelius Castoriadis, Frederick Munné, David Whitaker, Vander Zanden, Jean Leon Beavois, Serge Moscovici, Stanley Milgram entre los extranjeros y entre los argentinos Enrique Pichon Riviere, José Bleger, Fernando Ulloa, Armando Bauleo, Alfredo Moffatt, Ana Quiroga, etc.
Los profesionales de la Psicología Social trabajan en el campo de las interrelaciones sociales y humanas, en las redes vinculares en sus diversos niveles de análisis (vínculos, grupos, organizaciones, comunidades y sociedad toda), sujetas a condiciones históricas, sociales, culturales, económicas y políticas, dando cuenta de las marcas que lo colectivo deja a la vez en la subjetividad y en la vida cotidiana.
Se trata de una disciplina cuyo estudio amerita una formación teórica, metodológica y técnica que instrumenta para incidir social y organizativamente en situaciones cuyos protagonistas requieran un cambio o una transformación de las interrelaciones sociales y humanas. Su fin es el de facilitar los modos de interrelación y la potenciación del capital social disponible, en pos de que los conjuntos y las personas incluidas en dichas instancias logren elevar su calidad de vida y la excelencia en sus procesos compartidos. Así también, aborda los síntomas ligados a conflictos propios de las interrelaciones humanas y sociales en esas instancias.
La actividad profesional del psicólogo social, donde sea que se desarrolle, tiende a promover y a potenciar la actividad creativa, el protagonismo de las personas, los grupos, organizaciones, comunidades, estimulando la cooperación, solidaridad y compromiso con los objetivos compartidos. Orientados a la selección y articulación de acciones necesarias para la búsqueda de respuestas acordes a los objetivos planteados por ellos y en el contexto de la realidad social en la que se desenvuelven.
Su objeto de estudio son las tramas vinculares en sus diversos niveles de análisis, desde una perspectiva compleja, crítica, multireferenciada y con atravesamientos culturales, como por ejemplo el de género, religión, etnia, entre otros.
Sus dominios de intervención son las tramas vinculares, grupos, instituciones, organizaciones, comunidades y sociedad toda, con la finalidad de propiciar y fortalecer el desarrollo del capital social y capacidades y competencias humanas dirigidas a mejorar la calidad de vida en los diferentes espacios y contextos sociales
Desde los paradigmas de la complejidad podemos considerar a la Psicología Social como una disciplina que aborda como “objeto de estudio” una unidad compleja, dado que se trata de la interacción humana misma, considerada como construcción social simbólica y colectiva, que se manifiesta en los distintos niveles de análisis (individual, grupal, organizacional, comunitario, institucional, social).
En cambio, desde las perspectivas propias de los paradigmas de la simplicidad, el objeto de estudio de la Psicología Social es un objeto de estudio que “no existe”, porque los paradigmas de la simplicidad consideran como “objetos de estudio” aquellos pasibles de ser considerados independientemente de sus conexiones con el entorno: el individuo psíquico y la estructura social (abordados por la Psicología y la Sociología respectivamente) por ejemplo. De modo que dichos paradigmas son ciegos tanto a las interrelaciones como a las emergencias de las interacciones (sujeto social e interrelaciones significativas, la multidimensionalidad de lo humano…), que son justamente, lo que estudia la Psicología Social.
Para Pichón Rivière la Psicología Social es la ciencia “de las interacciones orientada hacia el cambio social planificado;” del vínculo y otras formas de interacción; de la realidad dialéctica entre estructura social y configuración del mundo interno del sujeto. Desde estas definiciones, surge el estudio y abordaje de un fenómeno que es un proceso complejo.
Desarrolla la teoría del vínculo y comienza a abordar al sujeto en sus condiciones concretas de existencia y cotidianeidad. Comienza a ver al sujeto como protagonista de su propia historia, como agente productor y producido, de una trama vincular.
La Psicología Social es una disciplina que nace en la modernidad, cuando el desarrollo socio-histórico pone en primer plano en el análisis filosófico (Hegel, Marx, Comte, etc.) y científico (Durkheim, entre otros), las problemáticas de la historia, el hombre y la sociedad.
Los fundamentos académicos del Psicólogo Social, Operador en Psicología Social y otras modalidades, están dados por los aportes de Kurt Lewin, Wilhelm Wundt, Floyd Allport, Margaret Mead, Gustave Le Bon, Sigmund Freud, Melanie Klein, Robert Baron, Cornelius Castoriadis, Frederick Munné, David Whitaker, Vander Zanden, Jean Leon Beavois, Serge Moscovici, Stanley Milgram entre los extranjeros y entre los argentinos Enrique Pichon Riviere, José Bleger, Fernando Ulloa, Armando Bauleo, Alfredo Moffatt, Ana Quiroga, etc.
Los profesionales de la Psicología Social trabajan en el campo de las interrelaciones sociales y humanas, en las redes vinculares en sus diversos niveles de análisis (vínculos, grupos, organizaciones, comunidades y sociedad toda), sujetas a condiciones históricas, sociales, culturales, económicas y políticas, dando cuenta de las marcas que lo colectivo deja a la vez en la subjetividad y en la vida cotidiana.
Se trata de una disciplina cuyo estudio amerita una formación teórica, metodológica y técnica que instrumenta para incidir social y organizativamente en situaciones cuyos protagonistas requieran un cambio o una transformación de las interrelaciones sociales y humanas. Su fin es el de facilitar los modos de interrelación y la potenciación del capital social disponible, en pos de que los conjuntos y las personas incluidas en dichas instancias logren elevar su calidad de vida y la excelencia en sus procesos compartidos. Así también, aborda los síntomas ligados a conflictos propios de las interrelaciones humanas y sociales en esas instancias.
La actividad profesional del psicólogo social, donde sea que se desarrolle, tiende a promover y a potenciar la actividad creativa, el protagonismo de las personas, los grupos, organizaciones, comunidades, estimulando la cooperación, solidaridad y compromiso con los objetivos compartidos. Orientados a la selección y articulación de acciones necesarias para la búsqueda de respuestas acordes a los objetivos planteados por ellos y en el contexto de la realidad social en la que se desenvuelven.
Su objeto de estudio son las tramas vinculares en sus diversos niveles de análisis, desde una perspectiva compleja, crítica, multireferenciada y con atravesamientos culturales, como por ejemplo el de género, religión, etnia, entre otros.
Sus dominios de intervención son las tramas vinculares, grupos, instituciones, organizaciones, comunidades y sociedad toda, con la finalidad de propiciar y fortalecer el desarrollo del capital social y capacidades y competencias humanas dirigidas a mejorar la calidad de vida en los diferentes espacios y contextos sociales
Desde los paradigmas de la complejidad podemos considerar a la Psicología Social como una disciplina que aborda como “objeto de estudio” una unidad compleja, dado que se trata de la interacción humana misma, considerada como construcción social simbólica y colectiva, que se manifiesta en los distintos niveles de análisis (individual, grupal, organizacional, comunitario, institucional, social).
En cambio, desde las perspectivas propias de los paradigmas de la simplicidad, el objeto de estudio de la Psicología Social es un objeto de estudio que “no existe”, porque los paradigmas de la simplicidad consideran como “objetos de estudio” aquellos pasibles de ser considerados independientemente de sus conexiones con el entorno: el individuo psíquico y la estructura social (abordados por la Psicología y la Sociología respectivamente) por ejemplo. De modo que dichos paradigmas son ciegos tanto a las interrelaciones como a las emergencias de las interacciones (sujeto social e interrelaciones significativas, la multidimensionalidad de lo humano…), que son justamente, lo que estudia la Psicología Social.
Para Pichón Rivière la Psicología Social es la ciencia “de las interacciones orientada hacia el cambio social planificado;” del vínculo y otras formas de interacción; de la realidad dialéctica entre estructura social y configuración del mundo interno del sujeto. Desde estas definiciones, surge el estudio y abordaje de un fenómeno que es un proceso complejo.
”. El objeto de conocimiento y de intervención de la Psicología Social es la interacción social considerada colectivamente en cada momento histórico-social; la cual se manifestará en las situaciones concretas, en distintos niveles de análisis (e intervención): individual, grupal, organizacional, comunitario, institucional, social…
Dicho de otra manera, la relación entre estructura social y configuración del mundo interno del sujeto, relación que es abordada a través de la noción de vínculo”. No se refiere ni al sujeto (ni al mundo interno), ni a la estructura social, sino a la relación entre ambas instancias. Esa relación se establece por el vínculo y las tramas vinculares (interacción humana colectiva y simbólica), pero se torna “invisible” bajo los paradigmas de la simplicidad, dado que desde esa perspectiva las ciencias se ocupan de estudiar objetos en tanto recortes de la realidad, sin movimiento y aislados de todo lo demás (condiciones que no puede cumplir el objeto que postula Pichon Riviere).
Es ésta una característica del marco teórico de la Psicología Social que se suma a las dificultades a la hora de consolidar su legitimación a nivel académico. Sin embargo, es justamente ésta una de las características que impulsan el desarrollo teórico, institucional y profesional de la Psicología Social en contextos de fluctuaciones y cambios como el actual. El “objeto de conocimiento” propio de la Psicología Social se torna visible (e importantísimo) desde la perspectiva de los paradigmas de la complejidad.
Pichon Riviere plantea que la relación entre estructura social y configuración del mundo interno es abordada por la Psicología Social desde la noción de vínculo, que es uno de los modos de la interacción social. Pero también plantea que la Psicología Social es la ciencia del vínculo y otras formas de interacción. Es decir que formula el objeto de estudio (e intervención) de la Psicología Social tanto desde la lógica de los paradigmas de la simplicidad, como desde los de la complejidad (posteriores a su propia época).
4)
Por todo lo expuesto solicitamos a particulares/ instituciones de abstenerse de hacer circular informaciones falsas o interpretaciones carentes de sustento legal o fáctico, bajo apercibimiento de denunciar, demandar por daños y perjuicios y querellar penalmente a quienes violen las normas constitucionales anteriormente enunciados
Es ésta una característica del marco teórico de la Psicología Social que se suma a las dificultades a la hora de consolidar su legitimación a nivel académico. Sin embargo, es justamente ésta una de las características que impulsan el desarrollo teórico, institucional y profesional de la Psicología Social en contextos de fluctuaciones y cambios como el actual. El “objeto de conocimiento” propio de la Psicología Social se torna visible (e importantísimo) desde la perspectiva de los paradigmas de la complejidad.
Pichon Riviere plantea que la relación entre estructura social y configuración del mundo interno es abordada por la Psicología Social desde la noción de vínculo, que es uno de los modos de la interacción social. Pero también plantea que la Psicología Social es la ciencia del vínculo y otras formas de interacción. Es decir que formula el objeto de estudio (e intervención) de la Psicología Social tanto desde la lógica de los paradigmas de la simplicidad, como desde los de la complejidad (posteriores a su propia época).
4)
Por todo lo expuesto solicitamos a particulares/ instituciones de abstenerse de hacer circular informaciones falsas o interpretaciones carentes de sustento legal o fáctico, bajo apercibimiento de denunciar, demandar por daños y perjuicios y querellar penalmente a quienes violen las normas constitucionales anteriormente enunciados
APSRA Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina
¿Qué es el ABUSO SEXUAL INFANTIL?
¿Qué es el ABUSO SEXUAL INFANTIL?
Todo acto de naturaleza sexual en el que son comprometidos sujetos que se encuentran por debajo de la edad de consentimiento y cuyo fin principal es la gratificación sexual de la persona sexualmente madura, es considerado Abuso Sexual Infantil
Indicadores Físicos de Abuso Sexual
• Dificultad para caminar o sentarse.
• Dolor, hinchazón o picazón en la zona genital.
• Dolor al orinar.
• Enfermedades transmitidas sexualmente.
• Contusiones, laceraciones o sangramiento en los genitales externos.
• Embarazo especialmente en la adolescencia.
• Dificultad para caminar o sentarse.
• Dolor, hinchazón o picazón en la zona genital.
• Dolor al orinar.
• Enfermedades transmitidas sexualmente.
• Contusiones, laceraciones o sangramiento en los genitales externos.
• Embarazo especialmente en la adolescencia.
Indicadores de comportamiento
Reacciones similares a las precipitadas por cualquier otro stress severo
• Comportamiento regresivo en niños pequeños (mojan la cama, se chupan el dedo, etc.
• Miedos repentinos o fobias, (a la oscuridad, a los hombres, etc.)
• Cambio en el rendimiento escolar.
• Cambios notorios en la personalidad, (depresión, ira, hostilidad, agresión)
• Ideas o intentos suicidas.
• Abuso de drogas o alcohol.
• Fugas del hogar.
• Conductas autodestructivas.
Reacciones similares a las precipitadas por cualquier otro stress severo
• Comportamiento regresivo en niños pequeños (mojan la cama, se chupan el dedo, etc.
• Miedos repentinos o fobias, (a la oscuridad, a los hombres, etc.)
• Cambio en el rendimiento escolar.
• Cambios notorios en la personalidad, (depresión, ira, hostilidad, agresión)
• Ideas o intentos suicidas.
• Abuso de drogas o alcohol.
• Fugas del hogar.
• Conductas autodestructivas.
Reacciones directamente relacionadas con el Abuso Sexual Infantil
• Relato de abuso sexual de parte del niño.
• Conocimiento y comportamiento sexual raro, sofisticado o inusual.
• Comportamiento seductivo manifiesto.
• Juego sexual no apropiado para la edad.
• Dibujos de naturaleza sexual.
• Masturbación compulsiva.
• Promiscuidad.
• Prostitución.
• Confusión en cuanto a la identidad y normas sexuales.
• Repliegue de los amigos.
• Desconfianza extrema.
• Relato de abuso sexual de parte del niño.
• Conocimiento y comportamiento sexual raro, sofisticado o inusual.
• Comportamiento seductivo manifiesto.
• Juego sexual no apropiado para la edad.
• Dibujos de naturaleza sexual.
• Masturbación compulsiva.
• Promiscuidad.
• Prostitución.
• Confusión en cuanto a la identidad y normas sexuales.
• Repliegue de los amigos.
• Desconfianza extrema.
Cómo enfrentar la situación de abuso con el niño
QUÉ HACER
• Antes de cualquier intervención solicitar asesoramiento profesional.
• Asegurarse de que quien interrogue al niño sea alguien en el que él confíe.
• Asegurarse que el docente que intervenga sea el más capacitado.
• Asegurarse que el develamiento se haga en un lugar tranquilo sentarse al lado del niño, no frente de él.
• Decirle al niño que esta conversación es privada, pero que por tratarse de un problema serio, el colegio deberá denunciar lo ocurrido a la justicia.
• Realizar preguntas y mantener una conversación en el lenguaje más comprensible para el alumno.
Si algún término no se entiende, pedir al alumno que trate de clarificarlo.
QUÉ HACER
• Antes de cualquier intervención solicitar asesoramiento profesional.
• Asegurarse de que quien interrogue al niño sea alguien en el que él confíe.
• Asegurarse que el docente que intervenga sea el más capacitado.
• Asegurarse que el develamiento se haga en un lugar tranquilo sentarse al lado del niño, no frente de él.
• Decirle al niño que esta conversación es privada, pero que por tratarse de un problema serio, el colegio deberá denunciar lo ocurrido a la justicia.
• Realizar preguntas y mantener una conversación en el lenguaje más comprensible para el alumno.
Si algún término no se entiende, pedir al alumno que trate de clarificarlo.
QUÉ NO HACER
• Descalificar o criticar lo que dice el Niño.
• Sugerir las respuestas Presionar si es que no responde las preguntas.
• Dejar traslucir que nos impresionamos por lo sucedido, por su conducta, o la de sus padres
• Presionar o forzar para que el niño se quite las ropas.
• Interrogar al niño con otros docentes dejar al niño solo o en compañía de un extraño
• Descalificar o criticar lo que dice el Niño.
• Sugerir las respuestas Presionar si es que no responde las preguntas.
• Dejar traslucir que nos impresionamos por lo sucedido, por su conducta, o la de sus padres
• Presionar o forzar para que el niño se quite las ropas.
• Interrogar al niño con otros docentes dejar al niño solo o en compañía de un extraño
Cómo enfrentar la situación de abuso con los padres
QUÉ HACER
o Identificar al adulto protector para mantener una charla con él sobre el niño.
o Mantener la charla en un lugar privado.
o Ser lo más directo y honesto posible.
o Avisar a los padres que la escuela, por la responsabilidad que le compete, debe efectuar la denuncia.
QUÉ NO HACER
o Tratar de probar que hubo maltrato.
o Demostrar angustia, horror o desaprobación ante la situación.
o Hacer juicios sobre el niño, sus tutores o la relación.
o Interrogar sobre asuntos familia que no tengan que ver con la situación específica
QUÉ HACER
o Identificar al adulto protector para mantener una charla con él sobre el niño.
o Mantener la charla en un lugar privado.
o Ser lo más directo y honesto posible.
o Avisar a los padres que la escuela, por la responsabilidad que le compete, debe efectuar la denuncia.
QUÉ NO HACER
o Tratar de probar que hubo maltrato.
o Demostrar angustia, horror o desaprobación ante la situación.
o Hacer juicios sobre el niño, sus tutores o la relación.
o Interrogar sobre asuntos familia que no tengan que ver con la situación específica
¿Qué es lo que se debe hacer ante el conocimiento del hecho?
Todos debemos denunciar situaciones de maltrato infantil de las que tomemos conocimiento, inclusive la sospecha del mismo, pero los docentes estamos obligados por ley a hacerlo. Es muy importante saber que podemos realizar la denuncia anónimamente a los siguientes lugares:
• Juzgado de Paz
• Comisaría más cercana
• 102 (línea de los chicos, 24 horas)
• Juzgado de Familia
• Fiscalía
Para pedir asesoramiento en relación a la temática y realizar tratamiento propiamente dicho, se pueden comunicar con:
• Grupo de alto riesgo del hospital de niños. " Doctor Humberto Notti" Mendoza.
• Programa de Asistencia a Víctimas de Delitos .Tel: 0261 - 4391591.
Todos debemos denunciar situaciones de maltrato infantil de las que tomemos conocimiento, inclusive la sospecha del mismo, pero los docentes estamos obligados por ley a hacerlo. Es muy importante saber que podemos realizar la denuncia anónimamente a los siguientes lugares:
• Juzgado de Paz
• Comisaría más cercana
• 102 (línea de los chicos, 24 horas)
• Juzgado de Familia
• Fiscalía
Para pedir asesoramiento en relación a la temática y realizar tratamiento propiamente dicho, se pueden comunicar con:
• Grupo de alto riesgo del hospital de niños. " Doctor Humberto Notti" Mendoza.
• Programa de Asistencia a Víctimas de Delitos .Tel: 0261 - 4391591.
INDICADORES DE ABUSO SEXUAL INFANTIL
La mayoría de los niños y niñas que están siendo victimas de ABUSO SEXUAL no se lo cuentan a nadie porque creen que la gente va pensar que no es verdad. A veces desconocen el vocabulario necesario para hablar sobre el tema y por lo tanto no pueden expresarse verbalmente, pero lo hacen mediante algunos cambios en su comportamiento. Debemos estar alerta cuando un niño o una niña comienza a manifestar varios de los comportamientos que se mencionan en la lista de indicadores.
Abordar esta problemática genera angustia. No solo por enfrentarnos al dolor de la victima, sino porque nos exponemos a la indiferencia, la impunidad y el desconocimiento que logra muchas veces paralizarnos. La intervención precavida promoverá en el niño un camino distinto al mundo de relaciones con el adulto y un encuentro con su cuerpo muy diferente.
Abordar esta problemática genera angustia. No solo por enfrentarnos al dolor de la victima, sino porque nos exponemos a la indiferencia, la impunidad y el desconocimiento que logra muchas veces paralizarnos. La intervención precavida promoverá en el niño un camino distinto al mundo de relaciones con el adulto y un encuentro con su cuerpo muy diferente.
INDICADORES de Abuso Sexual o en Situación de Riesgo
INDICADORES EN LOS NIÑOS
Físicos, Médicos y Comportamiento
Dificultad para caminar o sentarse
Ropa Interior destrozada ó manchada con sangre
Embarazo especialmente en la adolescencia
Indicadores Médicos, Contusiones, sangramiento, laceración en los genitales, ano
Picazón o malestar genital o rectal
Marca de mordidas humanas, Marcas de Estrangulación en cuello y/o muñeca, Enfermedad Venérea
Dolor al Orinar
Conducta Sexual, juegos y conocimientos inapropiados para su edad
Pasivo, Introvertido, Precoz, Provocativo; Antisocial, Destructivo, Seductor
Preocupación por sus Órganos Sexuales o de otros niños.
Tiene poco amigos ó repliega a los amigos
Terror a algunas personas en algunos lugares
Respuesta ilógicas si se les pregunta acerca de alguna herida en sus genitales.
Dibujos tétricos con excesos de Rojos y Negros
Conciencia repentina de sus Genitales, o palabras o actos relacionados con el Sexo.
Confusión en cuanto a la identidad y normas sexuales
Masturbación Compulsiva, Promiscuidad, Prostitución
Relaciones entre niño y adulto secreta, reservada y excluyente
INDICADORES EN LOS NIÑOS
Físicos, Médicos y Comportamiento
Dificultad para caminar o sentarse
Ropa Interior destrozada ó manchada con sangre
Embarazo especialmente en la adolescencia
Indicadores Médicos, Contusiones, sangramiento, laceración en los genitales, ano
Picazón o malestar genital o rectal
Marca de mordidas humanas, Marcas de Estrangulación en cuello y/o muñeca, Enfermedad Venérea
Dolor al Orinar
Conducta Sexual, juegos y conocimientos inapropiados para su edad
Pasivo, Introvertido, Precoz, Provocativo; Antisocial, Destructivo, Seductor
Preocupación por sus Órganos Sexuales o de otros niños.
Tiene poco amigos ó repliega a los amigos
Terror a algunas personas en algunos lugares
Respuesta ilógicas si se les pregunta acerca de alguna herida en sus genitales.
Dibujos tétricos con excesos de Rojos y Negros
Conciencia repentina de sus Genitales, o palabras o actos relacionados con el Sexo.
Confusión en cuanto a la identidad y normas sexuales
Masturbación Compulsiva, Promiscuidad, Prostitución
Relaciones entre niño y adulto secreta, reservada y excluyente
EN LOS ADULTOS
Comportamiento y Estresores
Dominante, Disciplinariamente rígidos
Aparta al Niño del contacto con Amigos
Aparta al menor de evaluaciones Psicológicas
Usa Diferentes Instituciones Médicas
Puede identificar al menor como su cónyuge sustituto
Excesivamente Protector o Celoso del Menor
Falta de Cooperación
Historial de Abuso Sexual de los Padres cuando eran niños
Patrón de Incesto Intergeneracional
Problemas Matrimoniales, Sexuales, Divorcio, Separación
Ausencia prolongada de uno de los Padres
Abuso de Drogas ó Alcohol
Comportamiento y Estresores
Dominante, Disciplinariamente rígidos
Aparta al Niño del contacto con Amigos
Aparta al menor de evaluaciones Psicológicas
Usa Diferentes Instituciones Médicas
Puede identificar al menor como su cónyuge sustituto
Excesivamente Protector o Celoso del Menor
Falta de Cooperación
Historial de Abuso Sexual de los Padres cuando eran niños
Patrón de Incesto Intergeneracional
Problemas Matrimoniales, Sexuales, Divorcio, Separación
Ausencia prolongada de uno de los Padres
Abuso de Drogas ó Alcohol
Abuso Sexual en adolescentes y mujeres adultas abusadas en su infancia
La experiencia de agresión sexual lleva inicialmente a los niños a experimentar una serie de sentimientos confusos y abrumadores que influyen en la percepción de sí mismos: puede considerarse mala y sucia, a avergonzarse por haber sido víctima del abuso. Debe mantener secreto alentado por el agresor así como conflicto de lealtades. Basada en estas experiencias, desarrolla sus propios mecanismos para afrontar la vida: el secreto, la reserva, la vergüenza, fortalecen sus sentimientos y su opinión negativa sobre sí misma. El ultrajador generalmente niega su responsabilidad.
El abuso sexual intrafamiliar es practicado generalmente por un personaje insospechable del entorno familiar ,generalmente masculino.
Defino al abuso sexual como una violación hacia el otro, ya que vulnera y viola el derecho del otro a elegir y defenderse en igualdad de condiciones ejerciendo abuso de poder tanto físico como psíquico. sobre la víctima.
Por ello se genera en la cabeza de la víctima un ruido enloquecedor, producto de lo siniestro, que no cabe en la cabeza. Cuando ello ocurre, lo familiar se torna extraño y produce pánico y confusión. Lo que debía significar un acto de amor se transforma en expresión de odio, confusión, miedo y es causa de padecimiento. (Eva Giberti)
Estos sentimientos operan profundamente en la percepción que los niños tienen de sí mismos. Puede considerarse: mala, sucia y avergonzarse por haber sido víctima del abuso sexual, alentada por el agresor para que el acto permanecerá en secreto. Esta situación también triangula perversamente a la víctima con su madre. y la coloca en una trampa emocional y psíquica en espiral creciente a través del secreto.
El contexto familiar puede convertirse en un sistema de apoyo vital para estas interacciones y opiniones que continúan teniendo efecto negativo en su imagen y en su experiencia de las relaciones.
NINGUN NIÑO o ADOLESCENTE ES CULPABLE DE HABER PROVOCADO EL ABUSO.
Focalizar en el potencial positivo y de cambio que poseemos por ser personas.
La experiencia de agresión sexual lleva inicialmente a los niños a experimentar una serie de sentimientos confusos y abrumadores que influyen en la percepción de sí mismos: puede considerarse mala y sucia, a avergonzarse por haber sido víctima del abuso. Debe mantener secreto alentado por el agresor así como conflicto de lealtades. Basada en estas experiencias, desarrolla sus propios mecanismos para afrontar la vida: el secreto, la reserva, la vergüenza, fortalecen sus sentimientos y su opinión negativa sobre sí misma. El ultrajador generalmente niega su responsabilidad.
El abuso sexual intrafamiliar es practicado generalmente por un personaje insospechable del entorno familiar ,generalmente masculino.
Defino al abuso sexual como una violación hacia el otro, ya que vulnera y viola el derecho del otro a elegir y defenderse en igualdad de condiciones ejerciendo abuso de poder tanto físico como psíquico. sobre la víctima.
Por ello se genera en la cabeza de la víctima un ruido enloquecedor, producto de lo siniestro, que no cabe en la cabeza. Cuando ello ocurre, lo familiar se torna extraño y produce pánico y confusión. Lo que debía significar un acto de amor se transforma en expresión de odio, confusión, miedo y es causa de padecimiento. (Eva Giberti)
Estos sentimientos operan profundamente en la percepción que los niños tienen de sí mismos. Puede considerarse: mala, sucia y avergonzarse por haber sido víctima del abuso sexual, alentada por el agresor para que el acto permanecerá en secreto. Esta situación también triangula perversamente a la víctima con su madre. y la coloca en una trampa emocional y psíquica en espiral creciente a través del secreto.
El contexto familiar puede convertirse en un sistema de apoyo vital para estas interacciones y opiniones que continúan teniendo efecto negativo en su imagen y en su experiencia de las relaciones.
NINGUN NIÑO o ADOLESCENTE ES CULPABLE DE HABER PROVOCADO EL ABUSO.
Focalizar en el potencial positivo y de cambio que poseemos por ser personas.
ABUSADORES
La mayoría de los abusadores pertenecen a grupos sociales con carencia en el ámbito familiar, no han tenido unos padres que les hayan apoyado, valorado o dado afecto; y éstos tampoco controlaban sus vidas: faltaban a la escuela, tenían amigos con conflictos, etc.. Además, en sus relaciones familiares han observado Violencia, falta de respeto, humillaciones y vejaciones -especialmente hacia la madre- arbitrariedades y sobre todo ausencias. Es habitual la carencia de una figura Paterna y, cuando existe, suelen ser un modelo negativo para los hijos.
Estos niños cambian el papel, de ser victimas de abusos se convierten en abusadores, la mayoría no lo reconoce como delito, es algo normal e indican falta de conciencia del daño que han cometido. Hablan más de sí mismos y es frecuente que al relatar los hechos el agresor comente "yo cuando era chico la pase muy mal".
Estos niños cambian el papel, de ser victimas de abusos se convierten en abusadores, la mayoría no lo reconoce como delito, es algo normal e indican falta de conciencia del daño que han cometido. Hablan más de sí mismos y es frecuente que al relatar los hechos el agresor comente "yo cuando era chico la pase muy mal".
DONDE Y COMO ACTÚAN
A TRAVÉS DE INTERNET: se introducen en los canales de conversación escrita de Internet, ó CHATS. Intentan conocer la situación de algunos menores, sus gustos y aficiones, hasta con declaraciones de amor, una vez logrado esto llega el momento de concertar una cita en una Terminal de Ómnibus un Cine o Hamburgueserías conocidas.
SE HACEN PASAR POR DOCENTES INGRESANDO A LOS ESCUELAS O COLEGIOS: son los más frecuentes, toman puestos de Docentes en Escuelas y Colegios, principalmente Privados, a través de conocidos para estar más cerca de los Niños de la edad PREESCOLAR que son los más fáciles de convencer, hasta que son descubiertos, una vez hecho, niegan totalmente que ha ocurrido tal situación, y suelen ser encubiertos por las autoridades educativas.
ESPERAN EN SALIDAS DE COLEGIOS Y PARQUES: Otro seleccionan a sus victimas a las salidas de los Colegios, y retiran al menor elegido haciéndose pasar por un familiar cercano.
EN SUS PROPIAS CASAS: Algunos actúan en sus propias casas sobre menores de su entorno familiar, hijos, sobrinos, nietos, etc. o sobre los compañeritos de escuela o amiguitos de sus hijos.
COMO SON LOS ABUSADORES
No existe un perfil exacto del ABUSADOR, no se lo distingue a simple vista, pero reproducen algunas características que si resultan significativas. Por ejemplo, su acercamiento a los niños suele ser físico. Tras un Primer contacto cuidadoso, para no asustar ni levantar sospechas, comienzan a tomar de la mano al menor, abrazarlo, mimarlo, etc., luego le invita e incluso les colman de regalos y atenciones para generar en ellos un sentimiento de deuda. A los niños se les enseña que deben ser agradecidos y corresponder a los adultos por Educación y los ABUSADORES se sirven de esta circunstancia. Buscan estar a solas de alguna manera con el niño.
Muchos de ellos tienen un nivel de baja autoestima y se sienten mucho más seguros con los menores. Otros en un porcentaje elevado, han sufrido abusos desde pequeños. Un tercer grupo lo que busca es humillarlos y doblegarlos posiblemente por haber sufrido antes desprecio de otros niños o niñas durante su infancia.
SE HACEN PASAR POR DOCENTES INGRESANDO A LOS ESCUELAS O COLEGIOS: son los más frecuentes, toman puestos de Docentes en Escuelas y Colegios, principalmente Privados, a través de conocidos para estar más cerca de los Niños de la edad PREESCOLAR que son los más fáciles de convencer, hasta que son descubiertos, una vez hecho, niegan totalmente que ha ocurrido tal situación, y suelen ser encubiertos por las autoridades educativas.
ESPERAN EN SALIDAS DE COLEGIOS Y PARQUES: Otro seleccionan a sus victimas a las salidas de los Colegios, y retiran al menor elegido haciéndose pasar por un familiar cercano.
EN SUS PROPIAS CASAS: Algunos actúan en sus propias casas sobre menores de su entorno familiar, hijos, sobrinos, nietos, etc. o sobre los compañeritos de escuela o amiguitos de sus hijos.
COMO SON LOS ABUSADORES
No existe un perfil exacto del ABUSADOR, no se lo distingue a simple vista, pero reproducen algunas características que si resultan significativas. Por ejemplo, su acercamiento a los niños suele ser físico. Tras un Primer contacto cuidadoso, para no asustar ni levantar sospechas, comienzan a tomar de la mano al menor, abrazarlo, mimarlo, etc., luego le invita e incluso les colman de regalos y atenciones para generar en ellos un sentimiento de deuda. A los niños se les enseña que deben ser agradecidos y corresponder a los adultos por Educación y los ABUSADORES se sirven de esta circunstancia. Buscan estar a solas de alguna manera con el niño.
Muchos de ellos tienen un nivel de baja autoestima y se sienten mucho más seguros con los menores. Otros en un porcentaje elevado, han sufrido abusos desde pequeños. Un tercer grupo lo que busca es humillarlos y doblegarlos posiblemente por haber sufrido antes desprecio de otros niños o niñas durante su infancia.
• En mas del 85 % de los casos se tratan de varones,
• En el 52 % de los casos superan los 35 años de edad,
• Suelen tratarse de Profesionales Calificados,
• Buscan actividades que les permitan estar cerca de los niños, ej. La Docencia,
• Su Nivel Social es medio o medio alto
• En el 77 % de los casos no tienen antecedentes penales,
• Su nivel de reincidencia es altísimo, aún después de ser descubiertos y condenados.
• No suelen ser conflictivos en la cárcel y muestran buen comportamiento, para que de esta manera puedan reducir su pena.
• No reconocen los hechos ni asumen su responsabilidad,
• Normalmente tienen una familia a su cargo, y con frecuencia hijos pequeños,
• En más del 47 % de los casos se trata del maestro, del Padre, el Tío ó el Abuelo.
• En el 52 % de los casos superan los 35 años de edad,
• Suelen tratarse de Profesionales Calificados,
• Buscan actividades que les permitan estar cerca de los niños, ej. La Docencia,
• Su Nivel Social es medio o medio alto
• En el 77 % de los casos no tienen antecedentes penales,
• Su nivel de reincidencia es altísimo, aún después de ser descubiertos y condenados.
• No suelen ser conflictivos en la cárcel y muestran buen comportamiento, para que de esta manera puedan reducir su pena.
• No reconocen los hechos ni asumen su responsabilidad,
• Normalmente tienen una familia a su cargo, y con frecuencia hijos pequeños,
• En más del 47 % de los casos se trata del maestro, del Padre, el Tío ó el Abuelo.
¿Cómo actuar ante un abuso sexual?
a) Fomentar la expresión de sus emociones, hacerle hablar y que expulse todos sus sentimientos de rabia, de agresividad, confusión entre otros a fines.
b) Rodearle de protección. La mayor parte de los niños manifiesta un gran temor y miedo a ser de nuevo objeto de abusos. Necesitara tiempo para superarlo una ayuda y protección muy cercanas. Es aconsejable que si el adulto que a abusado vive en la misma casa, se separe el menor.
c) Que el niño se sienta siempre acompañado y nunca desplazado.
d) Reducir los sentimientos de culpa en el niño. Si el niño ha participado en actividad sexual, se debe hacer entender al niño que él no es culpable, que él/ella no es un niño/a malo/a aunque si es verdad que el niño/a debe saber que tales conductas son inapropiadas.
e) Haga que su niño entienda que en usted puede confiar y que usted le dará su apoyo.
f) Buscar ayuda profesional generalmente tanto los padres como el niño/a suelen necesitar ayuda externa de un psicólogo o psiquiatra para aclarar y superar el incidente.
Se debe informar que el momento en que se presenta una relación de abuso, es cuando la victima pueda tolerar esta situación aunque en el fondo este en desacuerdo con ella. Algunas veces se presenta un consentimiento obligado el cual el abusador se siente justificado a cometer el abuso se crea entonces una especie de lealtad, y secretismos (la cual ha sido bajo coerción y aún cuando la viva con mucho dolor) importante entre el abusador y el abusado, donde el niño se ve de una personalidad predisponente que provocaron en su momento un placer sexual que condicionó la reiteración de experiencias la traumatización del desarrollo sexual esperado como habitual. El parafílico intenta sobreponerse a la tragedia del psicotrau.
Por lo general el abusador no comete el acto de forma inmediata si no que primero se gana la confianza, establece acuerdos en la relación, poco a poco va haciendo la propuesta disfrazándola de forma positiva y justifican sus acciones tienden a tener una relación cordial, protectora que le lleven a garantizar que el niño acepte su propuesta, cuando lo ha logrado esto se tiende a mantener por los chantajes previamente mencionados.
Recordar que este tipo de personas no presenta una personalidad delictiva están perfectamente integrados a la sociedad pueden tener reconocimiento personal, familiar y social. La mayoría de las veces los abusadores son personas conocidas de la familia.
A pesar de que en los abusos sexuales pueden estar involucrados los genitales no siempre se halla el componente sexual explícito, el juego de la seducción es el mas común. En el caso de la violación no existe un consentimiento de ambas partes, en este acto no existe un juego compartido.
El abusador utiliza su poder para dominar al niño encontrándose por ende en mayor ventaja. El niño es sólo visto como un objeto de placer y si en esta situación no se dan las condiciones para tener sexo “hacer el amor”, seduce para requerir la aprobación del menor (libre de coacciones),a la hora del encuentro.
La gravedad de las consecuencias en el niño o el adolescente de una situación de abuso dependen de: a) el tipo de agresión, b) las capacidades de superación personal, c) las reacciones del medio familiar y social.
Entre los efectos que presentan los niños abusados son probablemente daños en el desarrollo sexual, emocional, cognitivo y físico. Se enumeran: a) Perdida de confianza, b) Sentimiento de indefensión, c) Ansiedad generalizada, d) Estados depresivos, e) Disminución de la respuesta emocional; f) dureza, o frialdad, g) Respuestas fóbicas y de miedo a estímulos asociados, h) Inhibición intelectual - fracaso escolar, i) Confusión y/o alteración del auto concepto, j) Confusión de los valores sociales, k) Ideas de auto culpabilización, l) Indefensión, m) Ausencia del colegio, n) Abandono del hogar, ñ) Conducta inapropiada para su edad, o) Comportamientos agresivos, p)Problemas de relación : aislamiento y hostilidad, q) Delincuencia.
Otros de los síntomas consecutivos que pueden observarse son: a) Conocimiento sexual precoz e inapropiado conductas sexuales precoces o desadaptadas (promiscuidad o prostitución) problemas de identidad sexual, b) Hiperactividad, c) Cambios de humor, d) Ideas de suicidio, e) Perdida de apetito, f) Cambios de habito de sueño y comida, g) Cambios de habito de sueño y comida, h) Síndrome de acomodación del menor. El niño se ha adaptado al abuso en base a una auto implicación de la realidad, i) Ideas y pensamientos angustiantes pues no hay niño preparado psicológicamente para hacerle frente al estímulo sexual, j) Enuresis, k) Enfermedades venéreas, l) Quejas de dolor e irritación en la zona genital.
Los profesionales, médicos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etcétera, que estén en contacto con los niños, deben conocer la naturaleza e importancia de este problema, explicarlo a los niños e intervenir adecuadamente si esto se produce y actuar teniendo en consideración: a) el desculpabilizar a los niños, b) no magnificar la situación, c) evitar en lo que esta a su alcance que no se vuelva a producir la situación, d) apoyar psicológicamente al niño, d) Incentivar programas educativos para hacer a los niños más capaces de autoprotegerse.
Algunas reflexiones médico legales
Las características de los pedófilos que realizan abusos sexuales de menores se han estudiado en una serie de investigaciones que hasta el momento no han presentado suficientes evidencias de carácter específico. No existe el perfil inequívoco del pedófilo.
Se postulan diversas hipótesis:
1) Antecedentes de haber crecido en un ambiente hostil. El hecho de haber crecido en un ambiente infantil no protector, de abandono o maltrato físico para algunos autores (Ifilner, 1990) parece ser una característica en algunos abusadores sexuales pedófilos.
2) Trastornos de la personalidad. Para otros autores (Finkelhor,1984) los abusadores sexuales necesariamente debían presentar alguna patología psíquica, como la inestabilidad, la inmadurez, la baja autoestima, etcétera, que tratan de superar a través de la agresión sexual.
3) Conflictos de pareja. Otros autores (Crivillé,1986,1987) ponen el énfasis en la presencia de problemas maritales, el alejamiento sexual de la pareja y la violencia familiar, es decir, se ha trabajado en la hipótesis de una confusión e inversión de roles entre los diferentes miembros de la familia como génesis de la abusividad sexual.
4) Factores externos sobre una personalidad predispuesta. Se argumentado (Millner,1990) que los abusadores sexuales son personalidades introvertidas, solitarias, y con falta de apoyo social, sobre los que se suele instalar factores externos desencadenantes como el alcoholismo o la adicción a drogas (Famularo,1992).
Un modelo teórico muy aceptado es el presentado por Finkelhor, 1986, que trata de organizar los datos existentes de manera de forma que pueda darse respuesta a cuatro preguntas:
1. ¿por qué una persona encuentra congruente y gratificante emocionalmente la relación con un niño?
2. ¿por qué una persona es capaz de ser activada sexualmente por un niño?
3.¿por qué una persona bloquea sus esfuerzos para obtener gratificación sexual y emocional de fuentes más aprobadas socialmente?
4. ¿por qué una persona no es disuadida por las inhibiciones sociales existentes contrarias a la relación sexual con niños?
Las tres primeras preguntas tratan de explicar por qué ciertas personas sienten interés sexual por los niños y la cuarta intenta explicar por qué tal interés se traduce en una conducta de abuso sexual.
Por lo tanto, para que se produzca abuso sexual deben darse cuatro factores de manera simultánea o sucesiva: a) Congruencia emocional, b) Activación sexual por un niño, c) Bloqueo de las relaciones sexuales normales, d) Desinhibición comportamental.
La congruencia emocional puede ser explicado por la existencia de una importante inmadurez en los abusadores sexuales que los hace experimentarse a sí mismo como niños, tener necesidades emocionales infantiles, por lo tanto, deseo de relacionarse con niño. También se puede argumentar la baja autoestima y el sentido de ineficacia personal como factores generadores de la búsqueda de relaciones que les proporcionen sentimientos de poder, omnipotencia y control.
La activación sexual con niños se ha separado de la congruencia emocional al suponer que no se trata de cuestiones necesariamente relacionadas. Se supone que puede haber necesidades de relación emocional como las presentadas, pero que sean satisfechas de manera no sexual. Para que se produzca el abuso sexual infantil es preciso que la congruencia emocional se añada a un cierto nivel de activación sexual con niños. Otra cuestión debatida es que quizá la mayoría de los varones puede encontrar atrayente sexualmente el cuerpo de un niño o niña a partir de cierta edad. Las posibles causas de esta mayor activación sexual se basan en las teorías del aprendizaje social y, entre ellas, adquiere especial importancia la experiencia de haber sido víctima de abusos sexuales en la infancia. Se han sugerido varios caminos a través de los cuales se produce este proceso de reproducción de las relaciones sexuales con niños, pero entre ellos se destaca el basado en el condicionamiento clásico y en el aprendizaje por imitación de un modelo que encuentra atrayente sexualmente a los niños. También se ha argumentado que en algunos abusadores sexuales se puede producir un cierto error atribucional al asignar contenido sexual (en condiciones de deprivación) a cualquier tipo de activación emocional interpersonal, en este caso con los niños, hijos propios o no. (Finkelhor,1986).
El tercer factor es el bloqueo de las capacidades o posibilidades para satisfacer las necesidades sexuales con adultos. Los sentimientos de inutilidad personal, la conocida inadecuación interpersonal de muchos abusadores sexuales y un distanciamiento sexual en sus relaciones de pareja, estarían en la base de este tipo de bloqueo.
La desinhibición comportamental sería una condición necesaria para que tales tendencias o impulsos justificados por los tres factores anteriores se traduzcan de manera estable o esporádicamente en actos de abuso sexual infantil. Tal como lo plantea Kinkelhor, deben superarse tres barreras: los inhibidores internos, los inhibidores externos y la resistencia o no aceptación de la víctima. Entre los factores que permiten la desinhibición interna se deben citar las adicciones a determinados tóxicos (alcohol, cocaína), la senilidad, el retraso mental, etcétera. La superación de los inhibidores externos se produce de manera más fácil si no se encuentra presente (física o psíquicamente) ninguna persona (por ejemplo: la madre) que pueda cuidar de la víctima. Si se trata de un padre no biológico de la víctima, la mayor permanencia del abusador y la víctima solos, etcétera.
Por último, es preciso que el abusador supere la resistencia de la víctima a través de la seducción o la amenaza o la agresión. En este sentido, un niño desprovisto y, por tanto, necesitado de apoyo, cariño y compañía estará en una situación de mayor riesgo para ser víctima de abuso sexual.
Un niño sin ningún tipo de información sexual puede ser mas fácilmente víctima de los engaños y la seducción de un abusador sexual. Para que se dé el abuso sexual sería necesario que un sujeto experimente una cierta activación fisiológica, es decir, serían factores individuales y explicables a partir de las características psicológicas del sujeto o de su historia personal. Sin embargo, los factores que contribuyen a la aparición del abuso sexual provienen del tipo de familia en que vive el sujeto, de aspectos culturales, de la situación general de vida del sujeto, etcétera.
Es necesaria la presencia de los dos prerrequisitos para que se produzca el abuso sexual, sin embargo, la existencia de problemas en la relación de pareja, el alcoholismo, el desempleo o el aislamiento social no serían suficientes. Únicamente serían factores que contribuyen al abuso sexual en aquellos sujetos que presentan los factores considerados como prerrequisitos.
De todas maneras el modelo presentado hace hincapié en abusadores fundamentalmente masculinos (95%). Sólo se ha observado un 5% de abusadoras femeninas, casi siempre a través de mecanismos como la predisposición intergeneracional, la relación maestra- amante alumno o la mujer coercionada por un varón (por miedo al abandono).
Los peritos especializados en menores deben tener los siguientes indicadores psicológicos inespecíficos de abuso sexual en los niños:
1. Miedo aparentemente injustificado hacia las personas adultas, sobre todo hombres.
2. Desconfianza hacia el adulto en sus promesas y actitudes positivas.
3. Tendencia a la soledad y al aislamiento.
4. Reacciones de agresión verbal o física desmesurada desde edades precoces.
5. Inquietud desmedida de llanto en general.
6. Dificultad de aprendizaje y concentración en la escuela.
7. Juegos sexuados explícitos y conversaciones permanentes sobre temas sexuales. Comprensión de la sexual superior a lo esperado a su maduración.
8. Malas relaciones con sus pares y dificultades para entablar amistades.
9. Trastornos del sueño.
10. Depresión clínica con retracción e ideación suicida.
11. Desconfianza en las figuras significativas.
12. Comportamiento sobre adaptado.
13. Actitudes de sometimiento.
14. Indicio de actividades sexuales.
Finkelhor establece un Modelo Dinámico de la génesis del trauma de abuso sexual infantil que puede ser entendido desde cuatro componentes: a) Sexuación traumática, b) Pérdida de confianza relacional, c) Estigmatización, d) Sentido de pérdida o falta de poder.
Esta dinámica supone una alteración del funcionamiento emocional y cognitivo que puede llegar a distorsionar la visión de sí mismo, las relaciones, y el mundo en general.
La sexuación traumática se produce por la intrusión de intereses y conductas sexuales de un adulto en el desarrollo sexual normal de un niño. Estas conductas son inapropiadas para un niño y, al ser recompensadas con frecuencia por los adultos pueden aprender a usarlas como estrategia para obtener beneficios o relacionarse con los demás, adquieren aprendizajes deformados de la importancia y significados de determinadas conductas sexuales, así como concepciones erróneas sobre la sexualidad y ética sexual. Por último, la sexualidad del niño puede quedar traumatizada o gravemente afectada de numerosas formas.
Los abusos sexuales conllevan una pérdida de confianza en la relación con el agresor. Este puede ser especialmente conflictiva cuando existen relaciones familiares entre el agresor y la víctima. La víctima puede ser manipulada, herida, amenazada, etcétera, precisamente por quien era objeto de confianza. Esta ruptura de confianza en las relaciones se puede extender a toda la familia por no haber logrado librar a la víctima de estas experiencias, y extenderse también a todas las personas del sexo del agresor.
La estigmatización es sentida como culpa, vergüenza, envilecimiento, pérdida de valor, sentimientos que solo a él/ella le ocurren lo peor, etcétera. La víctima se puede considerar marcada para el resto de la vida por las experiencias más traumatizantes y considerarse distinta, desgraciada, marginada, etcétera.
Las víctimas, por último, pueden llegar a creer y sentir que lo que les sucede está fuera de su control, que no saben reaccionar ante las situaciones, en definitiva, que tienen poco poder sobre sí mismos y sobre cuando les sucede. En este mismo sentido se pueden volver temerosos de lo que puede ocurrirles en el futuro, tomar actitudes pasivas y poco asertivas, ser retraídos socialmente, etcétera.
De esta forma, los abusos sexuales conllevarían, en aquellos casos que acaban produciendo afectos significativos, una socialización sexual traumática, una pérdida de confianza relacional y una auto consideración negativa.
Se describen además diversos afectos a largo plazo del abuso sexual infantil (aquellos que se manifiestan aproximadamente dos años después del abuso).
Dichos afectos son comparativamente menos frecuentes y claros que las secuelas iniciales. También son más difíciles de estudiar por la interacción con otra serie de factores.
Los efectos a largo plazo descriptos en numerosos estudios retrospectivos, relacionados con haber sufrido abuso sexual son: a) Sentimientos de aislamiento, marginalidad, baja autoestima, y de estigmatización, b) Depresión, ansiedad y trastornos neurovegetativos, c) Ideación suicida y conductas autodestructivas, d) Agresividad sexual, e) Fracaso escolar, f) Dificultad para establecer vínculos y mantenerlos, g) Participación sexual pasiva, automatizada y ausente (prestan el cuerpo).
Otra consecuencia que puede acontecer secundariamente a un menor abusado sexualmente son los trastornos por estrés postraumático.
Esta patología, aceptada como un diagnóstico válido recién en la década pasada, es uno de los pocos trastornos psiquiátricos que ha sido definido sobre la base de su etiología, y no simplemente a los síntomas fenomenológicamente considerados. El rasgo esencial del trastorno según la definición del Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales 4º edición de la APA (DSM IV APA), es la aparición de síntomas característicos que sigue a la exposición de un acontecimiento estresante y extremadamente traumático.
El cuadro sintomático característico secundario a la exposición al trauma debe incluir la presencia de reexperimentación persistente del acontecimiento traumático, evitación persistente de los estímulos relacionados a él, embotamiento de la capacidad de respuesta, y síntomas persistentes de activación.
El acontecimiento traumático puede ser reexperimentado de varias maneras. Habitualmente aparece bajo la forma de un recuerdo recurrente e intrusivos, o pesadillas recurrentes donde el acontecimiento vuelve a suceder, o estados disociativos que duran de pocos segundos a varias horas durante las cuales se reviven aspectos del suceso y la persona se comporta como si en ese momento se encontrara en él.
Cuando el individuo se expone a estímulos desencadenantes que recuerdan o simbolizan un aspecto del acontecimiento traumático, suele experimentarse un malestar psicológico intenso, o respuestas de tipo fisiológico.
En los niños con pesadillas perturbadoras sobre el acontecimiento traumático pueden convertirse, al cabo de varias semanas en pesadillas generalizadas, donde pueden aparecer monstruos, rescates espectaculares, o amenazas sobre ellos mismos o los demás. Los niños no suelen tener la sensación de revivir el pasado, de hecho es más común que la reexperimentación del trauma pueda evidenciarse en juegos de carácter repetitivo.
Hay tres aspectos “persistente” “recurrente” y “perturbador” así como la presencia de parálisis e hiperactividad después del trauma que se debe considerar en el TPET.
Debemos recordar también que durante mucho tiempo en las pericias de menores abusados se tuvo en cuenta el análisis de la realidad de las declaraciones de Udo Undeuscht, 1967, cuyos indicadores son los siguientes: a) Relato consistente en el tiempo (confrontación del relato en varias entrevistas, b) Conocimientos sexuales inapropiados para la edad, c) Descripción detallada acerca de personas lugares y tiempos, d) Relato de circunstancias típicas y características de abuso sexual, e) Relato de presión o coacción del agresor, f) Estructuración lógica del relato, g) Afecto congruente con el hecho relatado (vergüenza retracción culpa, etcétera).
Experiencia en el Cuerpo Médico Forense
En el Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional Argentina se ha investigado casos de agresores sexuales en el lapso de 1990-99 a propósito de la tarea pericial que se nos ha encomendado como médico forense.
De las pericias realizadas en el Cuerpo Médico Forense en conjunto con el Dr. Lorenzo García Samartino y la Lic. Marta Gaziglia y que contó con la inestimable colaboración del Departamento de Investigación del Cuerpo en las personas de la Dra. Graciela Eleta y el Lic. Carlos Gatti. En dicha investigación se tomaron en cuenta de todas las pericias que llegaron al Cuerpo Médico Forense, aquellas que en ese lapso, hubimos intervenido los mencionados peritos.
Teniendo en cuenta las conclusiones de dicha investigación se han rescatado a los fines de este trabajo la observación particular de las víctimas menores de edad, para poder hacer algunas consideraciones a propósito del tema del abuso sexual infantil.
Del total de 160 pericias realizadas en ese lapso, la composición de la muestra comprendía 106 imputados, 39 víctimas y 15 involucrados con el delito sexual investigado.
El estudio de la personalidad del delincuente fue el centro de nuestra investigación, por lo tanto el análisis de la conducta delictiva se hizo en función de la personalidad total del individuo y su inseparable contexto social.
El individuo realiza continuas tentativas de adaptación al mundo en que se desarrolla y vive; el investigador debe descubrir el valor y la significación que ese mundo adquiere para él. La significación y la intencionalidad de la conducta constituyen un todo organizado (portador de un sentido) que se dirige a un fin.
Teniendo en cuenta la investigación mencionada, podemos hacer ahora algunas reflexiones sobre los imputados de delitos sexuales con relación a las víctimas de abuso sexual infantil.
De las peritaciones de imputados(106 casos) estaban involucrados con víctimas mayores 35 casos y con menores 71 (ver fig 1).
De las víctimas investigadas se pudo observar que sobre un total de 39 casos, 26 de ellas, eran menores de edad, y el resto 13 mayores como se puede ver en la fig 2.
De los 26 casos en que las víctimas fueron menores se pudo observar que 15 de ellas los imputados eran personas de su grupo familiar (imputados intrafamiliares), mientras que 11 correspondían a imputados extrafamiliares. Ver fig 3.
Como se puede observar llama la atención que las denuncias de delitos sexuales en el ámbito extrafamiliar se mantengan en una misma proporción a través del tiempo mientras que las que involucran a un miembro de la familia haya tenido una mayor prevalencia entre los años 1994 y 1996. Quizás este hecho se atribuya a la ley de violencia familiar que fue legislada por esos tiempos.
En cuanto a que miembro intrafamiliar fue el más denunciado se muestra significativamente que el padre fue ampliamente el más imputado, seguido por el padrastro (ver Fig. 4).
Es notorio también que el tipo de delito sexual que se le imputa al miembro intrafamiliar es significativamente predominante el abuso deshonesto sobre el de violación a diferencia de los imputados extrafamiliares en que predomina la violación.
A propósito de los delitos sexuales intrafamiliares haremos una breve descripción de la familia incestuosa.
Estudios recientes sobre abuso sexual infantil se han estudiado muy cuidadosamente la psicodinámica de las familias en las que se lleva a cabo el incesto. Si bien el porcentaje de familias de clase media es más alta que lo que se pensaba, la incidencia mayor se encuentra entre las familias de bajos recursos y que viven en zonas aisladas como lo son algunas rurales.
De todos los tipos de incesto, el más frecuente es el de padre/padrastro-hija. El padre/padrastro suele tener un pasado de privación afectiva o de rechazo de su madre y de abandono por el padre. Presentan trastornos psicológicos que van de medianos a francamente psicóticos, siendo los diagnósticos más comunes los de pedofilia, personalidad dependiente, y desorden paranoide de la personalidad y patológicamente obsesionados con el sexo. La ingestión excesiva de alcohol es frecuentemente encontrada (en algunos estudios, el 25% de los encarcelados por este delito eran alcohólicos; en otros, las cifras arrojan 48,9% y hasta 80%, las diferencias dependiendo generalmente de las diferentes definiciones de alcoholismo. De cualquier modo, la presencia del exceso de alcohol también debe ser un factor a ponderar).
La hija más vulnerable suele ser la mayor, en especial si está ocupando el rol de su madre y si como ésta, es pasiva y dependiente. La madre suele también ser una persona que ha sufrido privaciones afectivas en su infancia que la han llevado a no poder expresar afecto hacia el marido y los niños. (a veces ha sido sexualmente abusada y sufre de anorgasmia y se muestra hostil con su marido).
Ha sido frecuentemente descripta como dependiente, infantil, masoquista y patológicamente ligada a su propia madre rechazante, con una falla muy importante en su capacidad de cuidado y en poder actuar para frenar el abuso.
En el abuso padre/padrastro-hijo, muchísimo menos frecuente que el anterior, suele encontrarse a un padre con fuertes problemas con su propia madre que lo ha rechazado en la infancia. Suelen sentir rechazo hacia la mujer y tener impulsos homosexuales, muchas veces vividos dentro de la familia de origen con hermanos, primos o tíos, inclusive el propio padre. El consumo de alcohol está a menudo presente en los episodios de incesto. El hijo puede haber tenido experiencias homosexuales simultáneas o posteriores a los abusos paternos. La madre suele estar asociada al incesto “no dándose cuenta” de lo que sucede; es más poderosa de lo que muestra y tiene actitudes “castradoras” y “manejadoras” con los hombres, tomando una acción protectora sólo después de que el incesto ha sido conocido en la comunidad.
El incesto hermano-hermana, es para algunos la forma más frecuente de actividad incestuosa, siendo la hermana menor en una familia de varios varones la que tiene mayor riesgo. Otros tipos de incesto, tales como el madre-hija y madre-hijo son menos frecuentes en ese orden.
En resumidas cuentas, las familias donde se produce el incesto son sistemas disfuncionales donde los roles y las fronteras están confusos.
Las biografías de los involucrados, el sistema familiar y el estudio por parte de asistentes sociales del medio familiar extenso y el laboral y social en que éstos se desempeñan, amén de los testimonios de amigos, parientes y compañeros de trabajo, cobran una vital importancia en el momento de la ponderación de la coherencia de los relatos infantiles colectados y la probabilidad de que éstos tengan congruencia en su conjunto y que no estén influidos por adultos.
Reflexiones sobre la observación de falsas denuncias
La pregunta que se impone es: “¿Cómo distinguir cuándo son verdaderas o falsas las declaraciones de niños en casos de alegado abuso sexual?”.
1. Es indudable que se han observado casos de denuncias de abuso sexual que luego se ha comprobado que no ha sucedido, sobre todo cuando el imputado es una persona intrafamiliar.
Como dice Eduardo Padilla el aumento de falsas alegaciones se atribuye a que el abuso sexual era antes un secreto del cual la sociedad no hablaba; en los últimos tiempos, se ha hecho “popular” como tema en los medios masivos de comunicación por lo tanto, la mejor manera de descalificar moralmente a alguien y sacarlo del medio en disputas por tenencia, visitas y alimentos y venganzas diversas es la acusación de abuso sexual como antes lo hubiera sido el adulterio, consumo de drogas u homosexualidad: hoy estos motivos conmueven poco.
Estudios internacionales realizados ya por Elterman y Ehrenberg (1991) al respecto: el número de falsas alegaciones de abuso sexual ha sufrido una escalada impensable hasta hace poco. En el CMF se observado un aumento de denuncias después de implementarse la ley de violencia familiar.
Elwell y Ephross (1987) y Pine (1987), han escrito sobre los potencialmente devastadores efectos que sobre la vida de los niños pueden tener las alegaciones falsas de abuso sexual, aun cuando luego se pueda aclarar debidamente la situación, ya que el vínculo con el progenitor acusado puede quedar irremediablemente dañado por el sufrimiento vivido. En definitiva, el sistema de protección del niño puede estar en grave riesgo.
De manera tal que los instigadores como Brooks y Milchman (1991), recomiendan preguntarse: a) si el niño fue abusado como se está diciendo; b) si fue abusado pero no por el que se alega lo hizo, c) si alguno de los padres está mal interpretando equivocadamente los usos y prácticas normales que se llevan a cabo como parte del cuidado e higiene de un niño, d) si alguno de los adultos puede querer obtener la tenencia completa.
Entonces, ¡no tiene ningún valor el testimonio de los niños!. Por supuesto esto último no es así, la actitud inicial frente al relato infantil debe seguir siendo la de creerlo.
Frente a este dilema es forzoso distinguir - antes que nada - la actividad que corresponde a los tribunales de justicia de la que debe ser la actividad del terapeuta como tal. En los países experimentados en el tema, todo material recogido en el ámbito terapéutico no es tomado como prueba en los procesos.
En esta tesitura, si las entrevistas de propósito diagnóstico han tomado el giro de “terapéuticas”, tal el caso de los entrevistadores que ven al niño diez o veinte veces, empeñados en que éste vaya develando el abuso, el material así resultante es inmediatamente desechado por la sencilla razón de que no tiene valor probatorio alguno.
2. Otro factor a tener en cuenta es el de la memoria infantil. La memoria humana es constructiva y selectiva, esto es, no existe un registro como el obtenido por un grabador o una video cámara. Esta memoria, llena de los baches más diversos, puede variar y ser “rellenada” por la influencia de factores diversos, y todos sabemos lo difícil que nos resulta reconstruir un hecho del que hemos sido testigos y de la multiplicidad de relatos distintos que en estas situaciones se pueden recabar.
En los niños, en particular los más pequeños, la memoria funciona en cierto sentido en forma similar a la de los ancianos: los hechos se borran con mucha facilidad y si se insiste desde una posición de poder e influencia, es muchas veces posible rellenar el hueco con otros “sucesos” que se quieran instalar como reales (co-construcciones)
Es cierto también que los niños pueden - y de hecho lo hacen - mentir con diversos propósitos, por ejemplo para evitar una reprimenda o para parecer más importantes o para guardar un secreto en un juego. También está comprobado que los niños menores de siete son incapaces de inventar una historia con el propósito deliberado de perjudicar a un tercero.
De esta manera, cualquier historia no verdadera de abuso sexual, no ha sido inventada por el niño pequeño ni es el resultado de una mentira propia: ha sido instalada, por diversos motivos en la mente infantil por uno o más adultos, y no es infrecuente que en esto se hayan prestado sin quererlo a conciencia, los profesionales llamados a intervenir, especialmente si se encontraban dispuestos a comprobar a toda costa que el abuso existió y si se han abanderado en una “campaña” a favor de una de las partes.
Una vez instaladas como memorias ciertas, hechos que no sucedieron, el niño los sostendrá como tales. Inversamente y con similares procedimientos, en algunos casos se puede lograr que hechos sucedidos sean borrados, y el niño sostendrá que no ocurrieron. Este es un concepto absolutamente fundamental a tener presente. Si para colmo a ese niño se lo ha convencido de que está defendiendo una causa justa, que su rol es protagónico, que de sus declaraciones depende que el “malvado” sea encarcelado y que así cese el peligro de la venganza que éste se tomaría contra él y la madre en caso de quedar libre, no es raro que veamos a un pequeño “cruzado” que llevará ante quien lo quiera ver el estandarte de la perversión del adulto en cuestión, heroica y absolutamente convencido de estar salvando a todos al proclamar “la verdad”.
Este sostener convencido del niño en el cual se ha co-construido una historia no verídica es de tal naturaleza que hace imposible que aún los profesionales mejor entrenados en el tema puedan discernir si los hechos realmente sucedieron o no, como lo reconoció la experta británica, Dra. Danya Glaser con toda honestidad. Ella advierte cuando se ha discutido sobre este punto, sobre todo cuando se habla que “el tono emocional no se dicta”, tonalidad que serviría para discernir si la historia es verdadera o inducida. La “música emocional” que escucharemos en los casos en que ha habido una co-construcción será la coherente con la convicción del niño de que ha sido efectivamente objeto de actos malvados por parte del adulto imputado.
Bentovim ha alertado con respecto a una de las pocas señales que pueden ser útil en lo que al relato infantil se refiere a cuando los niños son preguntados sobre situaciones bien concretas, tales como la erección peniana, si los hechos invocados, tales como penetraciones, no han sucedido, este tipo de información es eludida o resulta desconocida para el niño.
3. Existen seis veces más acusaciones de abuso sexual en familias en las que hay disputas de divorcio, tenencia y visitas, que en las familias en que esto no está sucediendo.
Luego: ¿el niño habló primero sobre el tema con un tercero (maestra, amigo, pariente) antes que con la madre, por caso? La mayoría de los casos falsos provienen de madres que hablan de lo que el hijo les “habría” hablado, como lo han consignado, entre otros, Benedek y Schetky, 1985; Jones, 1985 y Bentovim, 1977.
Si una persona adulta y con influencia sobre un niño lo induce a tomar como ciertos hechos que no acontecieron, una vez que se forma una construcción de este tipo en su mente, ese niño actuará y hablará con la mayor convicción de que está en lo cierto. Más aún será así, si dichos relatos son repetidos a través de un tiempo suficientemente prolongado y máxime si son reforzados por otras múltiples entrevistas a cargo del equipo profesional. No es que estará mintiendo o fabulando adrede, sino que estará convencido (tan convencido puede llegar a estar que será muy difícil conseguir que se rectifique aún si se le demuestra que los hechos no sucedieron).
Estos adultos inductores pueden estar actuando de buena fe, con la mejor intención, - y en el caso de los profesionales, amén con grave desconocimiento - luego de presumir que algún hecho sexual aberrante ha acontecido. En otros casos, la persona puede estar movida por deseos de venganza, celos, o, intereses económicos.
4. Cuando existe disputa parental, cuanto más intensa es ésta (aunque se desarrolle en forma subliminal), mayor probabilidad hay de que los niños sean involucrados y que comiencen a mostrar signos de trauma emocional y desórdenes de conducta. (Amato y Keith, 1991; Hetherington,1989; Tschan, Johnston, Kline y Wallerstein, 1989).
Si esto resulta así, le será difícil al evaluador discernir cuánto de esto es debido al divorcio y cuánto a posible abuso sexual. Todo ello significa que la prudencia con que se deben elevar los informes periciales al tribunal recomienda que se mencione explícitamente esta natural dificultad. El no hacerlo puede constituir una falla ética.
Se ha observado también (Faller, 1991) que contrariamente a lo dicho se puede encontrar en la dinámica familiar en casos de abuso, que hay madres que les cuesta muchísimo aceptar que el cónyuge pueda haber estado abusando sexualmente a sus hijos. Contrariamente a este caso, otras no les cuesta creer que su marido pueda estarlos abusando aunque no sea cierto.
Otras madres pueden percibir en forma distorsionada señales afectuosas, tales como besos y abrazos por ejemplo entre una niña y el padre en el encuentro o en la despedida, como sexuales y de allí en adelante, si se ponen en marcha mecanismos para impedir los encuentros, e influir en los “recuerdos” infantiles.
Se debe reparar también en el tipo de personalidad del progenitor que tiene la custodia y que motoriza la denuncia: si bien pueden no aparecer señales de psicopatología, no es infrecuente que muestren personalidades de tipo paranoide, histriónica y manipulativa, o con tendencias “borderline”. (Benedeck y Schetky, 1985). Otras, aunque más infrecuentes veces, se notarán aspectos de tipo delirante.
5. Otro recaudo a tener presente es el de la calidad y preparación del entrevistador a cargo del diagnóstico. Éste debe tener un entrenamiento especial en el preguntar a niños sobre la ardua cuestión de si el abuso existió o no. Es perentorio además que el entrevistador tenga una extensa práctica previa en el contacto con niños sin historias de abuso
Las entrevistas para diagnosticar abuso no son fáciles, para empezar porque es muy fuerte la carga emocional que conllevan. También es fundamental que la persona entrevistadora no tenga un especial empeño en “descubrir o develar” abusos sexuales: debe ser lo más neutral posible y abierta a que los hechos invocados quizás no sucedieron.
Este es uno de los motivos que hacen casi imprescindible que sean grabadas, preferentemente en video tape, y que sean llevadas a cabo con la presencia simultánea de otro profesional, ya sea en el mismo recinto o en Cámara de Gesell.
Los registros obtenidos servirán también para evitar que el niño sea interrogado por varias personas diferentes en ocasiones múltiples, con lo cual, por un lado se disminuirá la carga traumática para el niño que las repeticiones conllevan, la contaminación del material y con ello la continua re-instalación en el niño de los hechos invocados, y por otro lado, la posibilidad de reexaminar junto a otros colegas cuántas veces sea necesario, el material obtenido.
Otra zona de riesgo es la de los entrevistadores que recurren a sus “interpretaciones” para exponerlos como hechos ciertos frente a los tribunales,
Es demasiado fácil caer en poderosas subjetividades, sobre todo, si el entrevistador está preparado para ver a alguien que “seguramente” ha cometido un acto delictivo, todo lo cual hace entrar a todos estos procedimientos interpretativos en la categoría de poco prudentes para estas situaciones (de hecho, no son utilizados en los países con más conocimiento y preparación en abuso sexual de niños). Ya el mismo Freud, con su profundidad y agudeza nos lo advirtió cuando dijo: “Un cigarro es un símbolo fálico; pero muchas veces es sólo un cigarro”, mientras pitaba con fruición el suyo.
6. La primera forma de inducción de un adulto puede provenir de una re-definición de un acto que en sí mismo es inocente, tal como vimos en el caso de la madre arriba comentada: ¿tu papá te tocó la cola alguna vez? (lo cual muy lógicamente puede haber sucedido en ocasión de la higiene, por ejemplo), será leído por el niño como “papá te tocó y eso -por el tono del que pregunta- se ve que no está bien”. Muy rápidamente el niño se defenderá diciendo: “yo no quería, pero él lo hizo igual”, luego no es infrecuente que el niño “adorne” con más y más información en el sentido de lo que él percibe que el adulto quiere oír.
7. Durante bastante se ha sostenido que los relatos no verídicos rondaban el 3 al 4%. Pero los últimos estudios elevan esta cifra a un 10% (Danya Glaser, en efecto, una importante investigación de Jones y McGraw, efectuada en Denver sobre 576 casos, arrojó que un 6% de las acusaciones eran falsas y basadas en mentiras deliberadas y un 17% no eran verdaderas aunque basadas no en mentiras sino en errores de buena fe, lo cual arroja un total de un 23% de situaciones no verdaderas y en cuanto a sus consecuencias, iguales en su nocividad.
8. El mismo recaudo se debe observar cuando se evalúan los dibujos y juegos de los niños en las entrevistas: mucho material interpretado como indicativo de abuso sexual lo fue porque no se tuvo en cuenta el contexto general en que el material fue obtenido, (D. Glaser), esto es, el grado de la influencia de adultos y la co-existencia de “entrevistas oficiales” de juegos y dibujos con los efectuados “extraoficialmente” en casa por algún progenitor.
Demás está decir que un experto debe tener bien presentes datos tales como que el 50% de los niños no abusados cuando juegan con muñecos anatómicamente correctos introducen un dedo en la abertura anal o vaginal de la muñeca y que la mayoría de ellos tomaron al muñeco de su pene para revolearlo: y que tales actitudes fueron tomadas como “patognomónicas”. Está también debidamente comprobado, que muchos de los signos indicadores de abuso -inclusive conocimientos sexuales inapropiados para la edad- aparecen también en niños no abusados cuando han sido sometidos a repetidos interrogatorios sobre el tema. Lo que es más, estudios recientes (Hibbard y Hartman, 1990), muestran que no existe diferencia significativa en la frecuencia de dibujos de genitales en niños abusados de niños no abusados.
En resumen: si ha habido una co-construcción de una falsa memoria, los dibujos, juegos y actitudes del niño pueden mostrarse similares a los que se obtienen de niños que han sido efectivamente abusados. Asimismo, especiales recaudos deben ser tomados cuando la sintomatología presente puede corresponder a estados post traumáticos por divorcios y feudos entre los padres. No existen signos “patognomónicos” y es de obligación ética de los peritos en los casos judiciales que adviertan de esto al tribunal.
9. Otro punto a tener muy en cuenta es cuál fue la actitud inicial del adulto que recibió el primer relato infantil.
Las reacciones primeras del cuidador se deben evaluar con todo cuidado puesto que pueden ser muy indicativas de cómo se puede haber ido desarrollando un proceso de construcción, primero en el mismo adulto y luego desde éste en el niño (co-construcción).
10. Cuando los interrogatorios han sido más de uno o dos, la certidumbre de los resultados se va desvaneciendo con su número
El experto Stephen Ceci dice que las entrevistas repetidas y preguntas repetidas a través de las entrevistas incrementan el riesgo de contaminación si los entrevistadores han estado inclinados a encontrar abuso. Estas técnicas permiten una avenida de introyecciones de desinformación que si se repiten un número suficiente de veces, pueden ser incorporados por el niño.
Como ya hemos dicho, es imprescindible entonces distinguir entre entrevistas terapéuticas de entrevistas diagnósticas, las que tienen como diferencia tanto sus propósitos como el número de ellas y el tipo de actitud del entrevistador o del terapeuta (en las segundas). El argumento tiene que ver con la evidencia científica de que un profesional “convencido” de que los hechos sucedieron, casi siempre tenderá a obtener del niño respuestas que avalen su creencia.
De todo lo expuesto y a manera de síntesis podemos decir que de experiencia médico forense, sobre todo en la peritación de adultos presuntos victimarios de abuso sexual de menores, hemos observado parafílicos pedófilos e individuos considerados “normales” desde el punto de vista psicosexológicos, de manera tal que, cualquier individuo puede estar en condiciones potenciales de ser un abusador sexual. No debemos olvidar que individuos con tendencias o inclinaciones parafílicas no necesariamente tiene que ser por ello un abusador sexual, en tanto y en cuanto no cometa un delito sexual, por lo tanto, hay que recordar que las tendencias predisponen pero no determinan, hecho importante al momento de emitir un dictamen o al testimoniar en un Juicio Oral.
Por otra parte debemos saber que los menores abusados existieron y existen, tanto por victimarios extrafamiliares como intrafamiliares, pero al momento de realizar las pericas médico legales debemos tener presente que las falsas denuncias también existen, sobre todo cuando las causas que se alegan tienen como presuntos abusadores a personas en el ámbito familiar.
Abuso Sexual Infantil. Las Victimas
Por María Adela Mondelli
El adulto -varón o mujer- que denuncia haber sido víctima de abuso sexual en su infancia, pone a la vista, da testimonio, de la caída de un mito elemental de la cultura, que dijo que los/as niños/as no tienen sexualidad.
Desde el momento en que la sexualidad infantil es puesta a la vista por quien padeció abuso sexual en su infancia, esto contradice un mandato fundamental de la vida en sociedad : los adultos cuidan y priorizan la salud de lo/as niño/as.
Frente a esto es habitual -aunque no excluyente- que sea la sexualidad la que entra "en tela de juicio". "¿Porqué no le dijiste a tus padres?", "si esperaste tanto para decirlo es porque te gustaba" ... "no quedes embarazada de tu hermano porque tu padre lo mata" ... "vos lo habrás provocado" ... etc.etc.etc..
Pareciera ser que más es puesta en tela de juicio la propia sexualidad de la víctima infantil, cuánto más cercano a la familia es el abusador sexual. Cuando el abuso sexual del que fue objeto, más contradijo el mandato fundamental del cuidado... tanto hasta el punto de no poder reconocer que en esto radica todo el tema.
Esto de la cercanía del abusador con la familia, no es excluyente para que acontezca esta puesta en tela de juicio de la sexualidad por sobre el delito. Hay historias en las que aparece un extraño a la familia que -por la lectura de la reacción familiar frente al acontecimiento del abuso : no reconocerlo, negar la verosimilitud del relato, no ver los datos que el/la niño/a SIEMPRE da- podríamos pensar que pone en acto "algo" que está flotando en ese grupo familiar.
Así -poniendo en tela de juicio la sexualidad del infante- se culpabiliza a la víctima. Al niño o la niña que este adulto que hoy dice, alguna vez fue. Se trata no ya del daño que provocó en él o ella "un abusador sexual", sino del daño que produce todo un grupo familiar que ejerció y ejerce el abuso psicológico sobre aquel niño o niña, y sobre este adulto. Todo un grupo familiar que encuentra en él o ella un chivo expiatorio dilecto para su patología. Un/a niño/a está en sus manos, lo moldean a su antojo, depende absolutamente de sus mayores, no tiene formada su identidad ni su psiquismo... es la presa perfecta....
El abuso psicológico muchas veces se ejerce sólo por negación o por denegación (negar, y negar que se niega).
o Si los adultos niegan, y niegan que niegan,
o si nadie se hace cargo de amparar al niño/a frente a los hechos de los que es víctima para que estos cesen,
o si nadie denuncia poniendo una palabra allí donde el/la niño/a no puede aún ponerla,
o si nadie "paga" por victimizarlo,
o si nadie repara la situación de "víctima" del niño o la niña,
o toda "la culpa" del acto del abuso -sexual y psicológico-, queda del lado de él o ella. No hay otro para hacerse cargo y él/ella la llevan en su vidas a lo largo de los años.
Van creciendo... y los caminos que puede tomar estas situación de victimización sostenida en el tiempo, son en general dos :
Repetir la historia del abuso como "normalizada" en su vida, emparentándose con esta psicopatía. Algo así como : "los/as niños/as son un objeto degradado (como yo lo fui), una propiedad, de la que se puede hacer "uso"". Este grupo no sentirá remordimiento ni culpa por su accionar, a pesar de haberla padecido. La psicopatía no es una enfermedad, en el punto en que todo el sufrimiento recae sobre el otro, no sobre quien la padece. Así se perpetúa la historia del maltrato generación tras generación.
O irá adquiriendo en su vida otros modelos y por comparación verá que eso que estaba "normalizado" en el grupo familiar, o de lo que no fue resguardado como niño/a que era, no es así para otros referentes... Será este el grupo de víctimas de abuso sexual, que padecerá profundos sentimientos de "culpa" más o menos conscientes.
La culpa sobre los acontecimientos del abuso, que puede sentirse efectivamente o traducirse en el silenciamiento de lo acontecido y hasta en el olvido.
La culpa sobre la no respuesta familiar que insistirá en perseguir a lo largo de los años, reeditando y perpetuando la situación de abuso durante la vida con aquellos y otros vínculos.
La culpa por ser el exponente de una sexualidad infantil degradada por un adulto.
La culpa por no haber podido frenar esos acontecimientos, cuando no estaba en sus manos hacerlo.
La culpa por no recordar... por dudar si recuerda "todo" lo que sucedió...
La culpa por ser quién "denuncia" aquello que pretendió ser silenciado... tanto con la palabra, como con la infelicidad, como siendo "el bicho raro" de aquella familia.
Muchas veces estos sentimientos -e incluso los episodios de abuso- permanece inaccesibles a la memoria del adulto abusado en su infancia durante muchos años. Aparecen en su vida a modo de sufrimientos difusos en su sexualidad, de adicciones, depresión endógena, vínculos violentos, nuevas victimizaciones ... En este "destino" que adquiera la victimización por abuso sexual en la infancia, no son ajenas cuestiones situacionales y de género.
La pregunta de "porqué no frené aquello" y "porqué no puedo con esto hoy", martilla de modo más o menos consciente, la cabeza de quienes padecieron abuso sexual en su infancia.
P.D.: mi reconocimiento a un grupo de mujeres y varones víctimas de abuso sexual en su infancia, sin cuyos invalorables testimonios y generosidad en compartirlos conmigo, no podría realizar esta serie de trabajos referidos al tema.
Abuso sexual infantil: las secuelas en adultos.
a) Fomentar la expresión de sus emociones, hacerle hablar y que expulse todos sus sentimientos de rabia, de agresividad, confusión entre otros a fines.
b) Rodearle de protección. La mayor parte de los niños manifiesta un gran temor y miedo a ser de nuevo objeto de abusos. Necesitara tiempo para superarlo una ayuda y protección muy cercanas. Es aconsejable que si el adulto que a abusado vive en la misma casa, se separe el menor.
c) Que el niño se sienta siempre acompañado y nunca desplazado.
d) Reducir los sentimientos de culpa en el niño. Si el niño ha participado en actividad sexual, se debe hacer entender al niño que él no es culpable, que él/ella no es un niño/a malo/a aunque si es verdad que el niño/a debe saber que tales conductas son inapropiadas.
e) Haga que su niño entienda que en usted puede confiar y que usted le dará su apoyo.
f) Buscar ayuda profesional generalmente tanto los padres como el niño/a suelen necesitar ayuda externa de un psicólogo o psiquiatra para aclarar y superar el incidente.
Se debe informar que el momento en que se presenta una relación de abuso, es cuando la victima pueda tolerar esta situación aunque en el fondo este en desacuerdo con ella. Algunas veces se presenta un consentimiento obligado el cual el abusador se siente justificado a cometer el abuso se crea entonces una especie de lealtad, y secretismos (la cual ha sido bajo coerción y aún cuando la viva con mucho dolor) importante entre el abusador y el abusado, donde el niño se ve de una personalidad predisponente que provocaron en su momento un placer sexual que condicionó la reiteración de experiencias la traumatización del desarrollo sexual esperado como habitual. El parafílico intenta sobreponerse a la tragedia del psicotrau.
Por lo general el abusador no comete el acto de forma inmediata si no que primero se gana la confianza, establece acuerdos en la relación, poco a poco va haciendo la propuesta disfrazándola de forma positiva y justifican sus acciones tienden a tener una relación cordial, protectora que le lleven a garantizar que el niño acepte su propuesta, cuando lo ha logrado esto se tiende a mantener por los chantajes previamente mencionados.
Recordar que este tipo de personas no presenta una personalidad delictiva están perfectamente integrados a la sociedad pueden tener reconocimiento personal, familiar y social. La mayoría de las veces los abusadores son personas conocidas de la familia.
A pesar de que en los abusos sexuales pueden estar involucrados los genitales no siempre se halla el componente sexual explícito, el juego de la seducción es el mas común. En el caso de la violación no existe un consentimiento de ambas partes, en este acto no existe un juego compartido.
El abusador utiliza su poder para dominar al niño encontrándose por ende en mayor ventaja. El niño es sólo visto como un objeto de placer y si en esta situación no se dan las condiciones para tener sexo “hacer el amor”, seduce para requerir la aprobación del menor (libre de coacciones),a la hora del encuentro.
La gravedad de las consecuencias en el niño o el adolescente de una situación de abuso dependen de: a) el tipo de agresión, b) las capacidades de superación personal, c) las reacciones del medio familiar y social.
Entre los efectos que presentan los niños abusados son probablemente daños en el desarrollo sexual, emocional, cognitivo y físico. Se enumeran: a) Perdida de confianza, b) Sentimiento de indefensión, c) Ansiedad generalizada, d) Estados depresivos, e) Disminución de la respuesta emocional; f) dureza, o frialdad, g) Respuestas fóbicas y de miedo a estímulos asociados, h) Inhibición intelectual - fracaso escolar, i) Confusión y/o alteración del auto concepto, j) Confusión de los valores sociales, k) Ideas de auto culpabilización, l) Indefensión, m) Ausencia del colegio, n) Abandono del hogar, ñ) Conducta inapropiada para su edad, o) Comportamientos agresivos, p)Problemas de relación : aislamiento y hostilidad, q) Delincuencia.
Otros de los síntomas consecutivos que pueden observarse son: a) Conocimiento sexual precoz e inapropiado conductas sexuales precoces o desadaptadas (promiscuidad o prostitución) problemas de identidad sexual, b) Hiperactividad, c) Cambios de humor, d) Ideas de suicidio, e) Perdida de apetito, f) Cambios de habito de sueño y comida, g) Cambios de habito de sueño y comida, h) Síndrome de acomodación del menor. El niño se ha adaptado al abuso en base a una auto implicación de la realidad, i) Ideas y pensamientos angustiantes pues no hay niño preparado psicológicamente para hacerle frente al estímulo sexual, j) Enuresis, k) Enfermedades venéreas, l) Quejas de dolor e irritación en la zona genital.
Los profesionales, médicos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, educadores, etcétera, que estén en contacto con los niños, deben conocer la naturaleza e importancia de este problema, explicarlo a los niños e intervenir adecuadamente si esto se produce y actuar teniendo en consideración: a) el desculpabilizar a los niños, b) no magnificar la situación, c) evitar en lo que esta a su alcance que no se vuelva a producir la situación, d) apoyar psicológicamente al niño, d) Incentivar programas educativos para hacer a los niños más capaces de autoprotegerse.
Algunas reflexiones médico legales
Las características de los pedófilos que realizan abusos sexuales de menores se han estudiado en una serie de investigaciones que hasta el momento no han presentado suficientes evidencias de carácter específico. No existe el perfil inequívoco del pedófilo.
Se postulan diversas hipótesis:
1) Antecedentes de haber crecido en un ambiente hostil. El hecho de haber crecido en un ambiente infantil no protector, de abandono o maltrato físico para algunos autores (Ifilner, 1990) parece ser una característica en algunos abusadores sexuales pedófilos.
2) Trastornos de la personalidad. Para otros autores (Finkelhor,1984) los abusadores sexuales necesariamente debían presentar alguna patología psíquica, como la inestabilidad, la inmadurez, la baja autoestima, etcétera, que tratan de superar a través de la agresión sexual.
3) Conflictos de pareja. Otros autores (Crivillé,1986,1987) ponen el énfasis en la presencia de problemas maritales, el alejamiento sexual de la pareja y la violencia familiar, es decir, se ha trabajado en la hipótesis de una confusión e inversión de roles entre los diferentes miembros de la familia como génesis de la abusividad sexual.
4) Factores externos sobre una personalidad predispuesta. Se argumentado (Millner,1990) que los abusadores sexuales son personalidades introvertidas, solitarias, y con falta de apoyo social, sobre los que se suele instalar factores externos desencadenantes como el alcoholismo o la adicción a drogas (Famularo,1992).
Un modelo teórico muy aceptado es el presentado por Finkelhor, 1986, que trata de organizar los datos existentes de manera de forma que pueda darse respuesta a cuatro preguntas:
1. ¿por qué una persona encuentra congruente y gratificante emocionalmente la relación con un niño?
2. ¿por qué una persona es capaz de ser activada sexualmente por un niño?
3.¿por qué una persona bloquea sus esfuerzos para obtener gratificación sexual y emocional de fuentes más aprobadas socialmente?
4. ¿por qué una persona no es disuadida por las inhibiciones sociales existentes contrarias a la relación sexual con niños?
Las tres primeras preguntas tratan de explicar por qué ciertas personas sienten interés sexual por los niños y la cuarta intenta explicar por qué tal interés se traduce en una conducta de abuso sexual.
Por lo tanto, para que se produzca abuso sexual deben darse cuatro factores de manera simultánea o sucesiva: a) Congruencia emocional, b) Activación sexual por un niño, c) Bloqueo de las relaciones sexuales normales, d) Desinhibición comportamental.
La congruencia emocional puede ser explicado por la existencia de una importante inmadurez en los abusadores sexuales que los hace experimentarse a sí mismo como niños, tener necesidades emocionales infantiles, por lo tanto, deseo de relacionarse con niño. También se puede argumentar la baja autoestima y el sentido de ineficacia personal como factores generadores de la búsqueda de relaciones que les proporcionen sentimientos de poder, omnipotencia y control.
La activación sexual con niños se ha separado de la congruencia emocional al suponer que no se trata de cuestiones necesariamente relacionadas. Se supone que puede haber necesidades de relación emocional como las presentadas, pero que sean satisfechas de manera no sexual. Para que se produzca el abuso sexual infantil es preciso que la congruencia emocional se añada a un cierto nivel de activación sexual con niños. Otra cuestión debatida es que quizá la mayoría de los varones puede encontrar atrayente sexualmente el cuerpo de un niño o niña a partir de cierta edad. Las posibles causas de esta mayor activación sexual se basan en las teorías del aprendizaje social y, entre ellas, adquiere especial importancia la experiencia de haber sido víctima de abusos sexuales en la infancia. Se han sugerido varios caminos a través de los cuales se produce este proceso de reproducción de las relaciones sexuales con niños, pero entre ellos se destaca el basado en el condicionamiento clásico y en el aprendizaje por imitación de un modelo que encuentra atrayente sexualmente a los niños. También se ha argumentado que en algunos abusadores sexuales se puede producir un cierto error atribucional al asignar contenido sexual (en condiciones de deprivación) a cualquier tipo de activación emocional interpersonal, en este caso con los niños, hijos propios o no. (Finkelhor,1986).
El tercer factor es el bloqueo de las capacidades o posibilidades para satisfacer las necesidades sexuales con adultos. Los sentimientos de inutilidad personal, la conocida inadecuación interpersonal de muchos abusadores sexuales y un distanciamiento sexual en sus relaciones de pareja, estarían en la base de este tipo de bloqueo.
La desinhibición comportamental sería una condición necesaria para que tales tendencias o impulsos justificados por los tres factores anteriores se traduzcan de manera estable o esporádicamente en actos de abuso sexual infantil. Tal como lo plantea Kinkelhor, deben superarse tres barreras: los inhibidores internos, los inhibidores externos y la resistencia o no aceptación de la víctima. Entre los factores que permiten la desinhibición interna se deben citar las adicciones a determinados tóxicos (alcohol, cocaína), la senilidad, el retraso mental, etcétera. La superación de los inhibidores externos se produce de manera más fácil si no se encuentra presente (física o psíquicamente) ninguna persona (por ejemplo: la madre) que pueda cuidar de la víctima. Si se trata de un padre no biológico de la víctima, la mayor permanencia del abusador y la víctima solos, etcétera.
Por último, es preciso que el abusador supere la resistencia de la víctima a través de la seducción o la amenaza o la agresión. En este sentido, un niño desprovisto y, por tanto, necesitado de apoyo, cariño y compañía estará en una situación de mayor riesgo para ser víctima de abuso sexual.
Un niño sin ningún tipo de información sexual puede ser mas fácilmente víctima de los engaños y la seducción de un abusador sexual. Para que se dé el abuso sexual sería necesario que un sujeto experimente una cierta activación fisiológica, es decir, serían factores individuales y explicables a partir de las características psicológicas del sujeto o de su historia personal. Sin embargo, los factores que contribuyen a la aparición del abuso sexual provienen del tipo de familia en que vive el sujeto, de aspectos culturales, de la situación general de vida del sujeto, etcétera.
Es necesaria la presencia de los dos prerrequisitos para que se produzca el abuso sexual, sin embargo, la existencia de problemas en la relación de pareja, el alcoholismo, el desempleo o el aislamiento social no serían suficientes. Únicamente serían factores que contribuyen al abuso sexual en aquellos sujetos que presentan los factores considerados como prerrequisitos.
De todas maneras el modelo presentado hace hincapié en abusadores fundamentalmente masculinos (95%). Sólo se ha observado un 5% de abusadoras femeninas, casi siempre a través de mecanismos como la predisposición intergeneracional, la relación maestra- amante alumno o la mujer coercionada por un varón (por miedo al abandono).
Los peritos especializados en menores deben tener los siguientes indicadores psicológicos inespecíficos de abuso sexual en los niños:
1. Miedo aparentemente injustificado hacia las personas adultas, sobre todo hombres.
2. Desconfianza hacia el adulto en sus promesas y actitudes positivas.
3. Tendencia a la soledad y al aislamiento.
4. Reacciones de agresión verbal o física desmesurada desde edades precoces.
5. Inquietud desmedida de llanto en general.
6. Dificultad de aprendizaje y concentración en la escuela.
7. Juegos sexuados explícitos y conversaciones permanentes sobre temas sexuales. Comprensión de la sexual superior a lo esperado a su maduración.
8. Malas relaciones con sus pares y dificultades para entablar amistades.
9. Trastornos del sueño.
10. Depresión clínica con retracción e ideación suicida.
11. Desconfianza en las figuras significativas.
12. Comportamiento sobre adaptado.
13. Actitudes de sometimiento.
14. Indicio de actividades sexuales.
Finkelhor establece un Modelo Dinámico de la génesis del trauma de abuso sexual infantil que puede ser entendido desde cuatro componentes: a) Sexuación traumática, b) Pérdida de confianza relacional, c) Estigmatización, d) Sentido de pérdida o falta de poder.
Esta dinámica supone una alteración del funcionamiento emocional y cognitivo que puede llegar a distorsionar la visión de sí mismo, las relaciones, y el mundo en general.
La sexuación traumática se produce por la intrusión de intereses y conductas sexuales de un adulto en el desarrollo sexual normal de un niño. Estas conductas son inapropiadas para un niño y, al ser recompensadas con frecuencia por los adultos pueden aprender a usarlas como estrategia para obtener beneficios o relacionarse con los demás, adquieren aprendizajes deformados de la importancia y significados de determinadas conductas sexuales, así como concepciones erróneas sobre la sexualidad y ética sexual. Por último, la sexualidad del niño puede quedar traumatizada o gravemente afectada de numerosas formas.
Los abusos sexuales conllevan una pérdida de confianza en la relación con el agresor. Este puede ser especialmente conflictiva cuando existen relaciones familiares entre el agresor y la víctima. La víctima puede ser manipulada, herida, amenazada, etcétera, precisamente por quien era objeto de confianza. Esta ruptura de confianza en las relaciones se puede extender a toda la familia por no haber logrado librar a la víctima de estas experiencias, y extenderse también a todas las personas del sexo del agresor.
La estigmatización es sentida como culpa, vergüenza, envilecimiento, pérdida de valor, sentimientos que solo a él/ella le ocurren lo peor, etcétera. La víctima se puede considerar marcada para el resto de la vida por las experiencias más traumatizantes y considerarse distinta, desgraciada, marginada, etcétera.
Las víctimas, por último, pueden llegar a creer y sentir que lo que les sucede está fuera de su control, que no saben reaccionar ante las situaciones, en definitiva, que tienen poco poder sobre sí mismos y sobre cuando les sucede. En este mismo sentido se pueden volver temerosos de lo que puede ocurrirles en el futuro, tomar actitudes pasivas y poco asertivas, ser retraídos socialmente, etcétera.
De esta forma, los abusos sexuales conllevarían, en aquellos casos que acaban produciendo afectos significativos, una socialización sexual traumática, una pérdida de confianza relacional y una auto consideración negativa.
Se describen además diversos afectos a largo plazo del abuso sexual infantil (aquellos que se manifiestan aproximadamente dos años después del abuso).
Dichos afectos son comparativamente menos frecuentes y claros que las secuelas iniciales. También son más difíciles de estudiar por la interacción con otra serie de factores.
Los efectos a largo plazo descriptos en numerosos estudios retrospectivos, relacionados con haber sufrido abuso sexual son: a) Sentimientos de aislamiento, marginalidad, baja autoestima, y de estigmatización, b) Depresión, ansiedad y trastornos neurovegetativos, c) Ideación suicida y conductas autodestructivas, d) Agresividad sexual, e) Fracaso escolar, f) Dificultad para establecer vínculos y mantenerlos, g) Participación sexual pasiva, automatizada y ausente (prestan el cuerpo).
Otra consecuencia que puede acontecer secundariamente a un menor abusado sexualmente son los trastornos por estrés postraumático.
Esta patología, aceptada como un diagnóstico válido recién en la década pasada, es uno de los pocos trastornos psiquiátricos que ha sido definido sobre la base de su etiología, y no simplemente a los síntomas fenomenológicamente considerados. El rasgo esencial del trastorno según la definición del Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales 4º edición de la APA (DSM IV APA), es la aparición de síntomas característicos que sigue a la exposición de un acontecimiento estresante y extremadamente traumático.
El cuadro sintomático característico secundario a la exposición al trauma debe incluir la presencia de reexperimentación persistente del acontecimiento traumático, evitación persistente de los estímulos relacionados a él, embotamiento de la capacidad de respuesta, y síntomas persistentes de activación.
El acontecimiento traumático puede ser reexperimentado de varias maneras. Habitualmente aparece bajo la forma de un recuerdo recurrente e intrusivos, o pesadillas recurrentes donde el acontecimiento vuelve a suceder, o estados disociativos que duran de pocos segundos a varias horas durante las cuales se reviven aspectos del suceso y la persona se comporta como si en ese momento se encontrara en él.
Cuando el individuo se expone a estímulos desencadenantes que recuerdan o simbolizan un aspecto del acontecimiento traumático, suele experimentarse un malestar psicológico intenso, o respuestas de tipo fisiológico.
En los niños con pesadillas perturbadoras sobre el acontecimiento traumático pueden convertirse, al cabo de varias semanas en pesadillas generalizadas, donde pueden aparecer monstruos, rescates espectaculares, o amenazas sobre ellos mismos o los demás. Los niños no suelen tener la sensación de revivir el pasado, de hecho es más común que la reexperimentación del trauma pueda evidenciarse en juegos de carácter repetitivo.
Hay tres aspectos “persistente” “recurrente” y “perturbador” así como la presencia de parálisis e hiperactividad después del trauma que se debe considerar en el TPET.
Debemos recordar también que durante mucho tiempo en las pericias de menores abusados se tuvo en cuenta el análisis de la realidad de las declaraciones de Udo Undeuscht, 1967, cuyos indicadores son los siguientes: a) Relato consistente en el tiempo (confrontación del relato en varias entrevistas, b) Conocimientos sexuales inapropiados para la edad, c) Descripción detallada acerca de personas lugares y tiempos, d) Relato de circunstancias típicas y características de abuso sexual, e) Relato de presión o coacción del agresor, f) Estructuración lógica del relato, g) Afecto congruente con el hecho relatado (vergüenza retracción culpa, etcétera).
Experiencia en el Cuerpo Médico Forense
En el Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional Argentina se ha investigado casos de agresores sexuales en el lapso de 1990-99 a propósito de la tarea pericial que se nos ha encomendado como médico forense.
De las pericias realizadas en el Cuerpo Médico Forense en conjunto con el Dr. Lorenzo García Samartino y la Lic. Marta Gaziglia y que contó con la inestimable colaboración del Departamento de Investigación del Cuerpo en las personas de la Dra. Graciela Eleta y el Lic. Carlos Gatti. En dicha investigación se tomaron en cuenta de todas las pericias que llegaron al Cuerpo Médico Forense, aquellas que en ese lapso, hubimos intervenido los mencionados peritos.
Teniendo en cuenta las conclusiones de dicha investigación se han rescatado a los fines de este trabajo la observación particular de las víctimas menores de edad, para poder hacer algunas consideraciones a propósito del tema del abuso sexual infantil.
Del total de 160 pericias realizadas en ese lapso, la composición de la muestra comprendía 106 imputados, 39 víctimas y 15 involucrados con el delito sexual investigado.
El estudio de la personalidad del delincuente fue el centro de nuestra investigación, por lo tanto el análisis de la conducta delictiva se hizo en función de la personalidad total del individuo y su inseparable contexto social.
El individuo realiza continuas tentativas de adaptación al mundo en que se desarrolla y vive; el investigador debe descubrir el valor y la significación que ese mundo adquiere para él. La significación y la intencionalidad de la conducta constituyen un todo organizado (portador de un sentido) que se dirige a un fin.
Teniendo en cuenta la investigación mencionada, podemos hacer ahora algunas reflexiones sobre los imputados de delitos sexuales con relación a las víctimas de abuso sexual infantil.
De las peritaciones de imputados(106 casos) estaban involucrados con víctimas mayores 35 casos y con menores 71 (ver fig 1).
De las víctimas investigadas se pudo observar que sobre un total de 39 casos, 26 de ellas, eran menores de edad, y el resto 13 mayores como se puede ver en la fig 2.
De los 26 casos en que las víctimas fueron menores se pudo observar que 15 de ellas los imputados eran personas de su grupo familiar (imputados intrafamiliares), mientras que 11 correspondían a imputados extrafamiliares. Ver fig 3.
Como se puede observar llama la atención que las denuncias de delitos sexuales en el ámbito extrafamiliar se mantengan en una misma proporción a través del tiempo mientras que las que involucran a un miembro de la familia haya tenido una mayor prevalencia entre los años 1994 y 1996. Quizás este hecho se atribuya a la ley de violencia familiar que fue legislada por esos tiempos.
En cuanto a que miembro intrafamiliar fue el más denunciado se muestra significativamente que el padre fue ampliamente el más imputado, seguido por el padrastro (ver Fig. 4).
Es notorio también que el tipo de delito sexual que se le imputa al miembro intrafamiliar es significativamente predominante el abuso deshonesto sobre el de violación a diferencia de los imputados extrafamiliares en que predomina la violación.
A propósito de los delitos sexuales intrafamiliares haremos una breve descripción de la familia incestuosa.
Estudios recientes sobre abuso sexual infantil se han estudiado muy cuidadosamente la psicodinámica de las familias en las que se lleva a cabo el incesto. Si bien el porcentaje de familias de clase media es más alta que lo que se pensaba, la incidencia mayor se encuentra entre las familias de bajos recursos y que viven en zonas aisladas como lo son algunas rurales.
De todos los tipos de incesto, el más frecuente es el de padre/padrastro-hija. El padre/padrastro suele tener un pasado de privación afectiva o de rechazo de su madre y de abandono por el padre. Presentan trastornos psicológicos que van de medianos a francamente psicóticos, siendo los diagnósticos más comunes los de pedofilia, personalidad dependiente, y desorden paranoide de la personalidad y patológicamente obsesionados con el sexo. La ingestión excesiva de alcohol es frecuentemente encontrada (en algunos estudios, el 25% de los encarcelados por este delito eran alcohólicos; en otros, las cifras arrojan 48,9% y hasta 80%, las diferencias dependiendo generalmente de las diferentes definiciones de alcoholismo. De cualquier modo, la presencia del exceso de alcohol también debe ser un factor a ponderar).
La hija más vulnerable suele ser la mayor, en especial si está ocupando el rol de su madre y si como ésta, es pasiva y dependiente. La madre suele también ser una persona que ha sufrido privaciones afectivas en su infancia que la han llevado a no poder expresar afecto hacia el marido y los niños. (a veces ha sido sexualmente abusada y sufre de anorgasmia y se muestra hostil con su marido).
Ha sido frecuentemente descripta como dependiente, infantil, masoquista y patológicamente ligada a su propia madre rechazante, con una falla muy importante en su capacidad de cuidado y en poder actuar para frenar el abuso.
En el abuso padre/padrastro-hijo, muchísimo menos frecuente que el anterior, suele encontrarse a un padre con fuertes problemas con su propia madre que lo ha rechazado en la infancia. Suelen sentir rechazo hacia la mujer y tener impulsos homosexuales, muchas veces vividos dentro de la familia de origen con hermanos, primos o tíos, inclusive el propio padre. El consumo de alcohol está a menudo presente en los episodios de incesto. El hijo puede haber tenido experiencias homosexuales simultáneas o posteriores a los abusos paternos. La madre suele estar asociada al incesto “no dándose cuenta” de lo que sucede; es más poderosa de lo que muestra y tiene actitudes “castradoras” y “manejadoras” con los hombres, tomando una acción protectora sólo después de que el incesto ha sido conocido en la comunidad.
El incesto hermano-hermana, es para algunos la forma más frecuente de actividad incestuosa, siendo la hermana menor en una familia de varios varones la que tiene mayor riesgo. Otros tipos de incesto, tales como el madre-hija y madre-hijo son menos frecuentes en ese orden.
En resumidas cuentas, las familias donde se produce el incesto son sistemas disfuncionales donde los roles y las fronteras están confusos.
Las biografías de los involucrados, el sistema familiar y el estudio por parte de asistentes sociales del medio familiar extenso y el laboral y social en que éstos se desempeñan, amén de los testimonios de amigos, parientes y compañeros de trabajo, cobran una vital importancia en el momento de la ponderación de la coherencia de los relatos infantiles colectados y la probabilidad de que éstos tengan congruencia en su conjunto y que no estén influidos por adultos.
Reflexiones sobre la observación de falsas denuncias
La pregunta que se impone es: “¿Cómo distinguir cuándo son verdaderas o falsas las declaraciones de niños en casos de alegado abuso sexual?”.
1. Es indudable que se han observado casos de denuncias de abuso sexual que luego se ha comprobado que no ha sucedido, sobre todo cuando el imputado es una persona intrafamiliar.
Como dice Eduardo Padilla el aumento de falsas alegaciones se atribuye a que el abuso sexual era antes un secreto del cual la sociedad no hablaba; en los últimos tiempos, se ha hecho “popular” como tema en los medios masivos de comunicación por lo tanto, la mejor manera de descalificar moralmente a alguien y sacarlo del medio en disputas por tenencia, visitas y alimentos y venganzas diversas es la acusación de abuso sexual como antes lo hubiera sido el adulterio, consumo de drogas u homosexualidad: hoy estos motivos conmueven poco.
Estudios internacionales realizados ya por Elterman y Ehrenberg (1991) al respecto: el número de falsas alegaciones de abuso sexual ha sufrido una escalada impensable hasta hace poco. En el CMF se observado un aumento de denuncias después de implementarse la ley de violencia familiar.
Elwell y Ephross (1987) y Pine (1987), han escrito sobre los potencialmente devastadores efectos que sobre la vida de los niños pueden tener las alegaciones falsas de abuso sexual, aun cuando luego se pueda aclarar debidamente la situación, ya que el vínculo con el progenitor acusado puede quedar irremediablemente dañado por el sufrimiento vivido. En definitiva, el sistema de protección del niño puede estar en grave riesgo.
De manera tal que los instigadores como Brooks y Milchman (1991), recomiendan preguntarse: a) si el niño fue abusado como se está diciendo; b) si fue abusado pero no por el que se alega lo hizo, c) si alguno de los padres está mal interpretando equivocadamente los usos y prácticas normales que se llevan a cabo como parte del cuidado e higiene de un niño, d) si alguno de los adultos puede querer obtener la tenencia completa.
Entonces, ¡no tiene ningún valor el testimonio de los niños!. Por supuesto esto último no es así, la actitud inicial frente al relato infantil debe seguir siendo la de creerlo.
Frente a este dilema es forzoso distinguir - antes que nada - la actividad que corresponde a los tribunales de justicia de la que debe ser la actividad del terapeuta como tal. En los países experimentados en el tema, todo material recogido en el ámbito terapéutico no es tomado como prueba en los procesos.
En esta tesitura, si las entrevistas de propósito diagnóstico han tomado el giro de “terapéuticas”, tal el caso de los entrevistadores que ven al niño diez o veinte veces, empeñados en que éste vaya develando el abuso, el material así resultante es inmediatamente desechado por la sencilla razón de que no tiene valor probatorio alguno.
2. Otro factor a tener en cuenta es el de la memoria infantil. La memoria humana es constructiva y selectiva, esto es, no existe un registro como el obtenido por un grabador o una video cámara. Esta memoria, llena de los baches más diversos, puede variar y ser “rellenada” por la influencia de factores diversos, y todos sabemos lo difícil que nos resulta reconstruir un hecho del que hemos sido testigos y de la multiplicidad de relatos distintos que en estas situaciones se pueden recabar.
En los niños, en particular los más pequeños, la memoria funciona en cierto sentido en forma similar a la de los ancianos: los hechos se borran con mucha facilidad y si se insiste desde una posición de poder e influencia, es muchas veces posible rellenar el hueco con otros “sucesos” que se quieran instalar como reales (co-construcciones)
Es cierto también que los niños pueden - y de hecho lo hacen - mentir con diversos propósitos, por ejemplo para evitar una reprimenda o para parecer más importantes o para guardar un secreto en un juego. También está comprobado que los niños menores de siete son incapaces de inventar una historia con el propósito deliberado de perjudicar a un tercero.
De esta manera, cualquier historia no verdadera de abuso sexual, no ha sido inventada por el niño pequeño ni es el resultado de una mentira propia: ha sido instalada, por diversos motivos en la mente infantil por uno o más adultos, y no es infrecuente que en esto se hayan prestado sin quererlo a conciencia, los profesionales llamados a intervenir, especialmente si se encontraban dispuestos a comprobar a toda costa que el abuso existió y si se han abanderado en una “campaña” a favor de una de las partes.
Una vez instaladas como memorias ciertas, hechos que no sucedieron, el niño los sostendrá como tales. Inversamente y con similares procedimientos, en algunos casos se puede lograr que hechos sucedidos sean borrados, y el niño sostendrá que no ocurrieron. Este es un concepto absolutamente fundamental a tener presente. Si para colmo a ese niño se lo ha convencido de que está defendiendo una causa justa, que su rol es protagónico, que de sus declaraciones depende que el “malvado” sea encarcelado y que así cese el peligro de la venganza que éste se tomaría contra él y la madre en caso de quedar libre, no es raro que veamos a un pequeño “cruzado” que llevará ante quien lo quiera ver el estandarte de la perversión del adulto en cuestión, heroica y absolutamente convencido de estar salvando a todos al proclamar “la verdad”.
Este sostener convencido del niño en el cual se ha co-construido una historia no verídica es de tal naturaleza que hace imposible que aún los profesionales mejor entrenados en el tema puedan discernir si los hechos realmente sucedieron o no, como lo reconoció la experta británica, Dra. Danya Glaser con toda honestidad. Ella advierte cuando se ha discutido sobre este punto, sobre todo cuando se habla que “el tono emocional no se dicta”, tonalidad que serviría para discernir si la historia es verdadera o inducida. La “música emocional” que escucharemos en los casos en que ha habido una co-construcción será la coherente con la convicción del niño de que ha sido efectivamente objeto de actos malvados por parte del adulto imputado.
Bentovim ha alertado con respecto a una de las pocas señales que pueden ser útil en lo que al relato infantil se refiere a cuando los niños son preguntados sobre situaciones bien concretas, tales como la erección peniana, si los hechos invocados, tales como penetraciones, no han sucedido, este tipo de información es eludida o resulta desconocida para el niño.
3. Existen seis veces más acusaciones de abuso sexual en familias en las que hay disputas de divorcio, tenencia y visitas, que en las familias en que esto no está sucediendo.
Luego: ¿el niño habló primero sobre el tema con un tercero (maestra, amigo, pariente) antes que con la madre, por caso? La mayoría de los casos falsos provienen de madres que hablan de lo que el hijo les “habría” hablado, como lo han consignado, entre otros, Benedek y Schetky, 1985; Jones, 1985 y Bentovim, 1977.
Si una persona adulta y con influencia sobre un niño lo induce a tomar como ciertos hechos que no acontecieron, una vez que se forma una construcción de este tipo en su mente, ese niño actuará y hablará con la mayor convicción de que está en lo cierto. Más aún será así, si dichos relatos son repetidos a través de un tiempo suficientemente prolongado y máxime si son reforzados por otras múltiples entrevistas a cargo del equipo profesional. No es que estará mintiendo o fabulando adrede, sino que estará convencido (tan convencido puede llegar a estar que será muy difícil conseguir que se rectifique aún si se le demuestra que los hechos no sucedieron).
Estos adultos inductores pueden estar actuando de buena fe, con la mejor intención, - y en el caso de los profesionales, amén con grave desconocimiento - luego de presumir que algún hecho sexual aberrante ha acontecido. En otros casos, la persona puede estar movida por deseos de venganza, celos, o, intereses económicos.
4. Cuando existe disputa parental, cuanto más intensa es ésta (aunque se desarrolle en forma subliminal), mayor probabilidad hay de que los niños sean involucrados y que comiencen a mostrar signos de trauma emocional y desórdenes de conducta. (Amato y Keith, 1991; Hetherington,1989; Tschan, Johnston, Kline y Wallerstein, 1989).
Si esto resulta así, le será difícil al evaluador discernir cuánto de esto es debido al divorcio y cuánto a posible abuso sexual. Todo ello significa que la prudencia con que se deben elevar los informes periciales al tribunal recomienda que se mencione explícitamente esta natural dificultad. El no hacerlo puede constituir una falla ética.
Se ha observado también (Faller, 1991) que contrariamente a lo dicho se puede encontrar en la dinámica familiar en casos de abuso, que hay madres que les cuesta muchísimo aceptar que el cónyuge pueda haber estado abusando sexualmente a sus hijos. Contrariamente a este caso, otras no les cuesta creer que su marido pueda estarlos abusando aunque no sea cierto.
Otras madres pueden percibir en forma distorsionada señales afectuosas, tales como besos y abrazos por ejemplo entre una niña y el padre en el encuentro o en la despedida, como sexuales y de allí en adelante, si se ponen en marcha mecanismos para impedir los encuentros, e influir en los “recuerdos” infantiles.
Se debe reparar también en el tipo de personalidad del progenitor que tiene la custodia y que motoriza la denuncia: si bien pueden no aparecer señales de psicopatología, no es infrecuente que muestren personalidades de tipo paranoide, histriónica y manipulativa, o con tendencias “borderline”. (Benedeck y Schetky, 1985). Otras, aunque más infrecuentes veces, se notarán aspectos de tipo delirante.
5. Otro recaudo a tener presente es el de la calidad y preparación del entrevistador a cargo del diagnóstico. Éste debe tener un entrenamiento especial en el preguntar a niños sobre la ardua cuestión de si el abuso existió o no. Es perentorio además que el entrevistador tenga una extensa práctica previa en el contacto con niños sin historias de abuso
Las entrevistas para diagnosticar abuso no son fáciles, para empezar porque es muy fuerte la carga emocional que conllevan. También es fundamental que la persona entrevistadora no tenga un especial empeño en “descubrir o develar” abusos sexuales: debe ser lo más neutral posible y abierta a que los hechos invocados quizás no sucedieron.
Este es uno de los motivos que hacen casi imprescindible que sean grabadas, preferentemente en video tape, y que sean llevadas a cabo con la presencia simultánea de otro profesional, ya sea en el mismo recinto o en Cámara de Gesell.
Los registros obtenidos servirán también para evitar que el niño sea interrogado por varias personas diferentes en ocasiones múltiples, con lo cual, por un lado se disminuirá la carga traumática para el niño que las repeticiones conllevan, la contaminación del material y con ello la continua re-instalación en el niño de los hechos invocados, y por otro lado, la posibilidad de reexaminar junto a otros colegas cuántas veces sea necesario, el material obtenido.
Otra zona de riesgo es la de los entrevistadores que recurren a sus “interpretaciones” para exponerlos como hechos ciertos frente a los tribunales,
Es demasiado fácil caer en poderosas subjetividades, sobre todo, si el entrevistador está preparado para ver a alguien que “seguramente” ha cometido un acto delictivo, todo lo cual hace entrar a todos estos procedimientos interpretativos en la categoría de poco prudentes para estas situaciones (de hecho, no son utilizados en los países con más conocimiento y preparación en abuso sexual de niños). Ya el mismo Freud, con su profundidad y agudeza nos lo advirtió cuando dijo: “Un cigarro es un símbolo fálico; pero muchas veces es sólo un cigarro”, mientras pitaba con fruición el suyo.
6. La primera forma de inducción de un adulto puede provenir de una re-definición de un acto que en sí mismo es inocente, tal como vimos en el caso de la madre arriba comentada: ¿tu papá te tocó la cola alguna vez? (lo cual muy lógicamente puede haber sucedido en ocasión de la higiene, por ejemplo), será leído por el niño como “papá te tocó y eso -por el tono del que pregunta- se ve que no está bien”. Muy rápidamente el niño se defenderá diciendo: “yo no quería, pero él lo hizo igual”, luego no es infrecuente que el niño “adorne” con más y más información en el sentido de lo que él percibe que el adulto quiere oír.
7. Durante bastante se ha sostenido que los relatos no verídicos rondaban el 3 al 4%. Pero los últimos estudios elevan esta cifra a un 10% (Danya Glaser, en efecto, una importante investigación de Jones y McGraw, efectuada en Denver sobre 576 casos, arrojó que un 6% de las acusaciones eran falsas y basadas en mentiras deliberadas y un 17% no eran verdaderas aunque basadas no en mentiras sino en errores de buena fe, lo cual arroja un total de un 23% de situaciones no verdaderas y en cuanto a sus consecuencias, iguales en su nocividad.
8. El mismo recaudo se debe observar cuando se evalúan los dibujos y juegos de los niños en las entrevistas: mucho material interpretado como indicativo de abuso sexual lo fue porque no se tuvo en cuenta el contexto general en que el material fue obtenido, (D. Glaser), esto es, el grado de la influencia de adultos y la co-existencia de “entrevistas oficiales” de juegos y dibujos con los efectuados “extraoficialmente” en casa por algún progenitor.
Demás está decir que un experto debe tener bien presentes datos tales como que el 50% de los niños no abusados cuando juegan con muñecos anatómicamente correctos introducen un dedo en la abertura anal o vaginal de la muñeca y que la mayoría de ellos tomaron al muñeco de su pene para revolearlo: y que tales actitudes fueron tomadas como “patognomónicas”. Está también debidamente comprobado, que muchos de los signos indicadores de abuso -inclusive conocimientos sexuales inapropiados para la edad- aparecen también en niños no abusados cuando han sido sometidos a repetidos interrogatorios sobre el tema. Lo que es más, estudios recientes (Hibbard y Hartman, 1990), muestran que no existe diferencia significativa en la frecuencia de dibujos de genitales en niños abusados de niños no abusados.
En resumen: si ha habido una co-construcción de una falsa memoria, los dibujos, juegos y actitudes del niño pueden mostrarse similares a los que se obtienen de niños que han sido efectivamente abusados. Asimismo, especiales recaudos deben ser tomados cuando la sintomatología presente puede corresponder a estados post traumáticos por divorcios y feudos entre los padres. No existen signos “patognomónicos” y es de obligación ética de los peritos en los casos judiciales que adviertan de esto al tribunal.
9. Otro punto a tener muy en cuenta es cuál fue la actitud inicial del adulto que recibió el primer relato infantil.
Las reacciones primeras del cuidador se deben evaluar con todo cuidado puesto que pueden ser muy indicativas de cómo se puede haber ido desarrollando un proceso de construcción, primero en el mismo adulto y luego desde éste en el niño (co-construcción).
10. Cuando los interrogatorios han sido más de uno o dos, la certidumbre de los resultados se va desvaneciendo con su número
El experto Stephen Ceci dice que las entrevistas repetidas y preguntas repetidas a través de las entrevistas incrementan el riesgo de contaminación si los entrevistadores han estado inclinados a encontrar abuso. Estas técnicas permiten una avenida de introyecciones de desinformación que si se repiten un número suficiente de veces, pueden ser incorporados por el niño.
Como ya hemos dicho, es imprescindible entonces distinguir entre entrevistas terapéuticas de entrevistas diagnósticas, las que tienen como diferencia tanto sus propósitos como el número de ellas y el tipo de actitud del entrevistador o del terapeuta (en las segundas). El argumento tiene que ver con la evidencia científica de que un profesional “convencido” de que los hechos sucedieron, casi siempre tenderá a obtener del niño respuestas que avalen su creencia.
De todo lo expuesto y a manera de síntesis podemos decir que de experiencia médico forense, sobre todo en la peritación de adultos presuntos victimarios de abuso sexual de menores, hemos observado parafílicos pedófilos e individuos considerados “normales” desde el punto de vista psicosexológicos, de manera tal que, cualquier individuo puede estar en condiciones potenciales de ser un abusador sexual. No debemos olvidar que individuos con tendencias o inclinaciones parafílicas no necesariamente tiene que ser por ello un abusador sexual, en tanto y en cuanto no cometa un delito sexual, por lo tanto, hay que recordar que las tendencias predisponen pero no determinan, hecho importante al momento de emitir un dictamen o al testimoniar en un Juicio Oral.
Por otra parte debemos saber que los menores abusados existieron y existen, tanto por victimarios extrafamiliares como intrafamiliares, pero al momento de realizar las pericas médico legales debemos tener presente que las falsas denuncias también existen, sobre todo cuando las causas que se alegan tienen como presuntos abusadores a personas en el ámbito familiar.
Abuso Sexual Infantil. Las Victimas
Por María Adela Mondelli
El adulto -varón o mujer- que denuncia haber sido víctima de abuso sexual en su infancia, pone a la vista, da testimonio, de la caída de un mito elemental de la cultura, que dijo que los/as niños/as no tienen sexualidad.
Desde el momento en que la sexualidad infantil es puesta a la vista por quien padeció abuso sexual en su infancia, esto contradice un mandato fundamental de la vida en sociedad : los adultos cuidan y priorizan la salud de lo/as niño/as.
Frente a esto es habitual -aunque no excluyente- que sea la sexualidad la que entra "en tela de juicio". "¿Porqué no le dijiste a tus padres?", "si esperaste tanto para decirlo es porque te gustaba" ... "no quedes embarazada de tu hermano porque tu padre lo mata" ... "vos lo habrás provocado" ... etc.etc.etc..
Pareciera ser que más es puesta en tela de juicio la propia sexualidad de la víctima infantil, cuánto más cercano a la familia es el abusador sexual. Cuando el abuso sexual del que fue objeto, más contradijo el mandato fundamental del cuidado... tanto hasta el punto de no poder reconocer que en esto radica todo el tema.
Esto de la cercanía del abusador con la familia, no es excluyente para que acontezca esta puesta en tela de juicio de la sexualidad por sobre el delito. Hay historias en las que aparece un extraño a la familia que -por la lectura de la reacción familiar frente al acontecimiento del abuso : no reconocerlo, negar la verosimilitud del relato, no ver los datos que el/la niño/a SIEMPRE da- podríamos pensar que pone en acto "algo" que está flotando en ese grupo familiar.
Así -poniendo en tela de juicio la sexualidad del infante- se culpabiliza a la víctima. Al niño o la niña que este adulto que hoy dice, alguna vez fue. Se trata no ya del daño que provocó en él o ella "un abusador sexual", sino del daño que produce todo un grupo familiar que ejerció y ejerce el abuso psicológico sobre aquel niño o niña, y sobre este adulto. Todo un grupo familiar que encuentra en él o ella un chivo expiatorio dilecto para su patología. Un/a niño/a está en sus manos, lo moldean a su antojo, depende absolutamente de sus mayores, no tiene formada su identidad ni su psiquismo... es la presa perfecta....
El abuso psicológico muchas veces se ejerce sólo por negación o por denegación (negar, y negar que se niega).
o Si los adultos niegan, y niegan que niegan,
o si nadie se hace cargo de amparar al niño/a frente a los hechos de los que es víctima para que estos cesen,
o si nadie denuncia poniendo una palabra allí donde el/la niño/a no puede aún ponerla,
o si nadie "paga" por victimizarlo,
o si nadie repara la situación de "víctima" del niño o la niña,
o toda "la culpa" del acto del abuso -sexual y psicológico-, queda del lado de él o ella. No hay otro para hacerse cargo y él/ella la llevan en su vidas a lo largo de los años.
Van creciendo... y los caminos que puede tomar estas situación de victimización sostenida en el tiempo, son en general dos :
Repetir la historia del abuso como "normalizada" en su vida, emparentándose con esta psicopatía. Algo así como : "los/as niños/as son un objeto degradado (como yo lo fui), una propiedad, de la que se puede hacer "uso"". Este grupo no sentirá remordimiento ni culpa por su accionar, a pesar de haberla padecido. La psicopatía no es una enfermedad, en el punto en que todo el sufrimiento recae sobre el otro, no sobre quien la padece. Así se perpetúa la historia del maltrato generación tras generación.
O irá adquiriendo en su vida otros modelos y por comparación verá que eso que estaba "normalizado" en el grupo familiar, o de lo que no fue resguardado como niño/a que era, no es así para otros referentes... Será este el grupo de víctimas de abuso sexual, que padecerá profundos sentimientos de "culpa" más o menos conscientes.
La culpa sobre los acontecimientos del abuso, que puede sentirse efectivamente o traducirse en el silenciamiento de lo acontecido y hasta en el olvido.
La culpa sobre la no respuesta familiar que insistirá en perseguir a lo largo de los años, reeditando y perpetuando la situación de abuso durante la vida con aquellos y otros vínculos.
La culpa por ser el exponente de una sexualidad infantil degradada por un adulto.
La culpa por no haber podido frenar esos acontecimientos, cuando no estaba en sus manos hacerlo.
La culpa por no recordar... por dudar si recuerda "todo" lo que sucedió...
La culpa por ser quién "denuncia" aquello que pretendió ser silenciado... tanto con la palabra, como con la infelicidad, como siendo "el bicho raro" de aquella familia.
Muchas veces estos sentimientos -e incluso los episodios de abuso- permanece inaccesibles a la memoria del adulto abusado en su infancia durante muchos años. Aparecen en su vida a modo de sufrimientos difusos en su sexualidad, de adicciones, depresión endógena, vínculos violentos, nuevas victimizaciones ... En este "destino" que adquiera la victimización por abuso sexual en la infancia, no son ajenas cuestiones situacionales y de género.
La pregunta de "porqué no frené aquello" y "porqué no puedo con esto hoy", martilla de modo más o menos consciente, la cabeza de quienes padecieron abuso sexual en su infancia.
P.D.: mi reconocimiento a un grupo de mujeres y varones víctimas de abuso sexual en su infancia, sin cuyos invalorables testimonios y generosidad en compartirlos conmigo, no podría realizar esta serie de trabajos referidos al tema.
Abuso sexual infantil: las secuelas en adultos.
Claudia Rubins.
Psiquiatra forense.
Argentina
Psiquiatra forense.
Argentina
E-mail: claudia_rubins@yahoo.com.ar
Resumen
Fundamentalmente, agradezco a los cientos de pacientes que me ayudaron, primero a preguntarme acerca de estas cosas, y luego, a dejarse preguntar para poder comenzar un camino de comprensión de estas dolorosas experiencias de sus vidas. Con muchos
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